<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6505506571514897527</id><updated>2012-02-24T20:56:28.045+01:00</updated><category term='novela histórica'/><category term='Julio César'/><category term='Hispania'/><category term='Lola Montalvo'/><category term='Hispania romana'/><category term='reseña'/><category term='policíaca'/><category term='Esperanza redondo'/><category term='literatura'/><category term='novelas'/><category term='universo de los libros'/><category term='Domicio Calvino'/><category term='Legiones romanas'/><category term='Taberna Libraria'/><category term='relatos'/><category term='Lusitania'/><category term='Hispalis'/><category term='thriller'/><category term='vetones'/><category term='A Través del Pasado'/><category term='Roma'/><category term='escritora'/><category term='Sanatio'/><category term='Gades'/><title type='text'>Lola Montalvo, Escritora</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Lola Montalvo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18173352217445459305</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='19' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-fDC8uSVGMLE/TWFUqjI45zI/AAAAAAAAAMY/of_ZOAH01g8/s220/img020.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>21</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6505506571514897527.post-4326986631641527343</id><published>2012-02-05T19:30:00.000+01:00</published><updated>2012-02-05T19:30:46.275+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sanatio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Legiones romanas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela histórica'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispalis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispania romana'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Domicio Calvino'/><title type='text'>SANATIO: Capítulo XIV</title><content type='html'>&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Lithos Pro Regular';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: white; color: #4d4d4d; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: xx-small; line-height: 12px;"&gt;Relación de Capítulos publicados hasta ahora con sus enlaces en la barra lateral del blog&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Lithos Pro Regular';"&gt;Carteia&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Lithos Pro Regular';"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;L&lt;/span&gt;oshechos del día por fin habían dejado de ser una desgracia y se convirtieronsólo en un problema, al conocerse que la vida de Domicio ya no corría peligro.Marco Galerio acudió rápidamente al campamento desde los baños para ponerse adisposición de sus superiores. Allí se le informó que al día siguiente partíahacia Carteia&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn1" name="_ftnref1" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;con su unidad de caballería y dos cohortes de legionarios al mando del tribunoCneo Decio Aquila. Su misión era acompañar a las tropas y facilitar su acomodoen una plaza que podía ser uno de los puntos más probables por los cuales losmauri asaltarían la península.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco Galerio se felicitó porque lascircunstancias le permitían volver a estar activo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; El viaje transcurrió plácidamente conrespecto a lo que tropas tan experimentadas estaban acostumbradas. Las víasestaban perfectamente delimitadas y acondicionadas, el camino transcurría porterritorio propio, con decenas de ciudades en las que descansar y avituallarse.Quizá el apoyo de caballería no habría sido tan necesario pero Galerioagradeció que el legado decidiera, en último momento, incorporarles a lamisión. Las jornadas eran cómodas. Al poder descansar en ciudades y poblacionescon los servicios mínimos, podían recorrer algunas millas más por día. Nosufrieron ni esperaron ataque alguno. Marco conversaba relajadamente con AuloEmilio y disfrutaba de su ingenio y su inteligente palabra o intercambiabaimpresiones con el tribuno Decio Aquila, al que respetaba como soldado yestratega.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En cinco días llegaron a su destino. Lastropas se asentaron a las afueras de la ciudad de Carteia. Los oficialesrecibieron una invitación de uno de los duunviros de la ciudad y familiarlejano de su legado, Numerio Fabio Máximo, el cual les ofrecía su casa para quese alojaran durante su estancia en la ciudad. Por supuesto, aceptaron sindudar, encantados de tener una residencia más que decente donde poder vivircómodamente, una vez que las tropas estuvieron adecuadamente instaladas. Trasla primera noche en que cenaron acompañados exclusivamente por el anfitrión, elduunviro les presentó a su familia formada por su esposa, Honoria y su hijaFabia, una joven muy bella de no más de veinte años. Había tenido dos hijosmás, pero habían perdido la vida durante una epidemia de viruela diez añosatrás. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los dos primeros días transcurrieronentre su misión de acomodar a las tropas y a los animales, construir uncampamento más estable, avituallarse, revisar armas e ir consiguiendo unarutina siempre necesaria para el buen funcionamiento de su unidad, organizadaalrededor de guardias y entrenamiento. Todas las cenas se realizaban enfamilia, con la esposa e hija del duunviro que discretamente se retiraban a suscubículos tras los postres dejando a los hombres conversar de política y decuestiones meramente militares. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco Galerio fue consciente desde elprimer momento de las intensas miradas nada discretas, que le lanzaba Fabia através del enorme comedor,&amp;nbsp; que noescaparon a la certera capacidad de observación de su centurión, Aulo Emilio,el cual le sonreía con complicidad. Galerio correspondió a lo que consideró entodo momento un juego inocente, un coqueteo sin consecuencias. Apenas habíancruzado un par de frases desde su llegada, pero la joven no apartaba sushermosos ojos negros de él. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La noche del tercer día los oficiales seretiraron temprano tras la cena, dado que el tribuno Decio Aquila quería saliral alba a explorar las calas y puertos naturales de la costa cercana a la plazay planear una estrategia de patrullas que les permitiera tener vigiladosaquellos puntos más vulnerables y débiles en un posible ataque por mar. Lasseñoras hacía horas que habían abandonado el triclinio y se suponía que dormíanya. Marco se acostó en el cómodo lecho y apagó una de las lucernas dispuesto aconciliar el sueño. Al poco alguien entró en su cuarto. Él se incorporósorprendido y más sorprendido se quedó cuando una pequeña mano le tapó loslabios y le susurró que guardara silencio. Fabia. Galerio obedeció anonadado.Entonces la joven se quitó la fina túnica con la que apenas se cubría y selució en su más completa desnudez mostrando una piel suave y cálida, unos senosgrandes y firmes. Ella tomó la mano de él y le indicó dónde deseaba que latocara. Él respondió a sus deseos sin plantearse nada más arrebatado por uninesperado deseo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Olvidando toda prudencia y todo decoropor intimar de esa forma con la hija de su anfitrión, se dejó llevar por lasuerte que el destino le regalaba sin valorar futuras consecuencias. Lasvisitas se repitieron todas las noches.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No está nada bien lo que haces con lahija de Fabio Máximo –le dijo en un aparte el tribuno Decio Aquila dos díasantes de que Galerio partiera de nuevo a Hispalis con la unidad de caballería.Se encontraban supervisando los ejercicios de entrenamiento de los soldados,labor a la que dedicaban todas las mañanas. La unidad de caballería, divididaen dos alas, cubría los flancos por los que avanzaba la infantería dividida entres secciones y dos líneas. Los movimientos de los legionarios estabancoordinados palmo a palmo y se desplazaban como si fuera un único organismovivo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Sé que esa joven se te ha metido en ellecho sin que tú la buscaras; todos nos dimos cuenta de cómo te miraba y serelamía desde el primer momento en que te vio –Decio sonrió irónico—, perotendrías que haberla rechazado. El respeto a uno de los insignes magistrados deesta ciudad está por encima de todo lo demás, sobre todo de un efímero placerpersonal. Y nuestra obligación como soldados es no dejar de ser prudentes hastaen las situaciones más extremas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Galerio sabía que no tenía nada queargumentar en su defensa y decidió guardar un respetuoso silencio. Él también serepetía cada noche, cuando Fabia abandonaba su lecho entre risas y caricias,que lo que estaba haciendo era un error, que esa joven era prácticamente unaniña y se juraba que ésa sería la última vez. Sin embargo, su firme propósito ala despedida de sus secretos encuentros, palidecía cuando a la noche siguienteFabia volvía y, sin mediar palabra ni darle opción a objeción alguna, le metíala mano entre las piernas o se colocaba a horcajadas sobre su vientreexcitándolo hasta volverlo loco. Sí, era un juego muy peligroso pero en brevele pondría fin.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Por otro lado –continuó Decio con unasonrisa de complici- dad—, he de reconocer que, si a mí se me hubiera metido enla cama una hembra como Fabia, tampoco habría podido resistirme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ambos se miraron y rompieron a reír.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Ladespedida fue cordial. Marco decidió esa noche que dormiría en el campamentocon sus hombres para poder salir al alba. Fabia, que se había situado en elcomedor frente a él, le lanzaba lánguidas miradas y le hacía pucheros. Nadieparecía darse cuenta de nada. La noche anterior se había echado a llorarpenosamente jurándole que su corazón estaba roto y que le echaría muchísimo demenos. En su fuero interno, Marco no la creía, tenía la sensación de que suspalabras eran excesivamente forzadas y su llanto demasiado escandaloso para lasituación, pero también debía reconocer que Fabia era apenas una niña y que él,precisamente, no estaba muy versado en las peculiaridades de las mujeres. Leresultaban unos seres demasiado complicados y sutiles, enrevesados, para lo queél estaba acostumbrado. Ella le declaró su amor con enormes ojos arrebatadospor las lágrimas y Marco, aún sintiéndose despreciable, no la correspondió.Había disfrutado con ella unas magníficas e inolvidables noches de lujuria yplacer, que le hacían sonreír como un estúpido durante todo el día, aunque nosentía nada más allá que lo que los sentidos de la carne le proporcionaban. Unpellizco de culpa le hizo desear frenéticamente abandonar esa casa y ese lecho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Galerio Celer?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco levantó la vista de su copa devino, sorprendido. Todos en la sala le miraban esperando algo. Sonrió azorado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Tribuno Galerio Celer –Fabio Máximosonreía afable—, preguntaba que si es tuya la esclava de la que tanto se hablaen esta parte de la provincia, la sanadora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Debo disculparme, me había perdido enmis pensamientos –lanzó una rápida mirada a Fabia que le fulminó con la suya—.Sí, la sanadora es una de mis esclavas. Me sorprende que hasta aquí hayanllegado noticias suyas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Pues por aquí se habla mucho de ella yde tu generosidad al permitir que visite a otros esclavos. Se dice que se tratade una anciana muy sabia y afable y que viene de tierras lejanas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco rió de buena gana. Fabio sonrió amedias algo incómodo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No es una anciana, precisamente; no esuna niña, pero es aún joven. No es de tierras lejanas, por lo menos no se sabecon certeza. Cuando la compré había recibido fuertes golpes en la cabeza y deresultas de sus heridas había perdido la memoria, por lo que realmente no sabesu origen ni cual es su pueblo. Lo que sí es cierto es que su conocimiento esadmirado, que es muy afable con los enfermos y que en todo momento se hapreocupado por los que sufren.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco Galerio no pudo evitar un pellizcoen las entrañas al recordar a Ana y la última vez que la vio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Me encantaría conocerla y poder hablarcon ella. Me fascinan estas cuestiones y esta ciencia. No pude ser médico, perome gusta leer y estudiar todo lo que a mí llega sobre esos temas. Me consideroun dogmático&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn2" name="_ftnref2" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; y… ¡Bueno, no voy aaburrir a mis invitados con mis ocupaciones personales! La cuestión es que sehabla tanto de esa mujer que me la imagino como alguien rodeado de misterio,fascinante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Por supuesto que Galerio estuvocompletamente de acuerdo con su anfitrión en que la imagen que tenía de Ana eratotalmente idealizada, aunque se abstuvo de hacer referencia a ello. Nada deque lo pudiera contarle se acercaría lo más mínimo a la realidad que era esamujer. Nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Fabia no apartaba los ojos del rostro deMarco. Su expresión había cambiado en cuanto empezó a hablar de esa esclava.Sus ojos habían adquirido un brillo que ella nunca le había observado en todaslas noches que lo había dominado bajo su cuerpo y sometido con los placeres queera capaz de provocarle con su boca, con su piel y sus manos. Estaba claro, yle sorprendía, que nadie de los presentes lo hubiera notado, que las palabrasde Galerio con respecto a esa mujer escondían mucho más de lo que decían. Y esoen sí mismo era muy revelador. Nadie sonreía de esa forma cuando hablaba de suesclava. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Y nunca le había sonreído así a ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 21px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;hr align="left" size="1" width="33%" /&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;div id="ftn1"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftnref1" name="_ftn1" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; San Roque, en la provincia deCádiz. Fue la &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Colonia LibertinorumCarteia&lt;/i&gt;, primera colonia latina que se estableció en suelo no itálico, en el año171 a.C.&amp;nbsp; y una plaza de alto valorestratégico en la Bahía de Algeciras.&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn2"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftnref2" name="_ftn2" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt; Corriente de pensamiento de lamedicina romana.&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6505506571514897527-4326986631641527343?l=lolamontalvoescritora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/feeds/4326986631641527343/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2012/02/sanatio-capitulo-xiv.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/4326986631641527343'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/4326986631641527343'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2012/02/sanatio-capitulo-xiv.html' title='SANATIO: Capítulo XIV'/><author><name>Lola Montalvo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18173352217445459305</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='19' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-fDC8uSVGMLE/TWFUqjI45zI/AAAAAAAAAMY/of_ZOAH01g8/s220/img020.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6505506571514897527.post-6051151148304757974</id><published>2012-01-15T19:41:00.000+01:00</published><updated>2012-01-15T19:41:32.327+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sanatio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Legiones romanas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela histórica'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispalis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispania romana'/><title type='text'>SANATIO: Capítulo XIII</title><content type='html'>&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: white; color: #4d4d4d; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: xx-small; line-height: 12px;"&gt;Relación de Capítulos publicados hasta ahora con sus enlaces en la barra lateral del blog&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;E&lt;/span&gt;lesclavo masajeaba la espalda de Marcelo con aceite de almendras. El cuestor seencontraba desnudo tumbado en un lecho boca abajo, con las manos cruzadas bajola barbilla. En la casa que ocupaba desde su llegada a Hispalis existían bañosprivados perfectamente dotados, pero una vez a la semana le gustaba ir a lastermas de la ciudad y conversar con otros notables ciudadanos. Había reservadouna sala para uso privado en la que, junto a Marcelo, disfrutaban de losplaceres del agua y los masajes, Marco Galerio, el legado de la legión, TitoFabio Buteo y el tribuno laticlavio&lt;i&gt;,&lt;/i&gt; Cayo Albio Severo. Marco y FabioButeo estaban en la piscina de agua caliente y Albio Severo tomaba una copa devino sentado en un banco.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —El tribuno fue a tu casa porque yo leindiqué que así lo hiciera –afirmó con severidad Fabio Buteo—. Creí que era unabuena ocasión para que limara asperezas en vuestra tensa relación de una vezpor todas. De todos modos, su comportamiento no tuvo nada de anormal. Era tuinvitado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Como tal lo traté –afirmó Galerio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Pues se ha quejado de tu proceder.Afirma que, en todo momento, mostraste tu desagrado por su presencia en tucasa. No sólo le debías todo tu respeto como invitado tuyo, sino como tusuperior. Te falta tacto, Galerio Celer. En próximas fechas habréis de lucharen el campo de batalla y se hará necesaria una confianza mutua absoluta. Él tetendió su mano y su buena voluntad y tú le trataste como a un perro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Marco Galerio se comportó como unanfitrión sin tacha, legado Fabio Buteo –la voz grave del tribuno Albio Severocontrastaba en gran medida con su aspecto casi adolescente—. Todos los allípresentes, entre los que me incluyo, podrán dar fe de ello.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Pues ni siquiera sus esclavos estuvieronmuy dispuestos a satisfacer sus necesidades. Según me ha relatado el propioAtilio fue bochornoso el comportamiento de esa esclava tuya.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco hizo un gesto al tribunoinvitándole a guardar silencio. De nada serviría más explicaciones. El legadoFabio Buteo consideraba como única válida la versión de Atilio Varo. Y no sepodía negar que la esclava le había golpeado al defenderse de sus pretensiones.Las marcas moradas de su rostro y la brecha sobre una ceja eran la más claraevidencia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Un tribuno golpeado por una esclava!¡Eso, Galerio, es inconcebible y más aún que tú no reprendieras a esa puta comoera tu obligación! –Fabio tomó aire. Se encontraba acalorado, más por laindignación que por los vapores cálidos de la sala—. Y eso ha pasado en tucasa. ¡En tu casa y bajo tu techo! Es por todos conocida tu mojigatería con losesclavos, pero tu obligación como oficial del ejército de Roma y como ciudadanoromano es que recibas a tus insignes invitados como establece y ordena el honory la cortesía, máximas que nos hacen lo que somos y no un hatajo de salvajes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Venga, venga, Tito Fabio! –Terció convoz meliflua Marcelo— Prefiero abstenerme de mostrar mi parecer en estadesagradable cuestión, aunque es sabido que Atilio Varo puede llegar a ser uncompleto animal en las reuniones más nobles. Es un buen soldado, sin dudaalguna, pero sus modales son los de un cerdo. Estoy convencido de que laesclava recibirá hoy su más que merecido castigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tito Fabio Buteo, enfadado, se sumergióen el agua y nadó de lado a lado repetidas veces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El silencio en la sala de baños fueabsoluto, sólo roto por el chapoteo del agua.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El esclavo recogió sus aceites yesencias. Tapó discretamente al cuestor con un lienzo y, en silencio, semarchó. Otro esclavo, de piel oscura como la noche, entró portando una bandejallena de dulces que dejó en la mesa cercana a Marcelo, tras lo que se acercó aGalerio y le invitó con un gesto a que le acompañara fuera del agua. Tomó un &lt;i&gt;strigile&lt;/i&gt;y comenzó a rascarle la piel con movimientos cortos y seguros. Marco recordóentonces la noche anterior, el asco que le embargó cuando Atilio Varo tomó aAna, llevándosela por la fuerza y la impotencia que sintió. Jamás habíasucedido algo igual en su casa. Nunca había consentido que se lastimara a unesclavo de su servicio. La cena continuó tensa y desagradable. Menos de doshoras después todos los invitados se habían marchado, demasiado temprano paralo que tenía dispuesto, que no era otra cosa que una placentera velada deconversación entre amigos hasta la madrugada. No dejaba de preguntarse cual fueel motivo que impulsó al tribuno a ir a su casa y no le convencía demasiado laversión del legado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cerró los ojos y vio de nuevo el rostroarrebatado por el miedo de la esclava.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Recordó el gesto de reproche de Crito yel odio contenido de Ulpio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sí, Ana era sólo una esclava y como talse la debía de tener en cuenta. Entonces, ¿por qué se sentía tan miserable?Cuando Urso entró en la sala y le explicó en un aparte que Ana había intentadoquitarse la vida sumergiéndose en el arroyo helado, el dolor que tal noticia leocasionó lo desconcertó. Esa difícil y extraña mujer se había clavado en sucabeza y le retaba a sacarla de allí por las malas, con su soberbia y susdesairadas miradas. Intentaba odiarla, pero no podía. Sentía una amargaadmiración por el valor de esa mujer que luchaba todos los días por recuperarsu pasado, su identidad y su supuesta libertad en un sitio extraño, con unidioma nuevo, con gentes no siempre amistosas y que, sin embargo, era capaz deenfrentarse al que se le pusiera por delante por ayudar a los que estaban enpeor situación que ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No, Ana no era una esclava más. Eradistinta. Pero no se notaba en su carne o en sus huesos o en su cara. Habíaalgo en esa mujer de carácter imposible que no le dejaba vivir. Marco queríaluchar con uñas y dientes por arrancarla de sus pensamientos, recuperar el sosiegoque había perdido desde que había llegado a su casa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El esclavo terminó de rascarle el cuerpoy Marco se dirigió al lecho para recibir el masaje que tonificaría sus músculoscon aceites y esencias. Fabio Buteo se disculpó con su anfitrión en los baños.Debía atender con un allegado ciertas cuestiones de su familia en Roma. Seinclinó ante Marcelo y lanzó una mirada de severo reproche a Marco Galerio.Éste saludó a Fabio tal y como su rango requería. Cuando el legado se marchó,el joven tribuno Albio Severo&lt;i&gt; &lt;/i&gt;se retiró a un aparte para que un esclavo &lt;i&gt;tonsor&lt;/i&gt;pudiera depilarle y recortarle el cabello.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcelo se sentó en los escalones de lapequeña piscina con una copa de vino en la mano. Marco observó las muchasmarcas y cicatrices que recorrían su piel. Y se volvió a fijar en el extrañotatuaje que coronaba su hombro derecho y del que jamás había consentido enrebelarle su significado. A sus años aún seguía en buena forma, fuerte,musculoso y sin apenas gordura a la altura de la cintura. Con esa luz sucabello parecía más rojizo y sus ojos más fríos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Tu esclava parece que, además dedesobediente y rebelde, posee prodigiosas cualidades como sanadora. Crito me haexplicado que ha curado enfermedades que algunos de sus colegas médicos hansido incapaces, como la de Claudia y sus hijos. Es la comidilla de la ciudad.Es algo que va más allá de la insólita forma en la que salvó a tu tío.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco Galerio sonrió con desgana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No se puede negar que es una extrañamujer y que igual de extraña es su ciencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcelo suspiró profundamente y dio unsorbo a su vino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Supongo que tales conocimientos puedenser beneficiosos para una mayoría y no sólo para cuatro esclavos sarnosos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No sé a qué te refieres, padre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —He redactado un documento en el que seestablece que tú le vendes esa esclava al erario público de la provincia,rubricado por mi mano como cuestor propretor de Hispania. Así, esta mujerservirá a los ciudadanos romanos &lt;i&gt;optimo iure&lt;/i&gt;, y su ciencia serábeneficiosa para todos. Concretamente, he pensado que podrá ejercer sus dotesen el ejército al igual que hace Crito y otros destacados médicos más. Si tantosabe y tan buenas dotes tiene, salvará vidas donde debe salvarlas: en el campode batalla…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Galerio permaneció con la cabeza apoyadaen sus manos para que Marcelo no notara lo que para él suponía esa noticia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —…Como mantenerla con dinero público esun gasto y una molestia, mientras que sea plenamente útil permanecerá en tucasa. Tú tendrás el &lt;i&gt;operae servorum&lt;/i&gt; de esa mujer, el usufructo de sutrabajo, mientras que su arte no sea necesario en tiempos de paz. Así podrácalentar tu cama y aliviarte como supongo que estará haciendo ahora. Aunque mehan dicho que, a pesar de que está ya un poco seca, no arde demasiado bien…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcelo se carcajeó divertido por supropia ocurrencia aunque por el rabillo del ojo agradecía que Galeriopermaneciera con la cara pegada al lecho y no pudiera leer la inquietud que deverdad mostraban sus ojos. Suspiró con impaciencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;—Eso sí, hijo mío, considéralo un regalo filial. Mis cuentas seresentirían un tanto si debo abonarte la suma que tal documento refleja y nodesearía que se me reprendiera en Roma cuando finalice mi cuestura por misfinanzas. En los próximos días te harán llegar el documento que establece queesa mujer es ya una esclava pública, copia del que se archivará en el &lt;i&gt;tabularium&lt;/i&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn1" name="_ftnref1" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; de la ciudad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Dejó la copa de vino a un lado, selevantó simulando un cansancio que no sentía y, tras palmear la robusta espaldade Galerio con afecto, se marchó no sin antes murmurar unas palabras dedespedida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Galerio le hizo un gesto al esclavo quedejó de masajearlo y se retiró en silencio. Una vez solo, se levantó y se pasólas manos por la cara. En estas semanas no se había planteado darle la libertada la esclava, dado que aún no existían pruebas de que antes de su desgraciafuera una persona libre y de que llegara a su actual condición porque untratante la robara o la forzara, pero ahora, con la decisión de Marcelo deconvertirla en una esclava pública, sus posibilidades se habían esfumado casidefinitivamente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se puso de pie, enojado. «¡¿Por qué tengoque sentirme así, por qué, si sólo es una esclava?! »&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Un murmullo de voces que se ibaconvirtiendo poco a poco en griterío, se extendió por las salas comunes de lastermas. Se cubrió con un lienzo limpio y salió a ver qué sucedía. De algúnrincón del &lt;i&gt;frigidarium&lt;/i&gt; surgió Emilio Paullo. Traía el rostrodesencajado; miró a su alrededor y tras verlo, se acercó para informarle de lasnuevas que acababan de llegar de la Citerior y que habían agitado la calma delos baños y de la ciudad entera:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Cneo Domicio Calvino ha sido asesinado!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Lecostaba moverse con soltura. Le dolía el cuello y la cabeza le latía con furia.Las piernas le temblaban ante el más mínimo esfuerzo y su espalda estaba mástiesa que una lápida. Aunque habría agradecido una tranquila jornada de reposo,quizá acostada en su jergón como le ofreció Hipia con gesto angustiado,prefería ignorar empecinadamente su malestar y trabajar como lo hacía a diario.Además, no podía soportar el llanto de su amiga, que cuando veía su rostroamoratado y sus heridas en el cuello, rompía a gemir como una condenada.Tampoco quería darle vueltas a la idea desgraciada de quedarse preñada tras unepisodio tan repugnante. Así que, esa mañana aciaga, mantuvo sus manos y sucabeza ocupadas, lavó la ropa, amasó y horneó el pan, ayudó a Hipia con lacomida, recogió leña que, tras quemarla hasta conseguir cenizas, utilizaríapara obtener su lejía y jabón. A media tarde atendió a un esclavo que se habíaroto un dedo del pie al caerle una enorme artesa encima y al declinar la tardese dirigió a los corrales para encerrar al ganado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando se acercaba al cercado donde lasovejas y las cabras pastaban aburridas, lo vio sentado en el tocón de un árbol.Nada más verla caminar hacia donde él se encontraba, Ulpio se puso en pie. Anano se detuvo cuando llegó a su lado ni redujo su paso. Se limitó a hacer comosi no estuviera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Ana!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ella se acercó al vallado y abrió unapequeña portezuela que lo comunicaba con los corrales. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Ana, escúchame.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La mujer se volvió hacia él y lo miródirectamente a los ojos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cayo se quedó impresionado, mucho más quecuando la vio postrada en el jergón de la leñera los primeros días de sullegada a la casa, cuando su rostro se encontraba deformado por los golpes y sucabello rapado le daba el aspecto de una leprosa. Lo de aquellos días no teníanada que ver con lo que veía en ese momento: la cara de Ana presentaba variosmoratones en la barbilla, los labios y la mejilla derecha, algunos arañazos,pero lo que sin duda más le descompuso el corazón fueron los mordiscos, tres enel cuello y uno en la mejilla izquierda. Supo, sin necesidad de preguntar alrespecto, que el resto de su piel presentaría marcas similares. Sintió cómo lasangre abandonaba su rostro y el aire se negaba a entrar en su agarrotadagarganta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Dio un par de pasos hacia ella con lasmanos tendidas. Ana retrocedió con gesto serio e inmutable.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Vete, Ulpio. Por favor, vete y déjametranquila.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Ana, sólo quiero saber cómo estás y…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Hoy te preocupa cómo estoy, Ulpio? –Eltono de Ana mos- traba un enorme desprecio—. ¿No te preocupaba anoche?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Por supuesto…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Os pedí que me ayudarais y nadie movióun dedo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio bajó las manos. No iba a suplicarlemás.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Está claro que tú no entiendes lo queeres y lo que eso supone.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana le fulminó con la mirada, furiosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;—¡Os pedí que me ayudarais y nadie hizo nada!¡Nada!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Ese hombre era un invitado de MarcoGalerio. Tú, una escla- va. No hizo nada contigo que no le estuviera permitido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ella sonrió mostrando un enorme despreciopor quien tenía delante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;—Hace poco me aseguraste que quieres ser miamigo. Mi amigo. ¡Eres un embustero despreciable! Ese hombre me… Todo pasódelante de vuestras narices y tú, el que dice que quiere ser mi amigo, noapareciste para quitarme a esa bestia de encima. Si en lugar de ser yo elatacado hubiera sido tu amigo Marco Galerio habrías sido capaz de perder unamano por él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No me insultes, Ana, no te lo voy aconsentir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana buscó por el suelo y encontró lo quenecesitaba. Cogió una rama larga y retorcida y se la lanzó a Ulpio a los pies.Sus ojos destilaban un odio infinito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Toma, esto te puede servir paraazotarme! –se acercó a él y se bajó la túnica por los hombros. Aún con lacamisa interior cubriéndola en parte, Cayo observó con un pellizco de aprensiónque sus senos también presentaban horribles mordiscos—. ¡Venga, castígame,estás en tu derecho! Recuerda que sólo soy una esclava. No harás nada que no teesté permitido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se miraron a los ojos luchando sinpalabras. Ana tenía los suyos arrebatados de lágrimas pero hacía un esfuerzoconsiderable para retenerlas. El orgullo fluía a su alrededor como si formaraparte de su olor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Por fin, Ulpio se volvió y se marchó conpaso firme. Ana se colocó nuevamente la túnica de lana. Cogió la rama del suelo,la partió en varios trozos y la lanzó lejos con un grito de desesperación yrabia. Las ovejas y cabras se arremolinaron en un rincón, asustadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Lasnoticias eran confusas y el caos que se generó en la ciudad fue absoluto.Varias versiones del mismo hecho se arremolinaron en el foro, en el mercado, enlos baños, en el puerto. La curia y los magistrados estuvieron todo el díareunidos desde que se supo la nueva, expectantes ante las noticias que nodejaban de fluir casi con vida propia. Marcelo permanecía con los magistrados ypresentaba una actitud grave y contenida. Evitó quedarse sólo y mantuvoconstantes contactos con las principales ciudades. La ciudad de Cordubarequirió su presencia como cuestor propretor de la provincia, dada la primacíade esta colonia sobre las demás ciudades en la región Ulterior. Preparó supartida para el siguiente día.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Por fin, una hora después de anochecerllegó un mensajero con noticias fiables desde Osca. Un mensaje escrito por la misma mano del gobernador,Domicio Calvino, informaba que, efectivamente, había sido atacado con unafalcata por un hombre disfrazado de cerretano, de lo cual había resultadoherido, pero los dioses habían permitido que sus lesiones fueran menores. Elhombre se había quitado la vida con la misma arma con la que había atacado algobernador antes de permitir que le cogieran y le interrogaran. La identidaddel asesino no se conocía aún, aunque se sabía, casi con absoluta certeza, quese trataba de un recluta de la legión dado que en fechas recientes se habíahecho un tatuaje en el antebrazo izquierdo celebrando su enrolamiento. Alguienlo había embaucado con promesas o conocía algún secreto comprometedor deldesgraciado felón y amenazó con rebelarlo, algo suficientemente horrible paraque se hubiera lanzado a tal empresa. El caso es que parecía demasiado claroque el muerto no debía de actuar sólo. Era alguien demasiado simple, inexpertoe intrascendente. Tras él debía existir una más compleja red de traicióndirigida a acabar con la vida del gobernador y esa red tenía los hilos muylargos. El gobernador finalizaba la misiva asegurando que sus investigacionesllevaban buen curso y que en fechas próximas se dilucidaría quien o quienesestaban tras este execrable acto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcelo mostró la misiva a los miembrosde la curia y a los magistrados y con ellos se congratuló que la vida delgobernador ya no corriera peligro. Todos respiraron tranquilos. Informó quemantenía en pie su viaje a la Colonia Patricia por motivos administrativos yjudiciales. La permanencia del gobernador en Osca durante un periodo de tiempoindefinido hacía necesaria la resolución de ciertos asuntos improrrogables enla persona de su lugarteniente, el cuestor propretor de la provincia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se retiró a toda prisa a su residenciaacompañado de su guardia personal. Una vez en las dependencias que conformabansu reducto privado, un esclavo le anunció una visita. Marcelo ordenó que lehicieran pasar y dio instrucciones para que se retiraran todos los queconformaban el servicio. Necesitaba intimidad y que no lo molestaran bajoningún concepto. El esclavo asintió en silencio, hizo una reverencia y se fue. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Instantes después un hombre entraba en susala.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcelo sirvió dos copas de vino y le diouna a su invitado, tras lo que se dejó caer en un &lt;i&gt;lectus&lt;/i&gt; invitando alotro a que hiciera lo propio en el que tenía frente a sí. Con un profundosuspiro de irritación, el hombre se tumbó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Tu hombre en Osca nos ha fallado –dijoMarcelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Eso parece. Pero las cosas no han sucedidotal y como narra la carta de Domicio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El cuestor hizo un mohín de fastidio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Por supuesto que las cosas no se handesarrollado tal y como refleja la supuesta carta de Domicio! Me han informadonuestros hombres que el gobernador está muy grave, aunque parece que serecuperará de sus heridas. A ese imbécil de la falcata le han traicionado ynuestro hombre está en una situación muy delicada. Creo que alguien estállevando a cabo un doble juego.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Y?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcelo se incorporó bruscamente,derramando parte de su vino en la tela que tapizaba el lecho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Creo que Cayo Ulpio está detrás de todoesto. Su llegada a la ciudad trastocó todos mis planes y me obligó a rehacerlossobre la marcha. Nuestro hombre me indica que cree que uno de nuestros fielesno es tal y le está pasando información a Ulpio que actúa en consecuencia. Másaún, estoy convencido de que en el viaje a Complutum se reunió con uno de susespías.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Entonces, me encargaré de que deje deser una molestia –dijo con voz cavernosa el otro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Ten cuidado. Recuerda que Marco Galerioy él son uña y carne. No quiero que mi hijo adoptivo salga dañado por estarcerca de él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Esperaré un tiempo prudencial pararealizar cualquier movimiento, no quiero que nadie llegue a relacionar lamuerte de Ulpio con lo de hoy –el invitado de Marcelo carraspeó, nervioso. Éstele fulminó con la mirada—. Sé el afecto que le profesas a tu hijo adoptivo,aunque no sé si te has planteado que pueda estar metido…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Él no tiene nada que ver en todo esto!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Cuando estuvo en Gades recibióinformación del sodomita Lucio Naevio Balbo sobre los planes que se estabantejiendo para acabar con la vida del gobernador. Cierto que eran datos muyvagos e indeterminados, pero cuando llegó el momento de informar a sussuperiores esta información se la guardó. Ése mismo día Cayo Ulpio seincorporaba como tribuno a la legión acampada en Hispalis. He sobrevividogracias a mi desconfianza en las casualidades, Marcelo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Quizá sería conveniente separarlos yenviar a Galerio…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Yo creo que lo mejor es tenerlos juntos.Si son una amenaza mejor no tener que dividir nuestras fuerzas para tenerlosvigilados. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcelo se puso en pie y se acercó alotro hombre con gesto amenazador.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Te lo voy a decir otra vez para que nohaya equivocaciones: deja a mi hijo a un lado y procura que no salga afectadode tus medidas contra Ulpio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El interpelado se puso en pie y dejó lacopa sobre la mesita cercana. Sonrió con afectación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Marcelo, para este tipo de empresas esmejor no tener debilidades. Yo no me la voy a jugar por alguien como él pormucho que tú le valores.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Dicho esto se giró y, sin mediar palabra,se perdió por los jardines con paso firme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcelo lanzó, furioso, su copa sobre lashuellas del jardín.&lt;span style="font-size: 16pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;br clear="all" /&gt;&lt;hr align="left" size="1" width="33%" /&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;div id="ftn1"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftnref1" name="_ftn1" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt; Archivo de la ciudad.&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6505506571514897527-6051151148304757974?l=lolamontalvoescritora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/feeds/6051151148304757974/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2012/01/sanatio-capitulo-xiii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/6051151148304757974'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/6051151148304757974'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2012/01/sanatio-capitulo-xiii.html' title='SANATIO: Capítulo XIII'/><author><name>Lola Montalvo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18173352217445459305</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='19' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-fDC8uSVGMLE/TWFUqjI45zI/AAAAAAAAAMY/of_ZOAH01g8/s220/img020.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6505506571514897527.post-6521776503036697787</id><published>2012-01-10T19:13:00.000+01:00</published><updated>2012-01-10T19:13:23.449+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novelas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='universo de los libros'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='A Través del Pasado'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='thriller'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='policíaca'/><title type='text'>NUEVA RESEÑA DE «A TRAVÉS DEL PASADO» DE "EL UNIVERSO DE LOS LIBROS"</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-s7j-QLXS5Xo/Twx97w_ynpI/AAAAAAAAAes/fDJbeJGHv7E/s1600/TRAVES+DEL+PASADO%252C+A+-+Lola+Montalvo.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://4.bp.blogspot.com/-s7j-QLXS5Xo/Twx97w_ynpI/AAAAAAAAAes/fDJbeJGHv7E/s320/TRAVES+DEL+PASADO%252C+A+-+Lola+Montalvo.jpg" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Mi novela «&lt;i&gt;A través del pasado&lt;/i&gt;» ha recibido otra reseña que me llena de alegría.&lt;br /&gt;Podéis leerla en la web&lt;i&gt; &lt;a href="http://eluniversodeloslibros.blogspot.com/2012/01/resena-traves-del-pasado.html"&gt;EL UNIVERSO DE LOS LIBROS&lt;/a&gt;&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Es un comentario bastante extenso y exhaustivo, que analiza todos los&amp;nbsp;aspectos, pero deseo quedarme con el comentario final que, se pueden imaginar, cuando lo leí no podía dejar de sonreír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"...&lt;span style="background-color: white; color: #4c1130; font-family: Arial, Tahoma, Helvetica, FreeSans, sans-serif; font-size: x-small; line-height: 18px; text-align: justify;"&gt;Por todo ello,&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;b style="background-color: white; color: #4c1130; font-family: Arial, Tahoma, Helvetica, FreeSans, sans-serif; font-size: small; line-height: 18px; text-align: justify;"&gt;A través del pasado&lt;/b&gt;&lt;span style="background-color: white; color: #4c1130; font-family: Arial, Tahoma, Helvetica, FreeSans, sans-serif; font-size: x-small; line-height: 18px; text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;es una novela&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;b style="background-color: white; color: #4c1130; font-family: Arial, Tahoma, Helvetica, FreeSans, sans-serif; font-size: small; line-height: 18px; text-align: justify;"&gt;muy recomendable&lt;/b&gt;&lt;span style="background-color: white; color: #4c1130; font-family: Arial, Tahoma, Helvetica, FreeSans, sans-serif; font-size: x-small; line-height: 18px; text-align: justify;"&gt;, que no decepciona, con una trama bien urdida y con unos personajes que se ganan el cariño del lector y de los que es difícil separarse lo que hace que la lectura sea muy ágil y entretenida."&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="background-color: white; color: #4c1130; font-family: Arial, Tahoma, Helvetica, FreeSans, sans-serif; font-size: x-small; line-height: 18px; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Muchas gracias, Universo de los Libros.&lt;div&gt;Y, por ahora, nada más.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6505506571514897527-6521776503036697787?l=lolamontalvoescritora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/feeds/6521776503036697787/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2012/01/nueva-resena-de-traves-del-pasado-de-el.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/6521776503036697787'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/6521776503036697787'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2012/01/nueva-resena-de-traves-del-pasado-de-el.html' title='NUEVA RESEÑA DE «A TRAVÉS DEL PASADO» DE &quot;EL UNIVERSO DE LOS LIBROS&quot;'/><author><name>Lola Montalvo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18173352217445459305</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='19' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-fDC8uSVGMLE/TWFUqjI45zI/AAAAAAAAAMY/of_ZOAH01g8/s220/img020.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-s7j-QLXS5Xo/Twx97w_ynpI/AAAAAAAAAes/fDJbeJGHv7E/s72-c/TRAVES+DEL+PASADO%252C+A+-+Lola+Montalvo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6505506571514897527.post-5384298815562823650</id><published>2012-01-08T19:31:00.000+01:00</published><updated>2012-01-08T19:31:18.781+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sanatio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Legiones romanas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Roma'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela histórica'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispalis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispania romana'/><title type='text'>SANATIO: Capítulo XII</title><content type='html'>&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: white; color: #4d4d4d; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: xx-small; line-height: 12px;"&gt;Relación de Capítulos publicados hasta ahora con sus enlaces en la barra lateral del blog&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;L&lt;/span&gt;os acontecimientos en la provincia Ulteriorllevaban un ritmo cadencioso y reposado. Esto era posible gracias al nivel deromanización de dicha zona que se fomentó en gran medida tras la finalizaciónde la guerra civil y por impulso de Julio César que, antes de morir, había convertidodecenas de ciudades peregrinas en colonias o municipios de jurisdicción romana.Este hecho atraía a importantes masas de población a estas tierras ycontribuía, a su vez, a descongestionar las ciudades italianas y, sobre todo,la propia ciudad de Roma. En la Ulterior las ciudades más importantes comoHispalis, Gades, Corduba, Carmo, Astigi, Itálica, Colonia Genetiva Julia ymuchas otras, eran un trocito de Roma en Hispania, con su misma organización,servicios, espectáculos y con una legislación muy homogénea. Esto no era así enla Citerior. En esta provincia más de la mitad del territorio estaba sinurbanizar y el proceso romanizador era un fenómeno básicamente urbano. Muchastribus no estaban sometidas ni eran amigables al conquistador, antes al contrario,deseaban resistirse a su presencia y a la explotación de importantes mediosnaturales como las minas de metales valiosos. Reivindicaban estos ampliosterritorios como propios y su cultura y costumbres como preciadas joyas quehabía que preservar frente a la homogeneización que establecía el conquistadorromano allí donde se imponía. Los ataques de las tribus astures y cántabras,cuyas regiones permanecían aún sin romanizar, se sucedían sin pausa. Utilizabanla táctica de guerrillas que consistía en múltiples incursiones con pocoshombres, muy rápidas, en varios puntos al mismo tiempo. Resultaban muy nocivasporque ante tales ataques la defensa requería repartir la fuerza disponible enuna zona tan inhóspita y, en muchos casos, agreste, terrenos desconocidos eimposibles en los que sus moradores llevaban siempre la ventaja. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Losataques sufridos por las tropas de Cayo Ulpio y Marco Galerio en territoriovetón y vacceo habían sido sólo la punta de una astilla que estaría firmementeclavada en la carne romana durante mucho tiempo. Los mensajeros que el tribunoCayo envió a Corduba para informar a Cneo Domicio Calvino se sumaron a losrecibidos desde &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Tarraco y Osca informando delas incursiones y ataques de los cerretanos, indígenas íbero montañeses, cuyastierras se ubicaban en la zona del Pirineo central. Así, a principios del mesde diciembre, en contra de todo lo adecuado y considerado como prudente paraestas fechas, Domicio Calvino debió ponerse en camino hacia el norte con lascohortes de la legión XXVIII que estaban asentadas en Corduba para hacer frentea estas incursiones que ponían en peligro la seguridad de la zona. Se hablabacon insistencia, y las noticias que llegaban desde Roma así lo confirmaban, queal territorio hispano se le iba a adscribir una nueva legión para afrontarestas y futuras incursiones beligerantes, tal como se sospechaba que sucederíaen el sur procedente de Mauritania. Pero dichas fuerzas no terminaban dedefinirse ni materializarse. Por supuesto, los enfrentamientos en tierras delMediterráneo oriental entre Marco Antonio y los partos, por un lado, yOctaviano contra Sexto Pompeyo en el Mediterráneo occidental, por otro,ralentizaban la distracción de tropas siempre precisas para aniquilar alopositor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ConDomicio Calvino marchaban dos bazas importantes para Marcelo: por un lado,Artemidoro que, como centurión de dicha unidad, debía incorporarse a lasfuerzas de ataque, y, por otro, la oportunidad de llevar a cabo sus proyectosde promoción tal y como tenía pensado. El hecho de que el gobernador abandonaraCorduba tiraba por el suelo los planes que tan meticulosamente había tejido, loque le obligaba a empezar nuevamente por el principio y, ahora, desde unaconsiderable distancia. Ello le llevaba a tener que confiar en la fidelidad deterceros, algo siempre complicado para ciertas cuestiones de gran envergadura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tumbadoen un &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;lectus&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; observaba la puesta de sol en la terrazaque daba a la galería del atrio de la planta superior de la casa en la quemoraba. Desde tan inmejorable grada Marcelo observaba la belleza del sol en elocaso del día mientras saboreaba unos dulces de miel. La luz se tamizaba entrelas copas de los árboles semejando un complicado tapiz de dorados brillos.Marco Galerio, tumbado a su lado, miraba el paisaje sin verlo con elpensamiento perdido en otras cosas, arrebujado en su toga. Hacía bastante fríoy corría una húmeda brisa procedente del no tan lejano mar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No hastocado tu copa de vino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcomovió ligeramente la cabeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No meapetece. El vino no me permite pensar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcelose sentó en su lecho y tomó su copa, una bella pieza de vidrio azulado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Sé quevuestra misión por tierras lusitanas y vetonas fue un éxito –sonrió conmalicia—. Espero que no tuvieras ningún problema con Cayo Ulpio ¿No se le hasubido el cargo a la cabeza?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Él noes de esos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Tufidelidad hacia los que consideras tus amigos es encomiable, pero después de loque pasó entre vosotros me parece ser demasiado generoso hacer como que no pasónada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Es miamigo. Somos amigos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Ahoraes tu inmediato superior y en las jerarquías no siempre cuentan los afectos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —A míno me importa que sea mi superior.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Puedeque llegue el momento en que sí te importe.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcose puso en pie. Como siempre Marcelo llevaba la conversación por caminos que aél no le gustaban. Podía llegar a ser tan hiriente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;—Hablando de todo un poco, Marcelo. No creo equivocarme al afirmar quetú fuiste el responsable de nuestro regreso y el de nuestros hombres desde &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Vicus Caecilius.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Cierto. Creí conveniente hacerleentender a nuestro gober- nador que vuestra capacidad de ataque sería mucho másproductiva ante la amenaza mauri que con los pueblos de los Montes Pirineos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Querido Marcelo, eso es una estupidez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcelo arrugó el ceño en un primermomento simulando enfado por la salida de tono de su hijo, pero el brilloburlón de sus ojos evidenciaba que se trataba de una pose. Galerio lo conocíamuy bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Tu objetivo fue retirarnos de esastierras, quizá alejarnos de Domicio Calvino, de su entorno. Creo que tuintención es que no estemos cerca de él en ciertos momentos delicados que aúnestán por venir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcelo mantuvo el gesto impertérrito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Tus palabras están a punto de ofenderme,hijo, y no te lo consiento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Marcelo, me molesta que interfieras enmi carrera. Hoy día lo único que deseo es estar en el campo de batalla, en elcampamento con mis hombres, luchando. No soy otra cosa que un soldado y eso eslo que deseo hacer. Me ofende que te entrometas como lo haces. Si tanto tepreocupa mi &lt;i&gt;cursus&lt;/i&gt; déjame hacer lo que mejor sé, lo único que sé.Ascender hoy día me trae sin cuidado, sólo quiero luchar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Cuando Marcia se acostaba con Ulpio note molestó que yo interfiriera para que le destinaran lejos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco no se esperaba un golpe semejante.Las palabras de su padre adoptivo tuvieron el efecto de un bofetón en plenorostro. Consciente del daño hecho, Marcelo palmeó afectuosamente los hombros desu hijo, con el deseo de que el fresco viento que procedía de la oscura nochese llevara el dolor que sus palabras habían ocasionado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Venga, Marco, entremos en la casa queaquí ya hace demasiado frío.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Galerio se tragó el orgullo que leoprimía el pecho y, obediente, entró en la casa. En el triclinio variosesclavos pululaban alrededor de las mesas dispuestas para la cena. Una joven derubios cabellos y piel rosada le ofreció una copa de vino que él aceptó con unamedia sonrisa. Marcelo se había recostado ya, dispuesto a comer; con un gestole indicó un puesto a su lado que él ocupó sin mediar palabra. Apuró su copa devino y un esclavo se la llenó nuevamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Me ha contado Crito que tu nueva esclavaes un portento de sabiduría.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El hijo asintió con un escueto gesto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Come, Marco. Este esturión estáexquisito con la salsa de miel que me preparan –le sirvió una porción con gestosolícito—. Parece ser que esa mujer está llevando tu buen nombre como amobenévolo más allá de los muros de esta ciudad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Eso parece.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Crito me ha contado que salvó a tu tíoCayo Galerio de morir ahogado con un dátil. No me dio muchos detalles, peroparece ser que actuó de una forma un tanto… brusca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco sonrió con desgana al recordar laescena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Así es. Agarró a Cayo Galerio por detrásy con los puños le golpeó en la tripa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcelo se incorporó rápidamente en sulecho. El rostro se le demudó como si hubiera visto una aparición. Su hijomasticaba a dos carrillos y, pendiente de su comida, no reparó en él ni en elpasmo que sus palabras le habían ocasionado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Cómo lo hizo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Le costó un esfuerzo enorme evitar que lavoz no le temblara, que Marco no notara su turbación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No lo sé muy bien, el caso es que cerrólas manos formando algo así como un puño y le apretó varias veces la barrigamás o menos aquí –Marco se señaló justo debajo de la confluencia de lascostillas e imitó el movimiento—. Al poco el dátil salía por su boca comolanzado por una honda. Fue increíble: faltaban unos instantes para que murieraahogado y, tras algo tan sencillo, volvía a respirar nuevamente, recuperando elcolor. Ninguno de los presentes se lo explicó, pero así fue. Crito se quedó muyafectado, porque como médico consideraba que él debía de haber hecho algo másque mirar. Cayo Galerio se llevó un susto impr…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Sabéis de dónde procede esa mujer?–cortó con brusquedad Marcelo; la voz le salió demasiado aguda. Carraspeó,incómodo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Recibió varios golpes en la cabeza y norecuerda de dónde es. Hasta hace poco ni recordaba su nombre. Sin embargo, hacegala de unos conocimientos que pocos poseen.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Dónde la compraste?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Galerio iba a beber de su copa, aunque ladetuvo al borde de sus labios. Pretendía que el tono le saliera casual, peroMarcelo mostraba demasiado interés en la esclava y eso no dejaba de ser extrañoen un hombre de su rango. ¿Por qué? Observó con más detenimiento el apreciadorostro de su padre adoptivo. La frente le brillaba por el sudor y un tenuetemblor hacía oscilar sus labios, su mirada vagaba intranquila por la sala.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —La compré en Gades.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —En Gades…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco se esforzó en disimular laextrañeza que le producía el comportamiento de su padre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcelo se sentía indispuesto y rezabapara que su hijo no hubiera notado lo mucho que le había afectado todo lo quele había contado de la esclava. Apresuradamente tomó su copa y apuró el vino deun trago. «Demasiada casualidad, demasiada sin duda… Gades está demasiado lejosde aquí», pensó Marcelo, disimulando su angustia. Se pasó una temblorosa manopor el rostro; se recompuso lo mejor que pudo dadas las circunstancias y lodifícil que era sustraerse a la atenta mirada de Marco. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Perdona, hijo, –se llevó una mano alpecho—, pero se me ha clavado un intenso dolor aquí que me está indisponiendo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco se puso en pie alarmado y se acercóa su padre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Quieres que mande llamar a Crito?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡No, no, por favor, no te preocupes!–Sonrió a duras penas intentando tranquilizar a su hijo—. Creo que sólo ha sidoque he tragado demasiado deprisa o el vino que no me ha sentado bien. Ya se mepasa, ya me encuentro mejor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Estás seguro?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La sonrisa de Marcelo volvió a dibujarseen su rostro como era habitual.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Claro que sí, hijo. Aunque yo me sientomejor que nunca, no hay que negar que los años pasan y las carnes no son lasmismas que cuando tenía veinte años menos. ¡Qué digo veinte, cinco años menosque los que tengo ahora! –suspiró con alivio, sin dejar de sonreír afable—. Sí,ya me encuentro mejor. Espero que este penoso episodio no amargue nuestra cena,Marco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Por supuesto que no, padre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Porque para los postres te tengopreparado un dulce muy especial –hizo un discreto gesto con la mano dirigidohacia los sirvientes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La esclava de rubios cabellos y pielrosada se adelantó y, situándose a los pies de Marco, empezó a acariciarle lospies con sensualidad. Él sintió cómo se le erizaba la piel al contacto de susmanos y un intenso calor lo recorría palmo a palmo. Las manos se movían lentas,provocadoramente, mientras la mujer dejaba que sus pechos rozaran suspantorrillas. Marco los sintió duros y plenos a través de la tela de su finatúnica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Últimamente muestras un aspectodemasiado apesadumbra- do. Creo que con ciertos cuidados tus preocupacionespueden parecer menos importantes durante unas horas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La joven siguió acariciándole los pies,las piernas y fue ascendiendo hasta llegar a los muslos; sus manos eran suavesy frescas, pero resultaban de fuego en contacto con su piel. Marco suspiróexcitado y cerró los ojos. Al abrirlos de nuevo encontró la sugerente sonrisade la esclava a un palmo escaso de su boca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Quizá no sea preciso esperar hastadespués de la cena para comer este dulce –Se puso en pie y tomó la mano de laesclava—. Si me disculpas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcelo hizo un gesto de mudoasentimiento; no perdió la sonrisa hasta que Galerio desapareció tras lascortinas de la sala, siempre acompañado de la risa juguetona de la esclava. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Una vez que su hijo le dejó solo,demasiado pronto para lo que en principio tenía planeado, dado que debía tratarcon él importantes cuestiones de gran trascendencia durante lo que iba a seruna prolongada cena, Marcelo se abandonó a su estupefacción. Se levantó apresuradamentey salió del comedor entrando en su &lt;i&gt;tablinum&lt;/i&gt;. Rebuscó en el arcón quesiempre llevaba consigo, levantó el panel del suelo de madera que disimulaba undoble fondo y encontró una pequeña caja de madera tallada, con varias inicialesgrabadas en letras doradas. Con temblorosos dedos la tomó y la llevó a su mesa.Desabrochó el cierre realizado en oro y la abrió. Allí en el fondo, cubiertopor un pequeño lienzo de seda descansaba su más valioso y, al mismo tiempo,secreto tesoro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; «Una vez más –se repetía Marcelo mientraslo observaba—, una vez más ha pasado».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Enla casa, la vuelta a la rutina tras el regreso de Marco Galerio fue un bálsamoen el ánimo de Ana. Se había preocupado en inicio por su presencia, pero comoella no tenía obligaciones en las partes principales de la enorme casa, apenaslo veía. Sus jornadas transcurrían con una rapidez increíble entre tantosquehaceres domésticos y las visitas a los esclavos. Durante varios días seabstuvo de acudir a casa alguna, pero tras una semana sin ningún problema conel amo, se atrevió a atender a un anciano esclavo que padecía unas espantosasúlceras en las piernas y que le impedían todo movimiento. Nunca salía sola; porel día Hipia se ocupaba de hacer coincidir sus salidas al mercado con las visitasde la que ya consideraba como su amiga. La dejaba antes de realizar sus comprasy la recogía cuando volvía a la casa. Ningún problema se planteó con estaorganización. Si alguien buscaba a Ana durante la noche y era preciso queacudiera a la casa de algún esclavo, era Urso el que no se separaba de ellafuera a donde fuera, aunque desde la vuelta de Galerio esto no se habíarepetido, dado que nadie había requerido sus servicios durante las horasnocturnas. Casi todas las visitas eran durante la mañana y algunas, las menos,por la tarde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hipia y Urso la dejaban sola en la casadurante varias horas. Confiaban en ella y sabían que no se atrevería a hacerninguna locura que comprometiera una buena relación con el amo. Ana deseabaseguir haciendo lo que mejor sabía hacer y mientras tanto eso era bastante parasu dolido espíritu. Sus deseos de fuga hacía tiempo que los había desterrado.Urso se había ocupado, con sus palabras y sus amenazas, de hacerle considerarcomo inútil todo plan de escapar. Hasta que no supiera valerse mejor por símisma en la ciudad, era una estupidez lanzarse a un proyecto fracasado deantemano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Puedo pasar?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana estaba cortando verduras paraañadirlas al guiso de cordero que borboteaba al fuego. Levantó la mirada de lamesa en la que trabajaba y vio aparecer por la puerta del patio una cabeza denegros cabellos y un pálido rostro de mujer. Dejó el cuchillo en la mesa y selimpió las manos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Claro que puedes pasar!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se trataba de una mujer de unos treintaaños, muy delgada. En su afilado rostro los ojos parecían enormes ventanasnegras, enmarcadas por unas profundas ojeras, que le daba el aspecto de unextraño animal. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Eres la sanadora de la que todos hablan¿verdad?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La mujer bosquejó en su rostro un remedode sonrisa, dejando al descubierto unos dientes desgastados por el roceconstante entre ellos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Sí, soy yo. Siéntate –le señaló un bancocercano a mesa— y cuéntame qué te pasa. Mi nombre es Ana –sonrió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La mujer tomó asiento y ella se sentó asu lado, a una prudente distancia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Mi nombre es Claudia… bueno es el de miama, pero yo me hago llamar igual que ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La mujer soltó una ridícula risita. Sunerviosismo era más que evidente. Ana se fijó en sus ropas, demasiado buenas ybien cosidas; observó sus manos que apenas presentaban durezas o marcas detrabajo, en su pálida piel que no estaba habituada a estar al sol o laintemperie, en su porte, demasiado sofisticado para una esclava o para el tipode personas que ella estaba habituada a tratar. Algo en su interior le hizoreaccionar y desconfiar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Claudia –Ana frunció el ceño; su tono devoz se tornó grave—, no me está permitido atender a personas libres, sóloesclavos. Eso lo saben todos en esta ciudad. Quizá seas de fuera de Hispalis yno lo sepas, pero si eres libre debes acudir a otro médico. Esas son miscondiciones y no son negociables.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Soy esclava desde mi nacimiento!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La cuidada dicción de la mujer hizoreaccionar a Ana que se puso en pie.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Lo siento. No me está permitido ver apersonas libres. Mi amo me castigaría severamente si se entera. Debo pedirteque te vayas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La mujer se levantó y se miró las manos,la ropa. Entonces tomó a Ana por los brazos y suplicó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Por favor, debes creer en mis palabras!Soy tan esclava como tú. Mi ama me tiene como compañía para recitarle poemas ycantar, ayudarla en los baños y en su tocador, a vestirse y a acompañarlacuando sale de visita. No trabajo en las cocinas ni lavo, cierto, pero la cuidoa ella. Por eso mi aspecto es tan refinado y te confunde. ¡Ayúdame, te losuplico, me encuentro muy mal y si no me ayudas creo que voy a morir pronto!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana seguía desconfiando. Una vocecilla legritaba que no acep- tara. Sin embargo, razonó que quizá era cierto y setrataba de una esclava de mejor categoría, la compañera de una rica mujer quenecesitaba que sus sirvientes personales fueran más refinados que los demás.Decidió creerla, pero no se le ocurrió pedir alguna muestra material de sucondición: una marca o quemadura como la suya o una pulsera o argolla queindicara a quién pertenecía. Nada de esto hizo y lo llegaría a lamentar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La mujer, que decía llamarse Claudia,sufría de fuertes dolores en el abdomen, afirmaba que hasta hace poco teníaganas de comer a todas horas, pero que ya no, al contrario, estaba inapetente;padecía de calambres en las piernas, mareos, el corazón le palpitaba muchasveces como loco en el pecho, había perdido mucho peso en pocos meses, teníamucho sueño aunque no podía dormir y no eliminaba las heces aunque tenía muchasganas de ello varias veces al día; cuando al final lo conseguía, echaba unasustancia pringosa, como un pellejo, y unas bolitas muy pequeñas, comosemillas. Ana le hizo varias preguntas sobre sus costumbres, alimentación ehigiene. Le preguntó si le gustaba comer carne, qué tipo y cómo la preparaba.Entonces le exploró la cabeza, el cuello, el pecho, el abdomen y lasextremidades. Ana observaba en silencio y murmuraba por lo bajo valorando lasdiversas posibilidades. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Alguien en la casa está como tú?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Mis dos hijos están empezando a sufrircomo yo y eliminan los mismos pellejos que yo en las heces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana suspiró, cansada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Creo que ya sé lo que tienes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La respuesta de la mujer debió hacerlesospechar, pero se encontraba tan enfrascada en su valoración del padecimientode la mujer que no reparó en el detalle que desvelaban sus palabras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Estás segura? Hasta ahora los médicos alos que he consultado no han dado con lo que sufro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Pues lo que tienes y lo queprobablemente tienen tus hijos, es un gusano en las tripas que se llama &lt;i&gt;tenia&lt;/i&gt;,aunque se la suele llamar &lt;i&gt;solitaria&lt;/i&gt;, por lo menos yo la conozco con esenombre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡No puede ser, eso es asqueroso!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Sueles comer mucha carne, que si no estábien guisada y tiene la &lt;i&gt;larva &lt;/i&gt;de la &lt;i&gt;tenia&lt;/i&gt; dentro, puede habersido el medio por el que el gusano se te ha metido en las tripas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La mujer se puso en pie nerviosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Lo que me dices es imposible!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No tienes por qué creerme. Es asqueroso,cierto, pero no es grave y además es muy fácil de eliminar y por tanto decurarte, tú y tus hijos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los ojos de la mujer se abrieron más aúnsemejando bolas a punto de salirse de las cuencas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Hay dos recetas: una con corteza de raízde granado y otra con aceite de nogal. Las dos matarán al gusano y harán quesalga por donde hasta ahora han salido los huevos. Elige la que mejor te vengao utiliza las dos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana le detalló qué debía hacer parapreparar y tomar ambos remedios y cuantas veces al día. Le aseguró que si lohacía correctamente en dos días, tres a lo sumo, el gusano saldría, pero debíaasegurarse de que salía la cabeza completa, si no el bicho podría permaneceraún dentro y seguir reproduciéndose. Le aconsejó hervir toda la ropa de cama yde vestir, lavarse bien las manos con agua hervida y vinagre antes de comer ydespués de evacuar, cortarse bien las uñas, guisar adecuadamente todo tipo decarne y hervir el agua de lavar las verduras y hortalizas que se comían crudas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La mujer se abrió el manto y extrajo unsaquito de piel del que sacó dos monedas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Supongo que con dos ases pago tusservicios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Me está prohibido cobrar por misservicios, te puedes guardar tu dinero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A estas alturas Ana estaba deseando quela mujer se fuera lo antes posible. Algo en ella no le gustaba y no era suaspecto, era otra cosa que no podía definir: su actitud, su porte… ¡quién sabe!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡No me puedo creer que seas tan sabia yno cobres por tus conocimientos!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Las palabras de la mujer estabanemborronadas por la ironía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Mi amo me ha ordenado que no cobre nada.Si deseo seguir atendiendo esclavos debo cumplir con sus órdenes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Claudia hizo un mohín que Ana no supointerpretar; se ajustó el manto y se lo cerró dispuesta a marcharse. La saludócon la cabeza y se marchó sin mediar más comentario.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; «¡Qué mujer más falsa! Decía que seestaba muriendo sólo para darme lástima, pero no tiene el aspecto de sufrirmucho». Algo en su interior le gritaba que había cometido un error. Decidióvolver a sus cosas y olvidar el episodio. Eso sí, antes de volver a hacer nadase lavó las manos con jabón y lejía. La higiene de esa buena mujer dejababastante que desear y no tenía ganas de ser el nido de un gusano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;CayoUlpio empezó a frecuentar la casa de Marco casi a diario. Con una excusa o conotra pasaba al patio trasero y buscaba la ocasión de hablar con Ana. Hipiaestaba acostumbrada a su presencia por la casa y no se extrañó demasiado. No enbalde, años atrás, antes de morir el ama Marcia, era bastante común encontrar aUlpio por la cocina conversando con Urso o con ella, esperando probar alguno desus guisos o dulces. Por ello la joven esclava no encontraba raro que, otra vezen la ciudad, Cayo retornara a sus costumbres. Debía reconocer que le agradabaverlo por allí, disfrutar con su conversación amable e ingeniosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Urso era otra cuestión. Desde que lo viopor allí los primeros días y buscar la conversación de Ana, no dejaba demurmurar por lo bajo manifestando una desaprobación que, por el contrario, suestoico rostro no dejaba entrever jamás. Tan pronto Ulpio salía por el patiotrasero buscando a Ana, Urso seguía sus pasos con alguna excusa boba. Hipiasabía que espiaba lo que hacía la otra esclava. Consideraba como una más de susobligaciones evitar que se metiera en algún nuevo lío y por ello no teníaningún reparo en curiosear sus conversaciones con Ulpio. Por otro lado, aunqueel amigo del amo disfrutaba con estos encuentros, no se podía considerar algomuy común y pocos lo entenderían o aceptarían. Era muy consciente de que, siMarco Galerio descubría que Cayo Ulpio se pasaba más de una hora diariaconversando con Ana mientras que ésta hacía sus labores domésticas, no le haríaninguna gracia. Así que lo mejor era vigilar tales encuentros y cortarlos encuanto adquirieran tintes inadecuados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Por supuesto, aparte de Hipia, ni Ulpioni Ana estaban enterados del asedio silencioso al que les sometía Urso o esosuponía él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Llevaban ya una semana encontrándosejunto al arroyo casi a diario. Ana, en su fuero interno, agradecía las visitasaunque desconfiaba de sus verdaderas intenciones. Él afirmaba que deseaba sersu amigo, pero ella sabía que eso era una estupidez. Después del trato recibidopor las personas libres que le rodeaban no se creía que ella tuviera nada quepudiera atraer a un hombre como él. Ulpio había afirmado la primera vez que lavio, cuando aún estaba postrada por sus heridas en el jergón de la leñera, queera fea y ella llegó a la misma conclusión cuando se observó en el espejoaquella tarde en el cubículo del amo. Su físico no era como el de Hipia y a sulado era un gato greñudo.&amp;nbsp; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana tendía las sábanas en las cuerdas quehabía extendido entre los árboles cercanos al arroyo. Consideraba que éste erael mejor sistema para que la ropa una vez lavada se secara por efecto del airey del sol sin que se le pegaran hojitas o polvo procedentes de los arbustos enlos que Hipia le indicó los primeros días que pusiera la ropa a secar. Escuchólos resueltos pasos a sus espaldas y supo, mucho antes de verlo, que Ulpio sehabía sentado en las rocas a las que ya consideraba el pedestal de suescultura. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Desde luego no se puede negar que eresingeniosa en todo lo que haces, hasta en cuidar la ropa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana contuvo una sonrisa. No deseaba darlea entender que le agradaba su compañía; más aún, se esforzaba en serdesagradable y estúpida con él, tirante y parca en palabras. No quería que sesintiera invitado por su actitud.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se volvió. Tenía que coger otra sábana.Al hacerlo su rostro era una máscara de indiferencia. Le lanzó una mirada tensay no dijo nada. Cogió la prenda y le dio nuevamente la espalda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Supongo que, como hombre de rango queeres, debes tener obligaciones que no sean congelarte las posaderas en una fríay dura piedra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La risa franca y espontánea de Ulpio laobligó a contener nuevamente la sonrisa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Desde luego, Ana, que dices lo quepiensas!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ella se entretuvo más de lo necesarioestirando la tela de la sábana. Deseaba que se fuera. Sí, le gustaba hablar conél, pero era consciente de que estos encuentros no serían bien recibidos porMarco Galerio. No deseaba más líos. Guardó silencio; pensó que si no le dabaréplica, terminaría aburriéndose y se marcharía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Como ella no decía nada, Ulpio continuó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Supongo que no tengo que darte cuenta demis actos, pero estos días no tengo obligaciones y me apetece estar aquí paraque me lances piedras en forma de palabras. Insisto, no hay muchas personascomo tú.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana se giró nuevamente para tomar otraprenda de la cesta y se llevó un susto. Ulpio se encontraba a un paso de ella;no le había escuchado acercarse. Se giró sin decir nada y, simulando indife-rencia, siguió con su trabajo. Él permaneció donde estaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Por qué no quieres hablar conmigo, Ana?–por el tono de su voz, ella dedujo que ya no sonreía—. Sólo quiero que seamosamigos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Por detrás, él le tomó de las manos,sorprendiéndola.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Suéltame!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;Ella forcejeó; Ulpio decidió no insistir y lasoltó. Ana permaneció de espaldas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Si Marco se entera de que vienes aquí adiario me castigará. Tú no tienes nada que perder y yo vivo a diario con laamenaza de la furia de ese hombre que me odia tanto. Estos días apenas lo veo yeso significa que no hago nada que le moleste –se volvió y se enfrentó a Ulpio—y me gustaría que las cosas siguieran tan plácidas para mí como están desde laúltima vez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Quizá tengas razón salvo en una cosa:Marco Galerio no te odia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana miró fijamente el rostro de Ulpio.Sabía que no debía hacerlo, podría ser malinterpretado, sin embargo, no pudoevitar explorar sus rasgos ahora que lo tenía tan cerca. No era especialmenteguapo, pero tenía un fuerte atractivo, sobre todo en sus ojos, tantransparentes y de un indefinido color, y en su enorme sonrisa, de dientesblancos y grandes, que dibujaban dos hoyuelos en sus mejillas. Bajó la vista,nerviosa. Se había entretenido demasiado tiempo mirándole. Dio un paso atrás ytropezó con el tronco del árbol del que colgaba una de las cuerdas quesostenían su colada. Ulpio avanzó hacia ella nuevamente, acorralándola. Sonreíaa medias y la incomodaba con su mirada. De repente, él la tomó otra vez de lasmanos y la sujetó con fuerza. Ana creyó morir. Cayo se encorvó un tanto yacercó su rostro al de ella, los labios rozando los suyos. Ella forcejeó, peroél la sujetó más fuerte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Esto es lo que tú entiendes por ser miamigo? –susurró Ana con dificultad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio le acarició el rostro con sumejilla, con su nariz. Un calor intenso arrasó el rostro de Ana; se habíaruborizado. No recordaba haber tenido nunca a un hombre tan cerca, sin embargo,su cuerpo sí. Sentía el corazón como loco en la cara, en el pecho, en el vientre.Él pasó entonces sus labios muy suavemente por los labios de ella, por subarbilla. Ella no le correspondió y apartó la cara.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana sintió cómo se le hacía un nudo en lagarganta y se le llenaban los ojos de lágrimas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Suéltame, por favor… por favor —susurróa duras penas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio hundió su rostro en los cabellos deAna, sólo un instante, y la soltó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana se cubrió la cara con las manos.Había tenido que hacer un enorme esfuerzo para no corresponder a su boca ysabía que él lo había notado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Por qué me haces esto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Porque me gustas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ella le miró con furia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Que te gusto! ¡A Urso e Hipia lesdijiste cuando estaba enferma que soy muy fea y Marco Galerio y tú os reísteisde mí diciendo que era poco más que un bicho!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio no pudo evitar una sonrisa irónica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Disimulabas muy bien que no te enterabasde nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana no replicó nada. Su turbación sehabía transformado en enfado. Ulpio recuperó su semblante socarrón. Dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No debo defenderme de nada de lo que ensu día afirmé, pero te diré que por esos días tu aspecto no era el que tieneshoy.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Me da igual mi aspecto. No quiero quevengas aquí más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Me lo ordenas? –el tono de Ulpio erairónico e hiriente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Yo no ordeno nada. Sólo te digo que noquiero verte por aquí. Urso me vigila algunos días.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio soltó una nueva carcajada queretumbó por todo el valle. Ana le odió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Urso está rondando a nuestro alrededortodos y cada uno de los días que yo aparezco por aquí y nos vigila desde quellego hasta que me voy –disimuló una mirada a su alrededor—. De hecho ahoramismo está entre aquellos árboles de allí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana no dirigió la vista hacia donde Ulpiole indicaba. Prefería que Urso siguiera pensando que ambos ignoraban supresencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Ulpio, no quiero hablar más contigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Pues lo siento. Vendré cuando me plazca.Quiero ser tu amigo y lo seré.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No te pienso consentir que me vuelvas aponer la mano encima. Haré lo que sea.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana fue incapaz de interpretar la sonrisade Ulpio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Estoy convencido de ello.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio se giró y se marchó camino de lacasa. Ana cogió la cesta de la ropa y se entretuvo unos instantes ensimismada;la voz de Hipia le hizo volver la cabeza. Debía de haber pasado más rato delque creía porque ya no se veía a Cayo por ningún lado. La joven agitaba la manocon nerviosismo mientras se dirigía con rapidez hacia ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Ana, ven a la casa, rápido, el amoquiere verte!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No pudo evitar que se le encogiera elestómago. Cada vez que Marco quería verla con tanta premura era por algo malo.Se levantó un poco la túnica para poder caminar más rápido y se dirigió a lacasa, no sin antes echar un rápido vistazo hacia los árboles del otro lado delarroyo. No había ni rastro de Urso. «No creo que le haya dado tiempo de ir acontarle al amo lo que ha pasado con Ulpio».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando llegó al patio tenía el corazón enla garganta, más por el nerviosismo que la embargaba que por el esfuerzorealizado. Tomó aire pero no le dio tiempo a entrar en la cocina. Marco Galeriosalía en ese momento como una tromba agarrándola por el brazo con extremadaviolencia, haciéndola tambalear.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Te dije que no podías visitar a ningunapersona libre!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Estaba hecho una fiera. Ana tardó unosinstantes en entender a qué se refería. Tras el amo vio el rostro de unallorosa Hipia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Yo no he visitado a ninguna personalibre, sólo esclavos!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Mentirosa! ¡Te crees que soy estúpido yque yo no me voy a enterar de nada!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se acercó a ella con el puño cerrado. Anaestaba segura de que le golpearía. No pudo evitarlo y le gritó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Sólo he visto esclavos! ¡No me puedesacusar de nada! ¡Hipia te lo puede decir!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco no se volvió a mirar a la jovenpara que corroborara las palabras de Ana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Claudia, la esposa de Décimo AurelioCotta, asegura a todo el que quiere escucharla que acudió a ti y, en unamañana, le curaste lo que los médicos se han pasado meses sin poder resolver…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Una lucecita se encendió en algún lugarde la memoria de Ana. Claudia, de la que había sospechado desde el principio;esa mujer la había engañado. La esclava sintió cómo la sangre le abandonaba elrostro y un frío intenso la paralizaba por dentro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Esa familia es enemiga de la mía y seregodea de que tú, mi esclava, la has curado a mis espaldas, que me han burladoy que encima no han tenido que pagar nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Esa mujer vino vestida de esclava y mehizo creer que era una esclava –la voz de Ana era apenas un susurro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡No me cuentes más excusas! Se te olvidacon mucha frecuencia el lugar que ocupas en esta casa y yo me voy a encargar derecordártelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En ese momento apareció Urso que secolocó junto a Hipia. Marco se volvió y lo vio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Urso, en la cena de mañana esta esclavaservirá junto a ti y los esclavos de mis invitados –Urso asintió. Marco sevolvió a Ana—. Estoy seguro de que mañana entenderás el lugar que tecorresponde en esta ciudad y en mi casa. ¡Te lo juro!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El silencio fue sólo roto por el llanto,ya sin control de Hipia. Ana no entendía las repercusiones de su castigo, peroestaba claro que su joven compañera, sí. Una enorme rabia le cortó larespiración.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco Galerio se giró y entró en lacocina. Ana corrió tras él y con todas sus fuerzas le gritó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Hipia y Urso me han asegurado desde elprimer día que pisé esta casa que eras un amo bueno y justo, que tenía suertede haber parado en esta casa y no en otra!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Galerio se detuvo, aunque no se giró.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Pero eso sólo es cierto con ellos dos,que son sumisos y obedientes y que se adelantan a tus deseos. ¡Por eso te creestan bueno: porque ellos no te dan motivos para lo contrario! Pero cuando se teplantean cuestiones en las que tienes que pensar y demostrar lo justo que sesupone que eres, inmediatamente aflora tu soberbia de amo y no dudas enaplastar al que se te pone por delante. No dudas en poner tu estúpido criteriopor encima de la verdad, aunque eso suponga aplastarme como a un bicho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Las palabras de Ana dieron de pleno en suobjetivo. Marco, temblando de furia, se volvió y se acercó a ella con los puñoscerrados. Sus ojos se clavaron en los suyos. La mano se estampó contra su caraen una sonora bofetada sin que ella pudiera esquivarlo. Hipia gritó. Él volvióa levantar la mano para golpearla otra vez; muerta de miedo, Ana bajó la cabezay se protegió con los brazos. El segundo no llegó nunca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El silencio en la cocina sólo fue rotopor la entrecortada respiración de Marco. Se esforzada por controlarse. Alfinal dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Urso, explícale a esta esclava cualesson sus obligaciones en la cena de mañana –respiró profundo y prosiguió—. Teaseguro, mujer, que como me dejes en evidencia delante de mis invitados tearranco la piel a tiras con mis propias manos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La esclava no movió ni un músculo. Estabaaterrorizada. Cerró los ojos. El bofetón le escocía en la cara y le hacía latirla piel.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando volvió a abrir los ojos, Galeriose había perdido en el interior de la casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Eres una estúpida, Ana –ella miró aUrso, que la hablaba con voz grave—. Cada vez que tienes ocasión te enfrentas aél y le provocas. Tú no sabes los esfuerzos que hace para no arrancarte lacabeza con sus propias manos. ¡Y tú dudas de su bondad!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana fue consciente de que Urso teníarazón. Las lágrimas corrían por sus mejillas y un incontrolable temblordominaba su cuerpo. Sabía que había acabado con las pocas posibilidades deconvencer a Galerio de su inocencia. Su soberbia, su estúpida soberbia, lehabía llevado a donde se encontraba. Tendría que haber intentado conversar conél, explicarle el engaño al que aquella desagradable mujer le había sometido.Recordó las palabras de Ulpio indicándole que con Marco Galerio conseguiría máscosas si no se enfrentaba de mala manera con él. Pero no lo podía evitar. Algoen ese hombre le revolucionaba el corazón, algo le impelía a provocarlo, aponerlo al límite. Y bien que lo conseguía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Marco Galerio nunca ha puesto a serviren cenas como la de mañana a ninguna esclava. Sus invitados son todos hombres,soldados en su mayoría. Vienen a divertirse y cuando el vino enturbia sus ojosno dudan en hacer partícipe al servicio en su búsqueda de placeres –dijo Ursocon voz grave.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A Ana se le hizo un nudo en la boca delestómago. Hipia sollozaba quedo y la miraba con pesar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Mañana deberás tener más presente quenunca que eres una esclava y tu comportamiento repercutirá para bien o para malen el honor del amo –continuó Urso—. Todo el mundo en Hispalis sabe que le hasdesobedecido sanando a esa mujer y el amo está en boca de toda la ciudad.Mañana será la prueba pública de que en esta casa todos le obedecen. Debes dargracias a tus dioses, si los tienes, que las personas invitadas por el amo enesta cena son hombres que no se suelen dejar llevar en demasía por los excesosy que tampoco suelen forzar a los esclavos para satisfacer sus lascivos deseos.Como mucho te gastarán bromas, te abrazarán o te pellizcarán y te tocarán, pocomás. Pero supongo que eso será bastante castigo para esa soberbia que rezuma atu alrededor como un pestilente halo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana no se veía capaz de decir nada. Hipiaya no lloraba. Urso dijo con frialdad:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Cada día pido perdón a los dioses porhaberte traído a esta casa. Cuando te vi en aquella jaula una voz en miinterior me decía que estaba haciendo algo bueno al convencer al amo para quete comprara. Si hoy te volviera a ver allí metida, te juro que miraría haciaotro lado. No has traído nada más que pesar a esta casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—Debespermanecer todo el tiempo con la vista baja. Sólo mira a Urso, que te iráindicando lo que debes hacer y cómo. Algunos invitados traerán su propioesclavo o sea que sólo te moverás entre dos o tres comensales.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hipia ayudaba a Ana a vestirse. Como lanueva esclava no tenía nada adecuado que ponerse, de su arcón sacó una bonitatúnica blanca y larga, con un sencillo bordado en tonos marrones en los bordesque se ceñía a la cintura con un cordón del mismo color y dejaba los brazos aldescubierto. El escote, en forma de pico, insinuaba escasamente el nacimientode los pechos. El resultado fue sugerente pero no provocativo. El vestido lesentaba muy bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Has engordado desde que llegaste –Hipiasonrió. Quería dar a su conversación un tono desenfadado que restara gravedad ala situación—. Y eso te favorece. Da a tu rostro un aire más juvenil. Y conesos ojos que tienes y esa boca… —rió. Ana no le siguió la conversación. Seencontraba mal y lo que menos deseaba esa noche era saber que había recuperadoatractivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Habían trabajado toda la mañana en lacocina para preparar la cena que se serviría por la noche. Los invitados noecharían nada en falta dado que en sus mesas encontrarían gallinas guisadas,cordero y cerdo con salsa de puerros, venado asado, pescado marinado aderezadocon &lt;i&gt;garum&lt;/i&gt;, huevos de codorniz, verduras de todo tipo, asadas y cocidas,cuatro tipos de dulces y vino en abundancia. El trabajo había sido febril paralos tres esclavos de la casa y Ana se sentía agotada, sobre todo por lo quepensaba que le esperaba. No se veía capaz de superar una prueba similar sinrevelarse de alguna forma. No se sentía a gusto cuando alguien que no deseabase le acercaba en exceso, cuanto más aguantar manos extrañas sobre su cuerpo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Suspiró agobiada. Mejor no pensar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Era consciente de que si metía la pata,Marco Galerio cumpliría literalmente su amenaza, eso si no la vendía. Un nudoen las tripas le revolvía el cuerpo y otro nudo en la garganta le impedíarespirar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No olvides en ningún momento que simiras a los ojos a algún comensal o le sonríes se puede sentir invitado atocarte. Procura acercarte, servir e irte. Sé invisible. No hables aunque tepregunten. Contesta sí o no, pero con la cabeza. Si dudas algo, díselo a Urso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Urso está muy enfadado conmigo y no creoque esté muy dispuesto a ayudarme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Urso está enfadado contigo porque paraél todo lo que le hagas al amo es como si se lo hicieras a él mismo. Se criaronprácticamente juntos, le ha acompañado a cientos de campañas y el amo siempreha sido generoso con él. Nunca, nunca le ha castigado y a mí tampoco. Le tratacasi como a un igual y jamás consentiría que ningún hombre libre le agrediera ole humillara. Sí, Urso quiere al amo más que a sí mismo y está enfadadocontigo, pero no te dejará sola, ni dejará que te equivoques con reglas que noconoces. Estará contigo y te ayudará en todo, no te preocupes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Un cierto alivio elevó un palmo el ánimode Ana. Quizá si recordaba todo lo que le habían indicado la cena pasaríarápido y pronto estaría en su jergón rezando de agradecimiento. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Ahora veamos qué hacemos con tu cabello.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;MarcoGalerio y Cayo Ulpio esperaban a los invitados sentados en el atrio saboreandouna copa de vino. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando Ulpio se enteró por Urso de ladiscusión que se había desarrollado en la cocina entre su amigo y la esclava,decidió no hacer ningún comentario. Estaba claro que esa mujer tenía un orgulloincontrolable y no era capaz de llevarse a Marco a su terreno con buenaspalabras en espera de tiempos mejores. Su cabezonería le iba a salir muy cara ysu trabajo esa noche sirviendo la cena para los invitados era uno de esosprimeros pagos que le esperaban si no cambiaba un poco su empecinada actitud.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Aparte de Cayo Ulpio los invitados a lacena eran Crito el médico; Aulo Emilio Paullo el centurión de su escuadrón decaballería; Cayo Albio Severo el tribuno laticlavio de su legión, que era hijode un primo suyo por parte de su ya difunta madre, y Cneo Manlio Galeo, edil deHispalis, al que le unía una muy buena amistad dado que había servido con supadre en la misma legión sus últimos años de vida. Todos eran bastantecomedidos en las celebraciones públicas y Cayo jamás les había visto a ningunode ellos abusar de ningún esclavo en público. Por lo menos Ana no sufriríademasiado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; «¿Por qué me tengo que preocupar por esamujer si sólo es una esclava? Ella se ha buscado todo lo que le pase», pensóGalerio con irritación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Varias voces y risas se escucharon en laentrada. Marco y Ulpio dejaron su copa y se acercaron a recibir a losinvitados. Una voz tronaba entre las demás con una cadencia conocida paraambos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Con enorme sorpresa y poco agrado, MarcoGalerio vio que uno de los recién llegados no era alguien esperado, dado que nolo había invitado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Mario Atilio Varo, el tribunoangusticlavio de su legión y mejor amigo del legado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Galerio compuso el gesto intentandoplasmar en su semblante un agrado por la inesperada visita que estaba muy lejosde ser sincero. De todos los imbéciles indeseables de Hispalis tenía que seréste el que se sintiera inclinado a presentarse en su casa sin ser invitado.Era su superior en su destacamento y un personaje notable de toda la provinciaUlterior e, incluso, de Roma. Jamás se podría permitir el desairarlo dejandoentrever por su actitud que su presencia en su casa no era bien recibida. Lasorpresa que mostrara, si bien lógica, debía ser de bienvenida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio sintió la boca seca y envenenadapor un amargo sabor. No soportaba encontrarse tan cerca de Atilio Varo. Su solapresencia le repelía. Desde que había llegado a Hispalis y se había incorporadoa su nuevo destino en la legión XXX, no habían cesado los enfrentamientosverbales entre ambos, algunos de los cuales habían tenido que ser dirimidos porel legado, Fabio Buteo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;—¡Amigo Galerio Celer! Qué alegría ser, porfin, ser recibido en tu casa. No todos tenemos la suerte de tener nuestro hogartan cerca de nuestro destacamento. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Atilio Varo, sé bien recibido en mi casay considérala tuya.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Varias miradas de entendimiento secruzaron entre los presentes de las que sólo Crito estuvo ausente. No era unapresencia deseada la de Atilio Varo en aquella cena de amigos. Había tenido ladesfachatez de presentarse de aquella manera, pero la cortesía obligaba arecibirlo como si se le esperara. Marco Galerio tomó aire profundamente sinabandonar su amable sonrisa de bienvenida, intentando controlar lo que sucorazón le pedía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los esclavos, que habían entrado por lapuerta trasera de la casa, se ocuparon de acomodar a los invitados en elcomedor, indicándoles los &lt;i&gt;lecti&lt;/i&gt; y el puesto que podían ocupar alrededorde las mesas. Marco buscó con los ojos a Urso que acudió de inmediato ante sunerviosa mirada. Le habló en un aparte. Su voz fue apenas un susurro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Procura que Ana se aleje del tribunoAtilio Varo. Dale las instrucciones oportunas para que no meta la pata.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Urso asintió con la cabeza y se retiró asu puesto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cayo Ulpio vio cómo Marco indicaba algo asu esclavo. Cuando terminó, ambos se miraron y dirigieron la mirada hacia Anaque entraba en la sala con los demás esclavos dispuesta a servir el vino conuna pequeña ánfora de barro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana estaba muy favorecida. Hipia la habíavestido con un gusto excelente. El vestido dibujaba sus formas sin excesos yayudaba a resaltar su singular rostro y sus enormes ojos de hermosos tonosverde y marrón. Al entrar en la sala bajó rápidamente la mirada al suelo y secolocó entre los &lt;i&gt;lecti&lt;/i&gt; repartiendo vino entre los comensales con gestosumiso. Inmediatamente la animada conversación que se había iniciado entre losnobles hombres se interrumpió. Todas las miradas se dirigieron a la mujer, quea esa luz aparecía muy hermosa, casi bella; el silencio duró poco. Algunosmiraron a Marco con una sonrisa en los labios que él no correspondió. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Crito miró a la mujer e inmediatamentemiró a Marco. No podía dar crédito a sus ojos. Galerio jamás dejaba que unamujer sirviera en sus cenas. Sabía que no le gustaban las libertades que muchoscomensales se tomaban con las esclavas cuando los vapores del vino turbaban surazón. Cierto, que a muchos hombres no les atraían las mujeres y se inclinabanmás por los jovencitos o por esclavos no tan tiernos, aunque Urso no despertabaen este tipo de personas ningún apetito lascivo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Mario Atilio Varo charlaba animadamente conCrito, pero en ningún momento apartó los ojos de Ana. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El vino fue servido; los esclavosvolvieron a desaparecer y Ana con ellos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Camino de la cocina Urso la tomó por unbrazo. Ana pensó que la iba a reñir por algo que hubiera hecho mal, de hechomientras que estaba en la sala se había producido un tenso momento de silencioque ella no supo a qué se debía, dado que apenas separó los ojos de su ánfora yde las copas. La hizo retroceder sobre sus pasos y apartó un poco las cortinasque daban a la sala donde los invitados bebían y comían animadamente. Le señalóa uno de los hombres.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No te acerques al hombre que seencuentra a la derecha de Crito, ¿lo ves?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se trataba de un hombre de algo más decuarenta años, cabello negro y ondulado, grandes cejas, tez oscura y mandíbulacuadrada que reía a carcajadas mientras escuchaba a Manlio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Tú sirve por donde yo me encontraba,entre el amo, el noble Cayo Ulpio y el hombre que hay a su izquierda, el decabello rubio, el centurión Emilio Paullo. De aquella otra zona me ocupo yo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana asintió en silencio, pero Urso no lavio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Me estás escuchando, mujer?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Sí, te he escuchado! Que no me…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No mires a ese hombre bajo ningúnconcepto ni te acerques aunque te llame, ¿me oyes? Sirve rápido y abandona lasala. ¿Has entendido?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El tono de voz de Urso era inusualmentenervioso. Ana lo miró. Algo iba mal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Qué pasa, Urso? ¿Qué pasa con esehombre?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Hazme caso y no te acerques a él. Encuanto los invitados estén comiendo te quedarás en la cocina y no entrarás másen la sala. Será cuestión de un rato más. ¿Has comprendido todo lo que te hedicho?&amp;nbsp; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La esclava asintió en silencio. Apenaspodía respirar. El pellizco que le martirizaba el estómago era ya una bolaenorme. Sentía ganas de vomitar. «Algo va a pasar, lo presiento»&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Varios comensales reían a carcajadas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Tu padre tuvo mucha suerte de hacersecon estas tierras. Su esposa debió sentirse muy afortunada de conseguir algotan bueno tras la ruina de su propia familia –dijo Atilio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco Galerio perdió la mirada en elfondo de su copa. Prefería no mirar directamente a la cara al tribuno AtilioVaro. No le gustaba que una persona como él nombrara a su familia en su mesa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —El padre de la noble Marcia apoyó aPompeyo en la guerra... –insistió Atilio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Me disculparás, noble tribuno, que tepida que no traigas estos temas en una velada distendida como ésta –cortó conun tono quizá demasiado tenso, Galerio—. De todos es sabido que el padre de lasegunda mujer de mi padre luchó en las tropas de Cneo Pompeyo y perdió la vidaen Farsalia. Pero no es el momento de recordar hechos luctuosos como aquellos.Han quedado en el pasado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Latensa sonrisa de Mario Atilio Varo no pasó desapercibida a ninguno de lospresentes. Manlio Galeo carraspeó con delicadeza para intentar cambiar de tema.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Nuestro noble gobernador parece que setiene que enfrentar a una auténtica rebelión con esa tribu de los MontesPirineos… ¿cómo es el nombre?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Los cerretanos –le ayudó Cayo Ulpio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Las cosas pintan mal por el norte.Vosotros también tuvisteis problemas con los astures en vuestra misión portierras vetonas. ¿No es cierto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Otra cosa no se puede esperar deaquellas gentes hasta que no se conquisten todas las tierras de Hispania.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Julio César doblegó a los lusitanos y alos gallaecios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cayo Ulpio bebió un sorbo de su vinoantes de responder.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —El inolvidable Julio César doblegóalgunas tribus lusitanas y controló a los gallaecios, cierto, pero aún quedanmuchos territorios infestados de tribus que no sienten ningún aprecio por Romay sus ciudadanos. Son poco menos que salvajes, que aún celebran ritos en formade sacrificios humanos para apaciguar a sus dioses sedientos de sangre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Además, esas tierras nos interesan porsu enorme riqueza en metales de gran valía –añadió el joven Cayo Albio— y siencima cuando los dobleguemos sus guerreros se incorporan a nuestras tropascomo &lt;i&gt;auxilia&lt;/i&gt;, tal como hacen loslusitanos o los celtiberos, nos podrán ayudar a ser casi invencibles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Mario Atilio soltó una socarronacarcajada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Cómo se nota imberbe tribuno que aún nosabes ni la mitad de lo que debieras! ¡El ejército de Roma ya es invencible!Medio mundo es nuestro por ese indiscutible motivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En ese momento entraron tres esclavosprocedentes de la cocina con platos llenos de viandas. Uno de ellos, Ana. Marcola observaba con disimilada atención. Estaba haciendo una buena tarea y nolevantaba los ojos del suelo o de los platos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Eh, esclava, sírveme!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La voz atronadora del ya borracho AtilioVaro llenó el salón. Ana se quedó paralizada. Urso acababa de salir de laestancia. Marco bebió de su copa para disimular la atenta mirada que cruzó conUlpio. El resto de los invitados comía y charlaba ajeno a todo lo demás. Fue unduro momento de duda que se solventó cuando uno de los esclavos, el del edil deHispalis, Manlio Galeo, se acercó y le ofreció de la bandeja que portaba. Eltribuno se sirvió una tajada de pescado. Ana se perdió a toda velocidad através de las cortinas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Esta es la esclava de la que tanto sehabla en la ciudad, Galerio Celer? –inquirió Atilio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Esta es.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Y el motivo de que la compartas con tusinvitados es muestra de tu inigualable hospitalidad?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco no contestó. Ulpio intentó cambiarde tema. Atilio le increpó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Cállate, Cayo Ulpio, estoy hablando connuestro anfitrión!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio se levantó para lanzarse contra eltribuno, pero la férrea mano de Galerio le detuvo y le hizo volver a su sitio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No le hagas caso, Cayo. Está bebido —lesusurró Galerio, aunque no lo suficientemente bajo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Cierto –Mario Atilio se rió acarcajadas— estoy borracho, pero eso no impide que mi cabeza funcione ni que loque tengo entre las piernas tenga vida propia!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Noble Atilio Varo si deseas que miesclavo Urso te acompañe a tu residencia…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡No, Marco Galerio Celer –pronunció elnombre con gesto de asco—, lo que yo deseo no me lo puedes proporcionar tú nitu esclavo!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Aún riéndose a carcajadas el tribuno sepuso en pie y se acercó a las cortinas que cubrían una de las puertas de lasala. Dos esclavos aparecieron con nuevas bandejas y tras ellos apareciónuevamente Ana. Mario Atilio la agarró con fuerza por la cintura. La bandejaque portaba se cayó al suelo con gran estruendo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Lo que yo necesito ahora sólo me lopuede satisfacer ella!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana dio un contenido grito y con ojosdesencajados dirigió la mirada hacia Marco Galerio y Cayo Ulpio. Atiliobesuqueaba su cuello y su escote con gestos exagerados. Ella se resistió y legolpeó en la cara. El tribuno no se lo pensó dos veces y le estampó en la caracuatro bofetones que resonaron en la sala como latigazos. Ulpio se puso en pie,pero Marco lo sujetó nuevamente por el brazo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Ni se te ocurra! Es sólo una esclava. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio dudó un instante y al final cedió yvolvió a su sitio. Atilio Varo arrastró a Ana fuera de la sala. Ella pateaba yse resistía. Él reía satisfecho; parecía gustarle la resistencia que ellamostraba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los gritos de la mujer pidiendo ayudallegaban con total nitidez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Crito miraba incómodo su plato lleno deviandas. El edil y el joven tribuno bebían de sus copas. Ulpio y Emilio Paullomiraban expectantes a Marco Galerio esperando una indicación suya para actuar.Éste volvió a susurrar:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Es sólo una esclava y Atilio Varo, miinvitado en esta casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Urso apareció tras la cortina y echó unrápido vistazo a la sala. Los gritos de Ana en algún rincón de la casa leindicaron por qué no cumplía con su labor de servir la cena. Miró al amo y elsitio vacío de Atilio Varo. El casi imperceptible gesto negativo que Galerio ledirigió fue suficiente. Urso recogió la bandeja y los alimentos derramados delsuelo y esperó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los gritos de Ana suplicando ayudallenaban la sala. Era evi- dente que se resistía, pero el tribuno, aúnborracho, era mucho más corpulento y fuerte que ella. Los gritos y llamadas,ahora en su idioma, se fueron intercalando con los insultos de Atilio, hastaque las llamadas de auxilio de Ana fueron perdiendo fuerza; algo debía de taparsu cara o presionar su cuello. Tras un rato que a todos se les hizo demasiadolargo, el ruido cesó por completo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Instantes después, el tribuno MarioAtilio Varo entró en la sala limpiándose las manos en su toga. Los restos quedejaba en la tela eran de sangre. Se tambaleaba por la borrachera o quizá porel golpe que tenía sobre su ceja izquierda y que se hinchaba por momentos. Lasonrisa seguía pintada en su rostro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Desde luego tu esclava parece un animalsalvaje –se rió—. Está un poco vieja y un poco dura, pero, por lo demás, tienelo que debe tener entre las piernas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Miró a su alrededor. Todos los comensalesle miraban incómodos, excepto el anfitrión que lo fulminaba con la mirada, peroél ignoró el sepulcral silencio que se hizo tras su vuelta y se tumbónuevamente en su &lt;i&gt;lectus&lt;/i&gt; con aire satisfecho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Urso salió rápidamente por las cortinasde la sala.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La cena continuó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Seencontraban en el peristilo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Atilio Varo le dio un par de patadas enla tripa antes de bajarse la toga y dirigirse nuevamente hacia el triclinio.Ana se quedó unos momentos sin respiración. El dolor que le atenazó lasentrañas no consiguió menguar el que le latía entre las piernas. Con enormedificultad se incorporó e intentó recuperar el resuello. Una enorme mano latomó por el brazo y le ayudó a levantarse. Ella volvió un poco la cabeza paraver de quién se trataba. Urso. Como impelida por un resorte y con más agilidadde la que se hubiera creído capaz en una situación como esa, se puso en pie altiempo que se soltaba de la mano del esclavo con evidente gesto de asco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡No me toques!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hipia apareció corriendo desde la cocinacon gesto demudado. Lloraba histérica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Ana, Ana, qué te han hecho!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los otros tres esclavos que servían en lasala iban y venían por delante de ellos sin detenerse salvo para echarle unvistazo de curiosidad a la esclava. A ellos lo que le pasara les traía sincuidado y cumplían adecuadamente con su obligación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana echó a correr antes de dejar queHipia la tocara.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Dejadme todos en paz!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Urso corrió tras ella y la cogió por unbrazo. Ana se debatió como un gato.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Ana, no vayas a hacer ninguna tontería!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Déjame en paz, Urso! ¡No te preocupesque no me voy a escapar, tu amo puede dormir esta noche tranquilo!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana respiraba con evidente dificultad ysu voz sonaba cascada; las lágrimas arrastraban la sangre que manaba de varioscortes en sus mejillas. La túnica estaba hecha jirones dejando al descubiertosu morena piel; se veían varios golpes y mordiscos en los pechos, el cuello ylas piernas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡No me ha ayudado nadie! ¡¡Nadie!! ¡Estees el castigo que, según tú, me merezco, verdad Urso! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Ana, déjame ayudarte –Hipia no podíacontener el llanto—. Calentaré agua y…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡No os necesito, a ninguno!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se recogió lo que quedaba de túnica ysalió corriendo. Urso la siguió hasta ver a dónde iba. La vio perderse por lapuerta de la cocina que daba al patio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Hace frío esta noche…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Déjala, Hipia. Por primera desde quellegó a esta casa tiene motivos para comportarse como lo hace –tomó la cara dela joven entre sus manos con extrema ternura. No se le podía ir de la cabeza laidea de que lo que le había sucedido a Ana le hubiera podido suceder a ella—.Se le pasará, ya lo verás. Es una mujer muy fuerte y no es ninguna niña.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El frío de la noche la recibió como unmanto protector. La luna llena iluminó su camino. Ana corrió enloquecida haciael arroyo que, por efecto de las lluvias de días pasados, estaba algo máscrecido. Se quitó la túnica y las prendas interiores rotas y se sumergió en elagua. El agua helada le impedía poder respirar, pero no se arredró. Se sumergióarrodillada hasta la cintura y se frotó el cuerpo con furia cada palmo de supiel, intentando que el agua arrastrara el asco que estaba clavado en sucorazón y que amenazaba con hacerla vomitar. Lloraba, aunque las lágrimas eraninútiles, vacías. Se tumbó en el arroyo y se sumergió entera de la cabeza a lospies. Sintió cómo la modesta fuerza del agua arrastraba su cuerpo llevándoselocon ella. Deseó dejar de respirar y fundirse; quizá así dejara de sentir, desufrir. Si abría la boca y dejaba que el agua helada entrara en sus pulmonessin vuelta atrás dejaría de sentirse tan sucia, tan miserable, tan sola. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Una benévola oscuridad se la tragaba pocoa poco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Unas manos la arrancaron de golpe delfrío abrazo del arroyo, sacándola con un brusco movimiento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡¡Vamos!! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La voz de Urso le llegó amortiguada porel zumbido que sentía en los oídos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El esclavo la abrigó con una gruesa mantay frotó su cuerpo con firmeza, con cuidado de no rozarle en los moratones queel tribuno le había hecho con sus golpes y mordiscos. Le dio varios golpecitosen el rostro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Venga, Ana, abre los ojos!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ella movió un poco los párpados, pero nolos pudo abrir porque le pesaban como si fueran lápidas. Urso se dio porsatisfecho. La cogió en brazos, la arrebujó en la manta, abrigándola, y sedirigió a la casa con paso tranquilo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Quieren los dioses que te tenga quearrancar de las fauces de la muerte más de una vez!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A Ana las palabras de Urso le sonaronextrañamente cariñosas, casi afectuosas, pero siempre tranquilas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Ayer dijiste –la voz de la mujer eraapenas un hilo— que si me volvieras a ver en la jaula… mirarías a otro lado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Urso no dijo nada. La abrigó mejor yentró en la cocina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Unllanto de niño le arrancó de los brazos del sueño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Abrió los ojos e intentó orientarse en laoscuridad de la noche. La luz entraba raudales a través de las ventanas,procedente del exterior. Miró y comprobó que una enorme luna colgaba del cielo.Se levantó del lecho. El suelo era de madera, cálido y suave. Avanzó despaciointentando no golpearse con el canto de alguno de los muebles que abarrotabanla habitación. Salió a un oscuro pasillo. No sabía por donde debía caminar, noconocía el sitio en el que se encontraba ¿o sí? El color de las paredes, leresultaba familiar y el aroma de la casa no le era extraño. El llanto cada vezse escuchaba más cerca. Se paró a la puerta de un cuarto. Asomó la cabeza. Enel suelo, sobre una sábana, descansaba un niño pequeño que lloraba sin consueloagitando brazos y piernas en un frenético movimiento. Entró en el cuarto, seagachó y lo acarició. La piel del niño ardía por la fiebre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No te puedo ayudar –le susurró— yo no tepuedo ayudar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El pequeño lloraba cada vez con másintensidad. Ella se tapó los oídos con las manos y cerró los ojos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El llanto cesó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Abrió los ojos otra vez y comprobó queestaba sentada en un extraño y estrechísimo cubículo, rodeada de vidrios rotos;el fuego y el humo entraban por las ventanas y le abrasaban la garganta y lapiel. El olor era nauseabundo, iba a vomitar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Miró su regazo. El niño reposaba inerte.No respiraba y tenía la carita negra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Gritó aterrada…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se sentó en el jergón, gritando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se llevó las manos a la boca intentandodetener una náusea.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En un instante todo volvió de golpe a sucabeza: la boca babosa de ese hombre sobre la suya, sus manos grasientasarañándole la piel, hurgando entre sus piernas. Su olor a sudor, el dolorcuando la penetró, el peso de su cuerpo, sus sacudidas y sus gemidos…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Lloró arrebatada por la angustia,pugnando por meter aire en sus pulmones. Se apretó la cabeza con las manos,quería arrancarse esas imágenes con las uñas, con los dientes si era preciso.El llanto no servía de nada, no consolaba nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Un gallo cantó en la lejanía una vez,dos. Amanecía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana se puso de pie con gran esfuerzo. Eldolor intenso de su cuerpo no era nada comparado con el asco que la asfixiaba.Se lavó con el agua fría que había en una palangana, se vistió y se peinó.Salió a la cocina y encendió la lumbre del hogar. Tomó una pera de un cesto, lalavó y le dio un mordisco. En un rincón de la cocina había un cesto de ropasucia. Lo tomó y salió al patio. Quizá si regresaba a su rutina diaria,recuperaría lo que le habían robado.&lt;span style="font-size: 16pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6505506571514897527-5384298815562823650?l=lolamontalvoescritora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/feeds/5384298815562823650/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2012/01/sanatio-capitulo-xii.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/5384298815562823650'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/5384298815562823650'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2012/01/sanatio-capitulo-xii.html' title='SANATIO: Capítulo XII'/><author><name>Lola Montalvo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18173352217445459305</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='19' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-fDC8uSVGMLE/TWFUqjI45zI/AAAAAAAAAMY/of_ZOAH01g8/s220/img020.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6505506571514897527.post-606023321177586602</id><published>2011-12-23T20:45:00.000+01:00</published><updated>2011-12-23T20:45:15.101+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sanatio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela histórica'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispalis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio César'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispania romana'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Domicio Calvino'/><title type='text'>SANATIO: Capítulo XI</title><content type='html'>&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Lithos Pro Regular';"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16.0pt; mso-bidi-font-family: Andalus; mso-bidi-font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: xx-small;"&gt;Relación de Capítulos publicados hasta ahora con sus enlaces en la barra lateral del blog&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Lithos Pro Regular';"&gt;Hispalis &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Lithos Pro Regular';"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;U&lt;/span&gt;n poco menos de mes y medio habían estado Galerio yUlpio fuera de Hispalis. El regreso fue mucho más fácil que la ida y másrápido. Los &lt;i&gt;auxilia&lt;/i&gt; lusitanos volvieron a sus montes y a &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Aeminium&lt;i&gt; &lt;/i&gt;con su tribu.Su trabajo había sido ejemplar y su colaboración muy valiosa. Ambos tribunostuvieron motivos más que suficientes para descartar sus sospechas sobre lafidelidad de Césaro y sus hombres. A principios de año se reunirían para iniciarla más que probable campaña contra los mauri y el rey Bogud, si las informaciones proporcionadas por Lucio Naevio,duunviro de Gades, no eran erradas y efectivamente se decidía esta vez a atacarla Ulterior.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A sullegada a Hispalis el legado de su legión, Tito Fabio Buteo, les recibió comosi regresaran de Farsalia. Él tampoco podía esconder su decepción al ver quesus hombres y él eran relegados de la ocasión que las salvajes tierras delnorte peninsular les brindaban. Pero la obediencia y la jerarquía eran máximasinviolables en el ejército de Roma y ningún gesto podía dejar entrever la rabiaque su corazón escondía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Un parde días pasó Marco Galerio en su campamento haciéndose cargo del acomodo de sushombres y sus monturas, reuniéndose con sus superiores, ocupándose de tareasmenores, pero necesarias para el buen funcionamiento de la unidad, embe-biéndose de una rutina que ni deseaba ni le satisfacía. Prefería seguir con sushombres en algún campamento lejano, organizando estrategias de lucha o asedio.Ante todo era un soldado y la inacción lo devoraba por dentro. Para él laciudad era un medio inútil donde sentía cómo su fuerza se marchitaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Losrumores le llegaron tan rápido como el viento es capaz de hacer llegar el olora descomposición de los muertos en el campo de batalla. Al principio no sabíamuy bien a quién hacían referencia, dado que todos en el campamento evitabandecirle a la cara lo que se murmuraba a sus espaldas. Fue Ulpio el que le trajolas nuevas con todo su significado. Marco Galerio y Cayo Ulpio se encontrabanen el campo de entrenamiento, fuera del campamento, viendo entrenar a losnuevos reclutas. El sol de la mañana por fin se había decidido a hacer algo másque permanecer colgado en el cielo y un agradable calorcillo les envolvía. Cayole explicó que en la ciudad de Hispalis había una nueva sanadora, una esclavaque, en el patio de la casa de su amo, atendía a todo el que se lo solicitaba.Estaba alcanzando una fama notable porque sabía más que los mejores médicos deRoma y curaba lo que muchos habían sido incapaces de curar jamás. Su sabiduríaestaba llegando a ser legendaria y su fama flotaba en el aire de la ciudad comosi se tratara de un regalo de los dioses.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Laspalabras le llegaron a Marco Galerio al tiempo que una ira incontrolable lehacía estallar el corazón y le nublaba la razón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana. Laesclava.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Notenía la más mínima duda, y Cayo Ulpio tampoco, que los rumores hacíanreferencia a su nueva esclava y su misterioso don de sanar y de arrancar a loshombres de las garras de la Parca. Ahora entendía la ausencia de Urso en elcampamento. Siempre que Galerio regresaba de alguna misión, Urso acudía afacilitarle la labor de acomodo y se hacía cargo de sus armas, su loriga ydemás enseres de su uniforme. Esta vez no había sido así. Inicialmente pensó enla posibilidad de que estuviera enfermo, como aquella vez que se había roto unapierna al caer de lo alto de un muro que estaba reparando, o que se hubieraausentado para realizar alguna gestión en algunas de las poblaciones vecinas.No. Estaba convencido de que Urso no había venido porque algo tenía que ver entodo esto y así debía ser sin lugar a dudas, dado que en su casa no se hacíanada en su ausencia sin que su esclavo lo permitiera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Marco,no vayas a enfadarte ni a matar a nadie a latigazos hasta que sepas cómo sonlos hechos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; AGalerio lo que más le irritaba, más aún que lo que en su casa pudiera estarsucediendo, era el tono condescendiente de su amigo. En el rostro de Ulpio sedibujaba una estúpida sonrisa que lo único que le indicaba era que se estabadivirtiendo sobremanera con sus problemas domésticos. No podía evitarlo pero laira le hacía cerrar las manos en férreos puños que casi poseían vida propia.Era un esfuerzo sobrehumano el controlarlos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Segúnme han contado, tu esclava visita sólo a otros esclavos, ésos que no tienen lasuerte de tenerte a ti como amo y que cuando enferman sólo les queda la opciónde morirse sin ensuciar demasiado y sin molestar a sus aristocráticos señores.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;—Prefiero ignorar esos rumores que me haces llegar impelido, supongo,por tu amistad hacia mí y no porque te haga una gracia enorme y te diviertascon todo esto. Esperaré a regresar a mi casa y, entonces, sabré con certeza loque sucede. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Lasonrisa socarrona de Ulpio no desapareció con sus palabras y Marco sóloconsiguió perderla de vista cuando su amigo se mezcló entre los legionariosnovatos que hacían la instrucción, mientras les gritaba y les insultabaponiendo en duda su habilidad y valor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Esamisma tarde Urso se presentó ante él. Con la misma falta de efusividad desiempre y con el gesto contenido habitual, le dio la bienvenida. Afirmó que sealegraba de su regreso y de que no hubiera sufrido ningún percance; Galerio nodudó ni un instante de su sinceridad. El esclavo le ayudó a recoger suspertenencias; esa tarde se marchaba a su &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;domus&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;. No tenía misión alguna que cumplir por ahora,excepto supervisar el entrenamiento de sus jinetes, pero ello no le obligaba apermanecer en el campamento más tiempo. No existía nada anómalo en elcomportamiento de Urso salvo que eludía su mirada. Marco lo conocía a laperfección. Eso indicaba que algo le incomodaba, pero que prefería no hablar deello. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Me heenterado de todo lo que está haciendo la nueva esclava en mi casa —dijo Galeriosin dejar mostrar su enojo—. Nada más regresar a la ciudad los malditoschismorreos se han ocupado de ponerme al corriente de los hechos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Lo sé.Me he encontrado con Cayo Ulpio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ursomiraba, ya por fin, a Galerio a los ojos con una mirada desprovista de miedo odesafío alguno. Lo único que reflejaba era la aceptación de algo inevitable;mostraba resignación. Marco intentó manifestar una actitud severa en todomomento. Se abstuvo de preguntar a Urso sobre lo que estaba pasando porque diopor supuesto que la responsable de lo que pudiera estar aconteciendo era únicay exclusivamente la nueva esclava, que desde su llegada a la casa habíaconseguido revolver la paz de la que tanto se vanagloriaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuandosus cosas estuvieron recogidas se pusieron en camino hacia su casa en laciudad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Encuanto entró por la puerta indicó a Urso que quería hablar con Ana en el &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;tablinum&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;. Allí había sido en el último lugar dondela había visto y donde la había reñido por el desagradable episodio con su tío.«Últimamente se está volviendo una incómoda costumbre –pensó Marco intentandocontrolar la ira—. Esta estúpida esclava se cree que puede hacer lo que leapetezca en mi casa y no se lo voy a consentir».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;—El amo quiere hablar contigo. Ahora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hipia yAna estaban limpiando dos gallinas para la cena. Ambas se encontraban deespaldas, sentadas en un banco junto al hogar, echando en una saca las plumasque más tarde limpiarían y aprovecharían para rellenar cojines y almohadas.Hablaban de sus cosas y reían divertidas, cuando Urso irrumpió sin previoaviso. Giraron la cabeza al mismo tiempo, sorprendidas. Hipia se puso en piecomo impelida por un resorte y se acercó al esclavo, preocupada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Conquién quiere hablar el amo? –su voz mostraba angustia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Conella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Elesclavo señaló a Ana con un movimiento de barbilla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hipiamiró a la mujer con aprensión. Urso tenía clavados sus ojos en Ana como dospuñales. Ella seguía sentada; había girado la cabeza en un primer momento antela entrada de Urso, pero nuevamente volvió sus ojos a su labor y continuóretirando plumas del animal muerto con dedos temblorosos y torpes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Ahoramismo. Te espera en el &lt;i&gt;tablinum.&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sinmediar palabra, Ana se puso en pie. Se acercó a una artesa con agua y se lavólas manos. Se secó con un lienzo y sin mirar a nadie ni decir nada salió de lacocina con paso raudo camino de la sala en la que le esperaba el amo. No sepreocupó de que Urso o Hipia le acompañaran. No hacía falta que le indicarandónde estaba la sala, a esas alturas se conocía la casa como la palma de sumano. De hecho su pequeño mundo se reducía exclusivamente a esa casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Anaentró en la sala al mismo tiempo que Ulpio entraba en la misma por el accesoque daba al peristilo; en el último momento, había decidido pasarse por la &lt;i&gt;domus&lt;/i&gt;de Marco a ver cómo resolvía el percance doméstico. La esclava se situó frentea Marco que estaba sentado en una de las sillas con las piernas estiradas mientrassaboreaba algo que bebía de una copa de terracota. Dedujo que sería vino, elmismo que se encontraba en una jarra que Ana había colocado en una mesita bajajunto a la pared una hora antes y que en ese momento se servía Cayo Ulpio sinapartar ojo de ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; CuandoMarco Galerio la vio entrar le costó un titánico esfuerzo no dejar entrever susorpresa ante la apariencia de la esclava; pero aparecer turbado era lo últimoque deseaba, necesitaba presentar un aspecto severo y duro frente a ella. Habíaestado ausente sólo unas semanas, muy pocas para lo que era su deseo, y lamujer había sufrido un cambio espectacular en su apariencia en ese mes y medioescaso. El cabello, que siempre había parecido moreno, se mostraba ondulado yrubio oscuro, le había crecido casi un palmo; se lo cubría a duras penas con unpaño, aunque varias ondas rebeldes se salían de donde se esperaba quepermanecieran y enmarcaban su cara. Sus enormes ojos, entre verde y marrón, nomostraban ni el más mínimo atisbo de temor… ni de prudencia, dado que volvían amirar retadores a su alrededor. A Marco seguía sin parecerle guapa, la boca, yasin restos de heridas ni moratones, le parecía demasiado grande, los labiosgruesos, su rostro excesivamente anguloso. Pero irradiaba una seguridad que leproporcionaba un digno porte que la embellecía, sin lugar a dudas. Galerioapenas prestó atención a Ulpio que acercó una silla a la suya y se sentó conlentos movimientos mientras observaba, analizaba más bien, los cambios operadosen el aspecto y la actitud de la esclava. Su gesto evidenciaba su sorpresa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Si Anapercibió la tensión que se había generado en la sala con su presencia, no lodejó entrever. Por el rabillo del ojo vio cómo entraban en el &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;tablinum&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Hipia y Urso y se situaban un paso detrásde ella. «Ya estamos todos, puede empezar la fiesta», estuvo a punto de decirAna, con una mezcla de amargura y enfado por su mala suerte. Hiciera lo quehiciera siempre volvía a tener que comparecer ante este hombre de gesto adustoy fiero, que no parecía en absoluto el dechado de virtudes que día a día Hipiale dibujaba, describiéndole como un amo bueno y paciente, que se desvivía porel bienestar de sus sirvientes. Una vez más se preguntó si sería verdad que élfue su salvador en aquél mercado de Gades y una vez más se negó a creer que elaltruismo fuera el motivo que impulsó tan buenas acciones hacia su persona. Enel fondo de su corazón sentía cómo el amo destilaba hacia ella un desprecio queno llegaba a entender y que le revolvía las entrañas, obligándola a rebelarsecontra su suerte. Esa actitud altanera y prepotente por parte de Marco Galerio,que dirigía directamente hacia ella y hacia nadie más, la impulsaba a ladesobediencia y a mostrar un orgullo nada oportuno dado su situación, según le gritabauna vocecilla en algún rincón de su cabeza. Sin el más mínimo atisbo deprudencia, se dedicó a devolver a Marco la mirada que en ella depositaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Elsilencio en la sala era atronador.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —EnHispalis todo el mundo habla de ti.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El esfuerzoque Galerio realizaba por contener su ira era evidente en el temblor de su vozy su ronco tono. Los nudillos de su mano aparecían blancos al cerrarse sobre lacopa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana nodijo ni hizo nada. Sus ojos seguían clavados en los de él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Mi casaestá en boca de todos y se habla de la esclava que sana lo que nadie más puede.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Silencio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcosuspiró enfurecido. La esclava, entendiendo que el hilo estaba a punto deromperse, bajó la vista por primera vez. Su soberbia había sido desplazada porel temor que ese hombre le inspiraba. Tenía muy claro que lo que hacía en elpatio estaba bien, que ayudaba a muchos esclavos enfermos, incluso moribundos,que a nadie importaban. Pero no sabía cómo defenderse sin acusar a Hipia o almudo consentimiento de Urso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcodejó la copa y se puso en pie tan rápidamente que los tres esclavos dieron unpaso atrás. En dos zancadas se colocó a un palmo escaso de Ana y acercó surostro al de ella, amenazante. Ana sintió cómo le temblaban las piernas, las manos,la cabeza. El amo era mucho más alto que ella y dos veces más corpulento, perono era eso lo que más la acongojaba: se había encorvado en parte para llegar ala altura de su cara y la actitud era de violencia contenida, como la de unanimal. Consciente de que no podía enfrentarse a quien siempre tendría las deganar, Ana bajó la cabeza, esperando el golpe que no tardaría en llegar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpiose puso en pie con gesto preocupado. La escena ya no era tan divertida comopintaba en un primer momento; Marco estaba más enojado de lo que se habíapensado y podría salir por cualquier lado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Quiénte crees que eres para convertir mi casa en un mercado? ¡¿Quién?! –gritóGalerio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Anaencogió los hombros a modo de protección ante los gritos y siguió callada.Ulpio se acercó a su amigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿A quéderecho te acoges para hacer lo que haces sin mi permiso? –A Marco le faltabael aire para respirar, estaba rojo de ira— ¿Quién te ha dicho…?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Yo!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; EraHipia la que había gritado más que hablado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hipiadio un paso adelante con el gesto demudado por el temor. Todos los ojos, menoslos de Ana, se dirigieron a ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Yo lepedí que ayudara a los esclavos enfermos –su voz tem- blaba penosamente, laslágrimas corrían por sus arreboladas meji- llas—. Ella sabe mucho, se podríadecir que los dioses le han dado un don. Se corrió la voz por la ciudad cuandosalvó al noble Cayo Galerio y muchos me pidieron que le preguntara si ella… siella podría ayudarlos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Lossollozos a duras penas contenidos se transformaron en llanto y en hipo, aunqueHipia no dejó que esto la detuviera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Túeres un buen amo, generoso. Un amo bueno. No todos tienen esa suerte y yo creíque no te… Cuando se lo pedí a Ana, ella se negó porque pensó que no te gustaría,que te enfadarías una vez más con ella, que era preciso tu permiso, pero yo laconvencí... Le expliqué la penosa situación de muchos de ellos. Y ella accedió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Elgesto de Marco era de estupor. Miraba a Hipia como si la viera por vez primera.Ana, tan cerca de él que podía sentir su calor, su olor, permanecía con lacabeza baja, los ojos cerrados, las lágrimas corriendo por sus mejillas.Galerio entendió la situación; lanzó una intensa mirada a Urso que recibió elfuego de sus ojos con gesto sereno. Sin pronunciar sonido alguno, Marcopreguntó a su apreciado esclavo y él asintió con un escueto movimiento decabeza. Ya estaba todo explicado y Ana aún no había dicho una sola palabra. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Galeriobajó los ojos hacia la mujer. Ella sentía su agitada respiración, su lucha porcontrolar la ira y, aterrorizada, permaneció aún con la cabeza baja. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Pareceque ya está todo aclarado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Elagradable tono de voz de Ulpio sirvió de bálsamo apaciguador, que rebajó engran medida la tensión que se respiraba en esa sala. Marco aprovechó el puntode ruptura que su amigo le había brindado y retrocedió un par de pasos, pero noapartó la mirada de la esclava. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;—¡Mírame, mujer!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Analevantó el rostro, aunque mantuvo los ojos bajos. Le humi- llaba sentirsetratada como una cosa. Ni siquiera se dignaba a llamarla por su nombre que yaconocía de sobra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;—¿Cuántos esclavos recibes al día?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Eltono, ahora más relajado, de Marco animó a Ana a volver a mirarlo. Él no pudoevitar un escalofrío cuando sus bonitos ojos se posaron en los suyos. Ya noeran retadores, buscaban conciliación y paz. Brillantes por las lágrimas leparecieron hermosísimos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Deocho a diez, depende del día —contestó Ana en un susurro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Aunqueintentó con todas sus fuerzas proporcionarle a su voz la fuerza que poco a pocovolvía a fluir por sus venas, no pudo evitar que le temblara. Ulpio apareciónuevamente en su campo de visión, tras Galerio, y su penetrante mirada ayudó arobarle el escaso aplomo que había recuperado. Ese hombre la miraba de unaforma que la desarmaba, la aniquilaba con esa extraña mezcla de curiosidad ybravuconería.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;—¿Cobras por tus servicios? –preguntó nuevamente Marco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Nadaen absoluto, aunque algunos me han hecho algún pequeño obsequio deagradecimiento. Cosas sin valor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;—¿Cumples con las obligaciones que te corresponden en la casa?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Selevanta antes que nadie para que le dé tiempo a todo. Nunca ha dejado nada porhacer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A todosles sorprendió la intervención de Urso con su voz tranquila, grave, pausada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcoavanzó, una vez más, un paso hacia Ana que hizo grandes esfuerzos porpermanecer serena, inmutable.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Jamáste acercarás a persona libre alguna, sea ciudadano romano o no. Jamás cobraráspor tus servicios. Jamás postergarás tus obligaciones para atender a nadie.Tendrás que hacerlo de tal forma que, mientras yo esté en esta casa, ni meentere de trasiego alguno de esclavos ni de sus chácharas ni de sus ruidos.¿Está suficientemente claro?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Sí, loestá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcoobservó el sutil cambio que había sufrido la expresión de Ana. Su rostrobrillaba con una contenida alegría que se apreciaba por el brillo de miel ymusgo de sus ojos. Se sorprendió observando un mechón de ondulados cabellos quese le había quedado enganchando en las pestañas y que se movía al ritmo de supausado parpadeo. Contuvo el necio impulso de apartarlo. Galerio cerró losojos; se sentía cansado, abatido, y sólo se le pasaban por la cabeza ideasestúpidas. Se giró y dio la espalda a los esclavos. No se le escapó el gesto depreocupación de Ulpio y la intensa mirada que dirigía a la esclava.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Ahoravete. ¡Idos todos a cumplir con vuestras obligaciones! –chilló Galerio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hipia,Urso y Ana se marcharon en silencio. Nadie pudo ver la mirada de complicidad yla&amp;nbsp; sonrisa de alegría que compartieronlas dos mujeres camino de la cocina. «Sí –pensó Ana—, una vez más he salidobien parada, pero este hombre me odia a muerte y a la primera oportunidad quetenga me hará pagar todas mis pequeñas victorias». Tampoco podía dejar depensar en cómo se las apañarían a partir de ese día para esconder sus salidas,muchas de ellas nocturnas. Llevaba ya siete u ocho partos difíciles en los quehabía tenido que acudir a la casa de la parturienta y estar ausente variashoras, sin contar las visitas a los moribundos. Mientras que el amo habíaestado fuera, la cosa no había sido difícil de solventar, pero ahora que estabaen la casa la cuestión tomaba un cariz distinto. «Estoy metida en un buen lío yno veo cómo voy a poder poner solución a esto. No puedo demostrar que soy unapersona libre; sin pruebas ese hombre jamás me dejará libre así como así y,ahora menos que nunca, después de dos partidas ganadas a su soberbia. No hayvuelta atrás y esto sólo puede ir a peor». &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ursosalió al patio sin decir palabra. Hipia se dispuso a preparar la cena. Ana sesentó en el banco y terminó de desplumar las gallinas; suspiró profundamenteintentando controlar el miedo que le atenazaba el corazón. Decidió que lo mejorera volver a sus quehaceres. Estar ocupada y no pensar demasiado, porque lo quetuviera que suceder, sucedería.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En el &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;tablinum&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Marco se llenó hasta arriba la copa con perfumado vino y la vació deun solo trago. Cayo Ulpio, a su espalda, daba pequeños sorbos del suyo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Marco,no entiendo por qué odias tanto a esa mujer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Estásequivocado, no la odio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Latensión y el agotamiento transformaron su voz en un ronquido profundo, casicavernoso. Volvió a llenarse la copa y se sentó junto a su amigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Esamujer tan extraña y tan soberbia, me reta constantemente con su actitud, con suporte altanero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Secomporta como lo que ella afirma que es: una persona libre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcosoltó una cínica carcajada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Hastahace poco no recordaba ni su nombre y ahora resulta que recuerda, sin ningunasombra de duda, que es una persona libre!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Ursome contó que todos los indicios…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcose puso en pie irritado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Dejaya de hablar de cuestiones estúpidas, Ulpio! No entiendo qué le ves a esaesclava para que la defiendas tanto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; CayoUlpio se levantó y se acercó a su amigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Porqué no me la vendes?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Galeriodibujó en sus labios algo parecido a una sonrisa, pero sus ojos permanecierontan vacíos como un pozo seco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Sí,quizá esa sería la mejor solución: perderla de vista –aún sonriente palmeóafectuosamente el hombro de Ulpio—. Déjame que me lo piense. En unos díashablamos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcovolvió a vaciar de un trago su copa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;—Supongo que te quedas a cenar conmigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Porsupuesto, amigo –dijo Ulpio con tono desenfadado—, jamás me perdería un guisode Hipia; los dioses no me lo perdonarían.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ambosrieron y se dirigieron al triclinio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En losúltimos tiempos a Ulpio ya no le gustaba tanto compartir sus ratos deesparcimiento con Marco Galerio. Se había vuelto huraño, de agrio carácter,desagradable cuando bebía, lo que era cada vez más frecuente. Consideraba laposibilidad de que los acontecimientos de cuatro años atrás hubieran dejado máshuella de la que en apariencia se apreciaba. Pero también consideraba como másque probable que la nueva esclava tuviera algo que ver en lo que le sucedía. Lamujer le retaba constantemente con su actitud, jugaba con un fuego que podíaabrasarle las manos, aunque hoy había comprobado cómo ella se había batido enretirada, con una acertada prudencia, cuando Marco estaba a punto de perder elcontrol. Había sido un episodio desagradable, casi ridículo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No. Hoyno era el día que más le apetecía compartir cena con su amigo y, sin embargo,se quedaba. La excusa podrían ser las sabrosas viandas que Hipia preparaba,pero no lo era. Ulpio debía reconocer que en el fondo de su corazón ansiabavolver a ver a Ana, aunque sólo fuera un instante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Su traje de novia era muy bonito. Sonreía y erafeliz. El cabello, recogido en un hermoso peinado, aparecía decorado con floresfrescas que llenaban su espíritu con su agradable aroma. Varias mujeresrevoloteaban a su alrededor acicalándola y gastándole bromas subidas de tono,mientras sus risas llenaban de ecos cantarines la habitación. Por la ventana elcielo era azul, luminoso. Un relámpago lejano anunció la tormenta que seacercaba. Entonces, negras nubes apagaron el sol, tiñendo la escasa luz dematices grisáceos. Las flores de su cabello se marchitaron. Su bonito vestidose tornó negro y hediondos jirones cubrieron su cuerpo. Sintió un intenso doloren el vientre. Con las dos manos se palpó el prominente abdomen que se contraíabrutalmente en unas insoportables sacudidas. Quiso pedir ayuda a las mujeresque con ella estaban, pero cuando miró a su alrededor todas habíandesaparecido. Las piernas le flaquearon haciéndola caer al suelo y el dolorllegó al límite de lo que podía aguantar. Su vientre se rasgó de lado a lado.La sangre manaba a borbotones. «¡Voy a morir y mi pequeño también!». Cerró losojos y sintió una brutal sacudida. Cuando se atrevió a mirar el fuego lorodeaba todo, el humo no la dejaba respirar y el cuerpecito de su pequeñodescansaba sobre su regazo, inerte y frío. Lloró desesperadamente, sin embargo,de sus ojos no brotó ni una lágrima. Varias voces lejanas la llamaron; decenasde manos aparecieron a su alrededor invitándola a asirlas y a salir de eseinfierno, pero ella sólo quería llorar y que su pequeño volviera a abrir losojos…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Un gritodesgarrador. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana sedespertó sobresaltada. Estaba empapada en sudor, temblorosa. Se incorporó y sepalpó el rostro que encontró húmedo y pringoso. Esta pesadilla había sido muchopeor que todas las que plagaban sus sueños noche tras noche… ¡Había sentidotanto dolor, tanta angustia, era todo tan real! Se palpó el vientre con laaprensión de encontrarlo desgarrado. Se levantó la camisa y buscó en la pielalguna cicatriz, alguna marca. Apenas había luz y no pudo apreciar nadaextraño. Se tumbó, dejándose caer agotada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cerrólos ojos esforzándose por recuperar la calma. Las imágenes volvían nuevamenteen toda su crudeza, plagadas de detalles, de olores, de sonidos. «Esto no esuna pesadilla –pensó horrorizada—, esto lo he vivido de verdad, sea lo que sealo que representa»&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Elsueño esa noche no volvió a buscarla. Tras la oscuridad de sus párpados sóloveía la carita de un precioso niño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; «Mihijo»&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Gracias al jabón y a la lejía que había elaboradocon cenizas, la tarea de lavar la ropa era bastante llevadera. Los primerosdías se le llenaron las manos de heridas y grietas y el dolor llegó a serinsoportable porque, aunque el jabón funcionaba, frotar había que frotar paraque algunas manchas desaparecieran. Por la noche se las envolvía en lienzosimpregnados de aceite de oliva y vinagre, pero al día siguiente, al retomar sutarea, volvían a sangrar y a dolerle. Según fueron pasando los días, la piel sele curtió y ya no era tan frecuente que se le abrieran grietas. El problemaentonces fue el frío. Para poder atender a los esclavos que empezaban aaparecer por el patio hacia media mañana, debía iniciar su trabajo nada mássalir el sol, por lo que el aire frío de esas horas le cortaba, incluso, larespiración y le convertía las manos en dos trozos de madera insensibles, loque dificultaba su labor. Eso sí, según iba lavando y frotando entraba en calory raro era el día que no terminaba sudorosa y arrebolada por el esfuerzo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Lanoche casi en vela que había pasado después de despertar por las pesadillas lerobó la vitalidad de la que disfrutaba cada día. Era eso lo que la tenía tanabatida o quizá el hecho de saber que el amo se quedaría en la casa durante untiempo indefinido, ya que hasta principios de año no tenía obligaciones con sulegión. Varios problemas se arremolinaban en su cabeza y le quitaban laserenidad de la que había gozado varias semanas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Dospiezas de ropa le quedaban por aclarar. Como eran blancas, las metería en lejíapara que desapareciera el tono amarronado que le daba el uso. Aún de rodillas,las escurrió retorciéndolas para quitar el exceso de agua.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Sí queempiezas temprano a trabajar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana dioun respingo y soltó un exabrupto en su idioma por el susto, al tiempo que segiraba hacia el origen de la inesperada voz y se llevaba una mano al pecho. Larisa de Ulpio no tardó en llenar la mañana, un sonido agradable en medio detantas preocupaciones que abarrotaban su corazón. La mujer se puso en pie y recogiólas prendas del agua. Ganas le daban de golpear al hombre con una de ellas enla cara por haber tenido la mala idea de asustarla. Aún sentía el corazón en lagarganta por la impresión. Por allí casi nunca iba nadie, ni siquiera Hipia oUrso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Notengo ni idea de lo que ha salido de tu boca, pero por el tono y tu ceño,juraría a que ha sido algo nada digno de una señora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ananotó cómo su enfado crecía al mismo ritmo que la sonrisa aumentaba en esa carade hombre-libre-rico-satisfecho-de-sí-mismo.&amp;nbsp;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Estamarca en mi brazo –se señaló la marca de esclava— indica que no lo soy, por lotanto puedo decir lo que me de la gana. Además no creo que ninguna señora tengaque lavar la mierda de otros en un río helado y de rodillas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpiose rió nuevamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Veoque tanto en tu lengua como en la nuestra encuentras siempre la palabraadecuada para cada momento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Laesclava se dispuso a coger la cesta con la ropa ya lavada, pero Ulpio seinterpuso en su camino. Ella le miró. Él aún sonreía, aun- que, lejos de ser ungesto socarrón o cínico, era una sonrisa que pretendía mostrara sus amistosasintenciones. Aún así, Ana desconfió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Noquiero burlarme de ti –Cayo dio un paso atrás intentando mostrar una actitudconciliadora—. Siento por ti un respeto que no sentiría jamás por muchasaristocráticas señoras de esta ciudad ni de Roma, créeme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Anaignoró sus palabras y, dando un amplio rodeo alrededor de Ulpio, tomó su cestadel suelo, añadiendo las dos prendas de ropa. Sin volverse hacia él, tomócamino hacia la casa. Cayo la siguió dos, tres pasos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Mepareces una persona muy interesante y estoy convencido de que eres una mujerlibre –Ana se detuvo pero no se giró. Cayo se animó—. Sólo hay que verte cómohablas, con qué aplomo te mueves, con qué confianza miras a los ojos de losdemás. Lo haces como alguien habituado a ello.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ellaseguía de espaldas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Y dequé me sirve que tú me creas? No eres mi amo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpiose acercó a ella por detrás.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —MarcoGalerio es mi mejor amigo. Habrás visto que cuando le hablo me escucha, queconsigo que apacigüe un tanto su enfado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana sevolvió y le miró directamente a los ojos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Quéquieres de mí?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpiole ofreció su mejor sonrisa que a ella se le contagió pero que se esforzó porcontener.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Sólome gustaría hablar contigo, quizá ser tu amigo, como lo son Urso o Hipia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Elamigo de los esclavos. Seguro que te gusta repetírtelo todos los días cuando elsol se pone y te vas a dormir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Porprimera vez, Ulpio no supo qué decir. Ella se envalentonó. Dejó la cesta en elsuelo sin dejar de mirarlo y tomó aire.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Sólote mueve una morbosa curiosidad, lo veo en tus ojos. Te preguntas qué clase demujer soy, de dónde vengo, quién soy. Te divierte muchísimo ver cómo meenfrento a… al amo, pero me ves como si fuera un animal extraño; asistes a losjuicios a los que tu gran amigo me somete como el que acude al circo. Yo nonecesito a alguien como tú. He entendido que estoy sola, no me tengo ni a mí misma.Estoy a la mitad, no me recuerdo, no me reconozco y sufro por ello. Y eso noparece importarle a nadie y menos a ti. Tú sólo buscas en mí diversión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sinpoder vencer el impulso, Ulpio la cogió por un brazo, enfadado. Apretódemasiado, sin desearlo. Ella se retorció intentando desasirse y evitando contodas sus fuerzas soltar un lamento de dolor; en ningún momento apartó sumirada de los ojos de él. La rabia superaba cualquier otra sensación. Elforcejeo sólo duró un instante y, por fin, Ulpio soltó su presa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Anacogió nuevamente su cesta con una rabia contenida. Se moría de ganas demasajearse el dolorido brazo que le latía intensamente, aunque antes preferíacaer muerta que mostrar el daño que le había hecho. Sentía la garganta prietapor el llanto, pero respiró hondo. Él la miraba con cierto arrepentimiento quefue rápidamente superado por el orgullo con el que inmediatamente brillaron susojos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ella seaclaró la garganta, tomó aire y le espetó con ironía:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Ves?No te necesito. Si buscara a alguien, que no lo busco, sería una persona quecreyera en mí y en mi condición de libre. Tú dices creerme, pero en cuanto tehablo como si lo fuera no dudas en hacerme volver al lugar que todos vosotrosme habéis asignado. Y te aseguro que ese no es mi sitio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpioavanzó un paso hacia ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Noestoy acostumbrado a que me hablen como lo haces tú. Pocas mujeres se comportano hablan como tú.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El tonode voz de Cayo ya no era relajado ni divertido. Sus ojos se habían oscurecidoal apagarse en su rostro su sonrisa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —MarcoGalerio tampoco acepta ese tono. Ninguna persona libre lo aceptará. Eso debescomprenderlo. No sé de donde vienes ni cómo son las costumbres de tu pueblo,pero no está de más que aprendas cómo son las costumbres en Roma. Conseguiríasmucho más de Galerio –prosiguió con un tono más suave, una sonrisa nuevamenteasomando en sus labios— si no fueras tan altanera ni tan soberbia ni tancontundente. Ponle algo de miel a tus palabras, no invites a la guerra con tusojos y Marco será más benévolo. Cualquier otro en su lugar ya te habríaarrancado la piel a latigazos, no lo dudes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Medices que me comporte como una esclava…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Tedigo que te comportes como una mujer romana de buena cuna y exquisita familia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpiosonrió. Sus ojos volvieron a brillar entre azul y verde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Semiraron durante un instante. Ana sopesó sus palabras y no pudo contener unasonrisa contagiada por la de él. Parecía tan sincero que necesitaba creerle.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Quizátengas razón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Latengo. La tengo, no lo dudes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana sevolvió y caminó varios pasos hacia la casa, creyendo la conversación porfinalizada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Escierto que siento curiosidad por ti –dijo Ulpio; ella detuvo sus pasos una vezmás y se giró—, ya has visto que no es muy habitual encontrar a nadie como túpor aquí. Sin embargo, no creo que eso deba ser algo que te produzca rechazo.Yo puedo serte muy útil.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ella lemiró, aunque no dijo nada. Él avanzó un poco más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Escierto también que has tenido suerte de encontrar en tu camino a alguien comoMarco Galerio. Pocos hay como él. Pero… pero no puedo dejar de pensar quéhabría pasado si el que te hubiera encontrado en ese mercado de Gades hubierasido yo y no él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No pudointerpretar su gesto ni la expresión de sus ojos. Ana estaba desconcertada.Quizá estaba jugando con ella y no entendía las reglas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Suspiró. Prefirió ser prudente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Aseguróla cesta en su cadera, se volvió y continuó su camino hacia la casa sin añadirnada más. Porque nada de lo que se le ocurría sería bien recibido por un hombrecomo él. Necesitaba un aliado, alguien en el bando de los ganadores que leindicara el camino. Mejor éste que ninguno. Por eso era mejor no añadir nadamás.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpiovio cómo se alejaba Ana hacia la casa. La mujer se había permitido la últimadesfachatez: la de marcharse sin despedirse con respeto como era esperado,dándole la espalda. Se agachó y tomó unas piedrecillas del suelo que lanzó alarroyo sin dejar de sonreír y sin saber qué pensar de una mujer tan extraña.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ni Anani Ulpio se dieron cuenta de que alguien los miraba. Desde el otro lado delarroyo, tras un pequeño grupo de árboles, Urso les observaba sin perderdetalle. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6505506571514897527-606023321177586602?l=lolamontalvoescritora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/feeds/606023321177586602/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2011/12/sanatio-capitulo-xi.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/606023321177586602'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/606023321177586602'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2011/12/sanatio-capitulo-xi.html' title='SANATIO: Capítulo XI'/><author><name>Lola Montalvo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18173352217445459305</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='19' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-fDC8uSVGMLE/TWFUqjI45zI/AAAAAAAAAMY/of_ZOAH01g8/s220/img020.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6505506571514897527.post-4240447096556684892</id><published>2011-12-11T20:19:00.000+01:00</published><updated>2011-12-11T20:19:12.342+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sanatio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Legiones romanas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispalis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lusitania'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='vetones'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio César'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispania romana'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Domicio Calvino'/><title type='text'>SANATIO: Capítulo X</title><content type='html'>&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16.0pt; mso-bidi-font-family: Andalus; mso-bidi-font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: xx-small;"&gt;Relación de Capítulos publicados hasta ahora con sus enlaces en la barra lateral del blog&lt;/span&gt;&amp;nbsp;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;h3&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Lithos Pro Regular'; font-weight: normal;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Tierrasde lusitanos y vetones&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;E&lt;/span&gt;lcampamento de los lusitanos se encontraba a algo menos de media milla del quelos romanos se habían construido cerca del río Zêzere. Desde que Marco Galerioy sus turmas se habían reunido con Cayo Ulpio y sus tropas esa misma tarde, nohabían vuelto a encontrar rastros o indicios de los hombres y jinetes que leshabían seguido desde &lt;i&gt;Civitas Igaeditanorum&lt;/i&gt;; se habían disipado como la niebla. Marco le refirió a Ulpio sus dudasy la posibilidad de que se tratara, no sólo de astures, sino de hombres deCésaro cuya misión fuera vigilar sus pasos hasta el punto de encuentro. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No mepreocupa demasiado que puedan ser lusitanos –afirmó con gravedad Ulpio—, mepreocupa que se trate de astures. Estas tierras no son las suyas y que sealejen tanto de su territorio sólo puede significar una cosa: que se estánpreparando, que están revisando la zona por la que tienen intenciones deatacar, que es justo la más débil de esta provincia. Con apenas destacamentos ycasi ninguna ciudad de importancia que pueda cerrarles el paso, estas tierrasson prácticamente un coladero. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Daré órdenes de que parta un mensajerohacia Cordura con una carta tuya para el gobernador.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio asintió, serio y se dispuso aredactar el escrito en un papiro. Le gustaba que Marco Galerio y él volvieran aestar juntos de servicio. Ambos sabían a la perfección qué pensaba el otro entodo momento; eso hacía innecesarias muchas órdenes banales y lasreiteraciones. A lo que no se acostumbraba ninguno de los dos era a ladiferencia de rango. Siempre habían tenido el mismo grado, pero ahora no. Elcargo de tribuno angusticlavio de Ulpio lo convertía en inmediato superior deMarco y oraba a diario a los dioses que pudieran escucharle para que eso no lesenfrentara jamás, cosa poco probable dado el carácter respetuoso de Galerio conla jerarquía, pero en absoluto imposible, si recordaba los enfrentamientospasados años atrás entre los dos, de los que no habían hablado jamás y que, porlo tanto, aún no habían solventado. Se habían limitado a coser la herida y nole habían extraído antes la ponzoña que la había envenenado. Los dos pretendíanretomar su amistad en el punto donde la habían dejado cuatro años atrás, antesde que todo empezara a complicarse como lo hizo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco Galerio se levantó y salió de latienda. Mantuvo unas palabras con el jefe de su guardia que esperaba a lapuerta, mientras Ulpio escribía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Tengo entendido que Roma le ha concedidoa Cneo Domicio una legión más, para afrontar estas tierras y la de los asturesy cántabros –afirmó Ulpio cuando Galerio regresó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Sería lo más adecuado. Con sólo doslegiones no se puede defender y batir un territorio tan basto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Un decurión pidió permiso para entrar.Ulpio se lo dio con un gesto de su mano sin levantar la vista de su cálamo ysin dejar de escribir. El hombre hizo el saludo de rigor y habló: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Nobles tribunos, he avisado a loscenturiones para que se reúnan con vosotros, tal como habéis ordenado y dosjinetes estarán prestos para partir hacia Corduba una hora antes de amanecer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Muy bien, decurión –dijo Marco—. Puedesretirarte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El hombre saludó con el brazo y sedispuso a salir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Apio Póstumo –el decurión se giró denuevo ante la llamada de Ulpio—. Que los centinelas informen cada hora de losmovimientos del campamento lusitano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Como ordenes, tribuno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Nuevo saludo y el decurión se perdió, yasí, en la oscura noche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio terminó de escribir en la tablilla,la cerró y la selló. Marco se sentó en una silla frente a él, dejando caer todoel peso de golpe en tan minúsculo mueble y poniendo a prueba su resistencia. Lasilla crujió a modo de protesta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio se recostó en el escueto respaldode la suya.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Te veo muy cansado, Marco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Galerio suspiró y se masajeó el puente dela nariz con los dedos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No duermo bien, eso es todo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Nos quedan aún largas jornadas detrabajo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco le fulminó con la mirada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No te preocupes, tribuno, cumpliré conlo que se espera de mí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No pongo en duda, ni por un momento, tucapacidad –Ulpio sonrió conciliador—. Quiero que trabajemos juntos como antes.Que seamos un solo cuerpo con dos inteligencias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco observó detenidamente a su amigo.Ulpio no supo interpretar su intensa mirada. Agradeció que tan tenso momento seviera interrumpido por la entrada de los centuriones de ambas unidades, quetras los saludos de rigor, se pusieron con los tribunos a delimitar suestrategia de los próximos días y a definir la asamblea que al día siguientesostendrían con los jefes lusitanos. La reunión terminó un poco antes demedianoche. Tras irse a descansar a su tienda, Galerio consiguió arrancarle ala noche algunas horas de sueño, aunque plagadas de pesadillas desconcertantesque, lejos de proporcionarle descanso, contribuyeron a dejar su cuerpo como sihubiera sido pisoteado por una manada de caballos salvajes. El humor con queafrontó la mañana era acorde con el aspecto del cielo, que les recibió deamanecida plagado de negras, espesas nubes y un gélido viento que escocía en lapiel.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Mediante el intercambio de mensajeros,ambos grupos acordaron reunirse en el campamento romano. Pasaban dos horasdesde el amanecer cuando, por la ladera, los centinelas vieron acercarse unacomitiva formada por unos cincuenta jinetes, dirigida por el que abría lamarcha y que controlaba el paso de los demás a base de gestos con sus manos ysilbidos. Los caballos avanzaban en un ligero trote que denotaba la aparentedespreocupación de quienes los montaban, importante carta de presentación a lahora de ser recibidos por la representación en aquellas tierras del imponentepoder militar de Roma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A las puertas del campamento lesesperaban, desde que habían sido avistados por los centinelas, el tribunoangusticlavio, Cayo Ulpio y el tribuno de caballería, Marco Galerio, ambosescoltados por todos los centuriones de ambos cuerpos y sus correspondientesportaestandartes, aparte de una guardia de diez hombres por cada cuerpo. Marcohabía insistido en que debían recibir a los lusitanos a caballo, pero Ulpio senegó en rotundo; afirmó que los gestos en este tipo de situaciones sonfundamentales. Al recibir a Césaro y sus gentes a pie mostraban una actitudamistosa, no beligerante y se les reconocía su autoridad dentro de su tribupara negociar asuntos tan vitales. En definitiva se les reconocía su valía y suimportancia para Roma. Sin embargo, ello no era óbice para que, dentro delrecinto del campamento, casi todos los legionarios y la mayoría de lacaballería, permanecieran alertas con sus armas en la mano dispuestos a actuarrápidamente ante cualquier movimiento de ataque inesperado por parte de loslusitanos. Era necesario mostrar confianza en un posible aliado, pero nunca eraaceptable el exceso de dicha virtud ni bajar la guardia. La propia vida y la demuchos hombres estaban en juego.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Césaro hizo un gesto con la mano a sushombres y todos se detuvieron a la vez, a unos veinte pasos de larepresentación romana. De un simple vistazo se reconocía quién mandaba entreesos hombres aunque todos mostraban una vestimenta similar formada por túnicascortas hasta las rodillas, petos de cuero o metal, abrigados con &lt;i&gt;sagum&lt;/i&gt;,con trapos enrollados en las pantorrillas, la mayoría descalzos. Portaban unescudo redondeado colgado a la espalda y una espada corta y recta que sujetabana un lado de su montura; ningún emblema adornaba sus ropas o yelmos que losdiferenciara unos de otros, mostrando alguna jerarquía. La majestuosidad deljefe lusitano, que se presentaba algo más avanzado con respecto al resto,estaba en su porte, en su semblante atento y grave, en su mirada suspicaz,inteligente. De tez morena, cabello negro y largo que le enmarcaba un rostroduro, con largo bigote y barba de igual tono que daba a su cara un aspecto másmaduro de lo que era en realidad. Los ojos de los romanos se posaron todos auna en este hombre singular como se haría con un gato salvaje a punto de saltarsobre sus rostros. El silencio era sólo roto por el trinar lejano y vibrante delos pájaros en las riveras del río, el piafar inquieto de alguna de lasmonturas y el golpe sordo de sus cascos en la tierra húmeda. Ambos bandos seobservaban con detenimiento. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio se adelantó un par de pasos,levantó su brazo a modo de saludo y les habló en su lengua:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; — &lt;i&gt;Osdamos la bienvenida en nombre de Roma y su pueblo. Os recibimos en paz en nuestrocampamento y os agradecemos vuestra comparecencia.&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Césaro contuvo una sonrisa; un brilloburlón iluminó sus oscuros ojos que semejaron jades. Levantó su brazo imitandoel gesto del oficial romano y luego cerró su mano en un puño al tiempo que cruzabael brazo sobre su pecho. Sin mediar aún palabra alguna hizo otro gesto con sumano y, al tiempo que él y seis de sus hombres descabalgaban, el resto tomaronlas vacías monturas por sus riendas y se retiraron varios pies más allá; nuncademasiado lejos de su jefe.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Sed bienvenidos, romanos –Césaro hablabaen un aceptable latín—. Siempre es agradable ser recibido por extranjeros quese toman la molestia de hablar en nuestra lengua, pero las vicisitudes de losúltimos años nos han hecho entender que también es preciso dominar el idiomadel conquistador; así es más fácil saber cuales pueden ser sus pensamientos,sus intenciones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El semblante de Césaro se iluminó en unaenorme y radiante sonrisa de autocomplacencia. A Cayo Ulpio le costó contenerun gesto de sorpresa, no así a Marco Galerio que permaneció impertérrito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Bueno es que ambos pueblos se entiendan,sin duda. Siempre es más fácil si se conoce la lengua del otro –Ulpio hizo ungesto de bienvenida con el brazo—. Hemos venido para negociar nuestra alianza yes mejor hacerlo en buen ambiente. Entrad en nuestro campamento y hablemos enmi tienda cómodamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Césaro dudó un instante aunque no perdióni por un instante su sonrisa, ya cínica. Susurró unas pocas palabras a sushombres y con semblante decidido y serio se dirigieron hacia donde seencontraban los oficiales romanos. Césaro se plantó ante Ulpio y éste ledirigió unas palabras de cortesía en su lengua. Las tropas romanas se abrieronen dos grupos homogéneos delimitando un pasillo y la legación lusitana entró enel campamento, seguida de cerca por Cayo Ulpio,&amp;nbsp;Marco Galerio y los centuriones. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Las negociaciones se realizaron en laamplia tienda de Ulpio y se desarrollaron durante cerca de cuatro horas. Alfinal ambas partes salieron satisfechas de los acuerdos alcanzados queestablecían que los lusitanos colaborarían con la legión XXX como &lt;i&gt;auxilia&lt;/i&gt;de caballería, aportando entre quinientos y seiscientos jinetes, es decir, unasdieciséis turmas, cuyo mando recaería en Ausa, nombrado jefe del ejércitolusitano por los ancianos de su tribu y por Césaro, como su sucesor ylugarteniente, aunque el mando romano sería responsabilidad de Marco Galerio ya él directamente estarían supeditados en la jerarquía de dicha legión. A cambio,saldrían beneficiados en los repartos de los futuros botines tal comoestableciera el legado propretor o en su defecto, de un salario. La vigencia deese acuerdo sería por un año, transcurrido el cual los jinetes lusitanos que lodesearan podrían enrolarse en la legión. En el acuerdo se incluía que Césaro ysus hombres les acompañarían en su misión de exploración en tierra de vacceos yvetones, en los alrededores de Salmantica, para posibilitar la construcción deuna calzada romana desde &lt;i&gt;Vicus&lt;/i&gt; &lt;i&gt;Caecilius&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Césaro partió del campamento romano parareunirse con el resto de sus hombres e, inmediatamente, un mensajero partióhacia Aeminium, para informar a Ausa y al consejo de la tribu del acuerdoalcanzado. Ulpio y Marco Galerio observaron las idas y venidas de los lusitanosdesde el parapeto de su campamento. Esperaban que la confianza que habíandepositado en los nuevos auxiliares lusitanos mereciera la pena. Cayo soltó algélido viento las palabras que se agolpaban en la cabeza de su compañero, como sile hubiera leído la mente:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Nuestra suerte a partir de mañana estáen las manos de ese gato salvaje que maúlla en latín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco Galerio no pudo contener unasardónica sonrisa que no consiguió proporcionar ningún brillo a sus apagadosojos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;—Todas las dudas que nos mortifican serándisipadas en los próximos días –añadió Marco—. Mientras tanto, deberemos evitardormir sin tener nuestra espada en la mano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Dos días más tarde partieron rumbo alnorte. Los campamentos fueron desmantelados. Césaro y sus hombres empezaron aaceptar las órdenes de ambos tribunos de tal forma que acataron la distribuciónde su caballería como vanguardia, alas y retaguardia, de tal forma que susjinetes envolvían a los legionarios de a pie, más vulnerables, en el avance. Unpar de exploradores romanos y otro lusitano se adelantaron varias millas parareconocer los terrenos y poder marcar a los demás el camino más seguro yadecuado a seguir. Al día hacían una media de veinte a veinticinco millas,limitados por el avance a pie de los legionarios, y acampaban por separado,siempre en la cercanía de algún río o arroyo y en zonas despejadas o altozanosque facilitara su defensa. Los días eran muy fríos lo que empeoraba al caer lanoche. El sol les acompañó todas las jornadas durante las horas diurnas, perono calentaba, era sólo un disco pálido colgado de un cielo grisáceo. El sueloestaba tan helado que crujía bajo sus pies y los cascos de los caballos. Losprados y montes aparecían cubiertos de una capa blanquecina a todas horas deldía, por efecto del rocío congelado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Fue durante la segunda jornada de avancecuando los exploradores indicaron, sin lugar a dudas, que les estabansiguiendo. Césaro expuso a Marco Galerio la necesidad de modificar el rumbopara evitar las zonas más escarpadas cercanas a la sierra y disminuir así laposibilidad de una emboscada en un terreno en el que la defensa fuera difícil.El avanzar en terrenos abiertos posibilitaba que el efecto sorpresa fuera menory que la respuesta a un ataque fuera rápida y efectiva. Así se hizo. El cambiode rumbo aumentaría la distancia que debían recorrer hasta &lt;i&gt;Vicus&lt;/i&gt; &lt;i&gt;Caecilius,&lt;/i&gt;pero debía primar la seguridad dela expedición. Los exploradores avanzaron hasta la población vetona-lusitana deCapara &lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn1" name="_ftnref1" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpioconsideró conveniente que todos los hombres marcharan preparados parareaccionar de inmediato ante un posible ataque; así los hombres cargaban con suimpedimenta, pero los escudos iban al descubierto y sus espadas al cinto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Alamanecer de la cuarta jornada se produjo el ataque. Un enjambre de hombresapareció de la nada y bajó por una empinada pendiente con sus falcatas en lamano, corriendo, chillando enloquecidos, mientras que una hilera de arqueros yhonderos disparaban sus proyectiles desde una posición elevada. Loslegionarios, oficiales y soldados, se quitaron rápidamente los mantos yadoptaron de inmediato una disposición defensiva en cuña, en perfectaformación, blandiendo en actitud protectora sus escudos y sus &lt;i&gt;pila,&lt;/i&gt;esperando a que la lluvia de flechas y piedras cesara. La caballería auxiliaratacó a los indígenas desde los laterales, envolviéndolos, posibilitando así elpoder separarlos de su grupo principal y lanzar un ataque por la retaguardia.La caballería legionaria se distribuyó por el frente, separando a los atacantesen grupos y por los laterales, apoyando el ataque auxiliar. Marco observó consatisfacción que Césaro no ponía en duda su autoridad y que se mezclaba con sushombres dando mandobles con su espada a diestro y siniestro. Galerio seintrodujo con su montura en el grupo central de defensa y con su &lt;i&gt;gladius&lt;/i&gt;consiguió acabar con varios indígenas, aunque llegó el momento en que se vioobligado a descabalgar, ya que se veía un blanco fácil, atrapado y sinposibilidad de maniobrar. Cerca de él escuchaba a Ulpio gritar órdenes como unloco; había perdido el yelmo y el cobrizo cabello aparecía empapado de sangreprocedente de una brecha que tenía a un lado de la cabeza. La sangre de muertosy heridos cubría el suelo, antes helado y crujiente, poco después húmedo yresbaladizo. Los indígenas, cuyo número Marco calculó que serían unostrescientos, luchaban como posesos, pero la estrategia romana fue más acertada.Entendiendo que continuar el ataque era una maniobra suicida, un cuerno en lalejanía indicó el final del mismo y todos los indígenas a una abandonaron elcampo de batalla, portando a sus heridos y dejando tras de sí a sus muertos.Los jinetes lusitanos persiguieron a los más rezagados con intención deaniquilarlos, pero Marco Galerio ordenó a Césaro que los hiciera volver,excepto a dos jinetes que debían seguirlos para observar sus movimientos y susposibles intenciones de volver a atacar. El jefe lusitano obedeció en silenciocon un gesto de profesionalidad que decía mucho de su experiencia en el campode batalla. Inmediatamente transmitió las órdenes a dos de sus hombres quesalieron a galope.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Losvencedores soltaron gritos de júbilo, algunos lanzaron sus yelmos al cielo,exultantes de alegría. Cayo Ulpio, sentado en una enorme roca, era atendido desus heridas por el médico de sus cohortes; todas sus lesiones eransuperficiales aunque no lo pareciera dado el manto de sangre que lo envolvía.Su gesto permitía saber cuales eran sus pensamientos. Marco Galerio se acercó aél y le ofreció agua de su cantimplora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;—Nuestras bajas han sido seis muertos y sesenta heridos, incluyendo loslusitanos, y una montura muerta. Las suyas, veinte muertos. Ha sido unamaniobra rápida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpiobebió un largo trago y suspiró. Césaro se acercó aún montado en su caballo elcual, todavía nervioso por la refriega, caracoleaba pateando el suelo; elbrioso animal resoplaba lanzando hileras de baba al ensangrentado suelo, elhermoso pelo negro cubierto de una pringosa capa blanca de sudor. El jefelusitano bajó de su montura con un ágil brinco, le dio las riendas a uno de sushombres mientras le susurraba cortas órdenes en su lengua. El jinete asintió yse marchó con un ligero trote.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;—Tribuno Cayo Ulpio –dijo Césaro con tono grave— esos indígenas eranastures, probablemente Brigaecinos o Saelenos; yo me inclino por estos últimos,dados sus colores y la enseña del que los guiaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Estánun poco lejos de sus tierras para esta época del año –dijo Ulpio— y no creo queestén buscando víveres.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No, noparece ser esa su intención –terció Marco—. Quizá son una avanzadilla parafrenar el avance de las tropas romanas. Cuando vuelvan los exploradores, que meinformen al momento de sus posiciones y su número. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Novamos a permanecer más tiempo aquí –Ulpio se puso en pie—. Ordenad a loshombres que se curen las heridas y que se ocupen de los muertos. En dos horas,a lo sumo tres, emprendemos la marcha hacia nuestro objetivo. Quizá podamoshacer diez o doce millas en lo que resta de jornada; procuraremos que sean más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco yCésaro se miraron. El tribuno no pudo interpretar lo que los negros ojos dellusitano le decían; quizá era lo mismo que pensaba él. Aunque el ataque habíasido menor y de pocas consecuencias, lo más adecuado era descansar y partir alsiguiente día. Césaro saludó a los oficiales romanos y se perdió entre sushombres. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Y sidescansamos un poco y partimos mañana…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Esteataque me ha parecido demasiado arriesgado para esos salvajes. Eran pocos, no másde trescientos o cuatrocientos, apenas nada si lo comparamos con nuestrasfuerzas. Se han dejado ver varios días antes, forzándonos a variar nuestra rutainicial. Algo me dice que ha sido una maniobra de despiste, que pretendíandesviarnos de nuestro camino y entretenernos mientras el grueso de sus fuerzasse dirigía a otro lugar más importante para ellos. Creo que nos han utilizado yque les ha salido bien, de esta forma hemos perdido tres o cuatro jornadas, queserán más si nos paramos ahora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Creesque Césaro nos desvió de nuestra ruta para esto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Marco,yo no descarto nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Si esoes cierto, está compinchado con los astures.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Amigo,tú lo has dicho y eso es lo que pienso que puede haber pasado. Y si es así,creo que vamos directos al Hades. Debemos partir cuanto antes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Emprendieron camino tan rápido como fue posible pero antes oficiaron unrápido funeral e incineraron y enterraron a sus compañeros muertos. En elimprovisado campo de batalla quedaron los cuerpos de los astures muertos en larefriega. Si sus compañeros no los rescataban quedarían a merced de loscarroñeros. Varios buitres sobrevolaban ya perezosamente el plomizo cielo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Dosjornadas más tarde entraban en &lt;i&gt;Vicus&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;i&gt;Caecilius. &lt;/i&gt;Allí les esperabanmalas noticias. Varios &lt;i&gt;oppida&lt;/i&gt; vacceos habían sido atacados por losastures y en la jornada previa el &lt;i&gt;vicus&lt;/i&gt; había tenido que rechazar otro ataque. Eraevidente que las suposiciones de Cayo Ulpio no habían sido exageradas. La rutahasta Salmantica quedabacortada y, por lo tanto, las expectativas de alargar la construcción de lacalzada hasta allí quedaban comprometidas por el momento. Inmediatamente, CayoUlpio decidió enviar mensajeros hacia Hispalis&lt;i&gt;, &lt;/i&gt;con la intención de informar al legado FabioButeo de las nuevas dificultades de la zona. Esa noche a la plaza arribaron dosjinetes procedentes de Complutumque le informaban que el gobernador había emprendido camino con las cohortes dela legión XXVIII que se encontraban en Corduba hacia Osca&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn2" name="_ftnref2" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;. Los ataques indígenas en los MontesPirineos, concretamente de los cerretanos, eran constantes y había quecortarlos como fuera. Los acontecimientos hacían pensar que las diversas tribusastures y, probablemente, las cántabras se estaban aliando para hacerle la vidaimposible a los romanos. Eso no se resolvería con escaramuzas aisladas y habíaque establecer un programa más organizado que posibilitara resultados. Se lesordenaba permanecer en &lt;i&gt;Vicus Caecilius&lt;/i&gt; hasta que fueran relevados pordos cohortes de la XXVIII, tras lo que ellos volverían a Hispalis, con el restode su legión. Parecía que ya era oficial la concesión de una tercera legiónque, aunque aún no tenía fecha de arribada, se establecería en la Península conintención de pacificar y someter los territorios cántabro-astures. Así lodeseaba Octaviano, responsable último de Hispania y dedicaría las fuerzasnecesarias para que así fuera. Se tardara lo que se tardase. Lo que eraintolerable es que un grupo de salvajes pusiera en peligro los intereseseconómicos y el potencial minero de una zona tan rica y tan importante paraRoma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; TantoCayo Ulpio como Marco Galerio tuvieron la misma sensación ante las nuevasrecibidas y ante las órdenes que estaban obligados a acatar. Se les retirabadel principal campo de operaciones de Hispania y se les relegaba a la Ulterior.Eso iba en detrimento de su carrera. Ninguno de los dos se atrevió a expresaren palabras al otro sus suposiciones, pero ambos pensaron en idénticostérminos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; QuizáMarcelo no fuera del todo ajeno a tales maniobras.&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 16pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;hr align="left" size="1" width="33%" /&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;div id="ftn1"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftnref1" name="_ftn1" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Actual ciudad de Cáparra, en la provincia Cáceres, Extremadura.Estaba en la confluencia de la región lusitana con la vetona.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn2"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftnref2" name="_ftn2" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;En esos años la ciudad indígena recibía el nombre de &lt;i&gt;Bolskan&lt;/i&gt;. Unoy otro son el nombre antiguo de la actual ciudad de Huesca, en la provincia deHuesca.&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6505506571514897527-4240447096556684892?l=lolamontalvoescritora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/feeds/4240447096556684892/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2011/12/sanatio-capitulo-x.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/4240447096556684892'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/4240447096556684892'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2011/12/sanatio-capitulo-x.html' title='SANATIO: Capítulo X'/><author><name>Lola Montalvo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18173352217445459305</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='19' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-fDC8uSVGMLE/TWFUqjI45zI/AAAAAAAAAMY/of_ZOAH01g8/s220/img020.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6505506571514897527.post-1028108797976439052</id><published>2011-12-02T17:49:00.001+01:00</published><updated>2011-12-02T17:53:08.475+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sanatio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela histórica'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispalis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='vetones'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispania romana'/><title type='text'>SANATIO: Capítulo IX</title><content type='html'>&lt;br /&gt;&lt;h4&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Lithos Pro Regular'; font-weight: normal;"&gt;Hispalis &lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h4&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: xx-small;"&gt;Relación de Capítulos publicados hasta ahora con sus enlaces en la barra lateral del blog&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;A&lt;/span&gt;nasupo desde la mañana siguiente de la accidentada velada que algo en la casahabía cambiado y lo notó por las actitudes de Urso e Hipia para con ella.Estaban muy serios pero no eran condescendientes ni ofensivos, antes alcontrario, se mostraban con ella respetuosos y cordiales. La llamaban por sunombre y le explicaban sus tareas con paciencia, que no eran otras que ocuparsede la ropa sucia, alimentar y cuidar de los animales y ocuparse de que siemprehubiera agua fresca y leña suficiente en la casa. Urso apenas le hablaba y leveía sólo en las comidas que compartían en la cocina. Siempre tenía cosas que hacerfuera de la casa y gestiones que realizar. Al amo no volvió a verlo y, sinnecesidad de preguntar, le informaron que Marco Galerio había salido deHispalis y que estaría fuera unas semanas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se sintió muy satisfecha cuando utilizósu lejía, obtenida a partir de cenizas, y su jabón, fabricado con grasas,aceites y lejía; comprobó que dejaban la ropa muy limpia con la mitad deesfuerzo. La mayor parte de la ropa de la casa era clara o de tejidos sin teñiry soportaban a la perfección su ingenio sin decolorarse demasiado niestropearse. El único problema era el olor, pero pensó que podría añadirleflores o hierbas aromáticas para atajar este inconveniente. Cuando Hipia pudocomprobar con sus propios ojos los resultados de su jabón en la ropa lavada mostróuna enorme y sincera sonrisa que la embellecía y rejuvenecía su agradablerostro, haciéndolo aparecer infantil.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —El amo Marco se pondrá muy contentocuando sepa que ya no tendremos que enviar la ropa buena a la lavandería. Esdemasiado costosa y no la deja tan bien como tú.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana correspondió a su entusiasmo con unacontenida sonrisa que mostraba más tristeza que otra cosa. «El amo Marco –pensóabatida—, así supongo que deberé referirme a él desde hoy y hasta siempre». Esosi no le ponía solución antes. Siempre podría plantearse la posibilidad deescaparse y alejarse de un destino que, estaba convencida, no le correspondía.Intentó elaborar un plan y hacerse con los recursos necesarios para que su fugafuera un éxito, aunque existía un problema o, más bien, dos: no tenía dinero nisabía dónde se guardaba en la casa y no conocía la ciudad, pero quizá no seríancuestiones tan difíciles de solventar. El caso era recuperar la libertad que sele negaba por otros medios. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Dos días más tarde Hipia la sorprendiómirando a través de la puerta principal hacia la calle. La &lt;i&gt;domus&lt;/i&gt; deMarco se encontraba en una zona aún no muy habitada de la ciudad, cerca de lamuralla, por lo que la calle no tenía un tránsito demasiado importante depersonas. Ana calculó que podría salir sin que la viera apenas nadie, con laventaja de que como las casas no tenían ventanas a la calle, a la que sólodaban muros lisos, no tendría el problema de toparse con miradas no esperadasque más tarde dieran cuenta de ella y de sus pasos. Una vez en la ciudad, lebeneficiaría el hecho de que no la conocía nadie. Sólo el médico, Crito, y elamigo de Marco Galerio, aparte del anciano matrimonio, habían visto su rostro yestos últimos vivían en Itálica. Calculaba sus posibilidades cuando Hipia lavio en el dintel de la puerta principal. En el momento en que se suposorprendida, Ana cerró la puerta y se perdió en el interior de la casa sindecir palabra, pero esa noche Urso la abordó sin previo aviso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Espero, Ana, que no se te esté pasandopor la cabeza escaparte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Estaban cenando una sopa de verduras ypan con aceite. Ana tenía su escudilla de madera en los labios y miró fijamenteal esclavo por encima del borde del recipiente. Él sostuvo impertérrito susfieros ojos. Ella no dijo nada y bajó, por fin, la mirada que posó en sucomida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Urso continuó en tono sereno, como erafrecuente cada vez que se decidía a tomar la palabra:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Si se te ocurriera escaparte, yo teencontraría. De eso no puedes ni debes tener ninguna duda, dado que me conozcola ciudad tan bien que podría recorrerla con los ojos vendados y tú no. Porsupuesto, una esclava despistada llamaría mucho la atención y siempre habríaalgún conocido que me daría cuenta de ti. Y cuando te encontrara te encerraríahasta que regresara el amo y, te aseguro, que el castigo que se te aplicaría tequitaría las ganas de volver a intentarlo y, quien sabe si también una mano yun pie, más unas cincuenta tiras de piel de tu espalda por los azotes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana volvió a mirarlo. Intentaba inyectaren su mirada la frialdad de quien le importa muy poco lo que está escuchando,pero no lo consiguió. Debía reconocer que las palabras de Urso habíanconseguido su objetivo: creía por completo lo que le estaba contando, palabrapor palabra. Se le llenaron los ojos de lágrimas. Intentó disimular volviendo acomer de su escudilla. Tomó dos tragos que le costó lo suyo pasar. Volvió amirar al esclavo y le preguntó con un tono demasiado suplicante para su propiogusto:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Urso, ¿cómo voy a demostrar que soy unapersona libre si no puedo salir, si no recuerdo de dónde procedo, si…?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hizo un gesto vago con las manos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El esclavo no contestó. Se limitó amirarla con el semblante serio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana miró a Hipia y a Urso, ambos sentadosfrente a ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Me dijisteis que era un buen amo, quepodía sentirme satisfecha por estar en su casa y no en otra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Y así es –aseveró Urso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hipia bajó la mirada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Entonces por qué se porta así conmigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No era una pregunta. Urso no contestó,sólo sostuvo su mirada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No he hecho nada malo, solo he queridoayudar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Urso tampoco lo entendía, pero no teníaninguna intención de darle la razón a esta mujer tan extraña. Nunca compartiríacon ella las dudas que le habían surgido desde que había entrado en sus vidas,pero no encontraba explicación a que Marco fuera tan severo, sin motivo alguno,con ella. Había salvado a Hipia, había evitado la muerte segura de CayoGalerio. Sí, cierto, se había abalanzado sobre el anciano de una forma un tantobrusca, pero precisamente esa rapidez en su actuación había evitado unadesgracia que ninguno de los que allí se encontraban podría haber solventadocomo ella hizo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sí, él tampoco entendía por qué estamujer le gustaba tan poco al amo, sin embargo, así era.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Suspiró con fuerza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Lo mejor que puedes hacer es ocuparte detus quehaceres lejos del amo –le dijo por fin Urso—, por lo menos hasta que seacostumbre a ti. Mientras tanto no te acerques, ni hables a las personas libressi no se dirigen a ti y controla esas miradas que lanzas llenas de odio o dedesafío: ningún señor te lo tolerará. Hazte invisible y sobrevivirás.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana sintió cómo la garganta se le cerrabapor el llanto contenido a duras penas. No añadió nada más, pero no porque notuviera algo que decir, sino porque no quería echarse a llorar sin control.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Terminó su comida y con cada bocado setragó sus lágrimas y su soberbia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tres días más tarde todo cambió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana se encontraba dando de comer a lasovejas y a las cabras. Los ratos que dedicaba a esta labor le parecían de lomás grato, dado que estaba al aire libre y podía dejar su mente vagar sinrumbo. Eso era lo que sentía todos los días menos ése. Llovía torrencialmente yun vendaval sacudía su cuerpo de un lado a otro. Los animales estaban recogidosen un cercado y parcialmente cubiertos con un tejadillo de ramas, pero ella seencontraba a merced de la lluvia y el viento. Apenas podía abrir los ojos.Terminó de llenar los pesebres y se sacó el manto que se colocó estirado sobrela cabeza para poder abrir los ojos y ver por dónde caminaba, aunque ibaencorvada y su caminar era muy costoso. Avanzó un buen trecho con enormedificultad y entonces escuchó una voz; levantó la cabeza. Hipia le hacía gestoscon las manos desde la puerta trasera de la casa. Ana intentó acelerar el paso,pero resbaló en dos ocasiones por lo que decidió fijar mejor los pies antes deintentar avanzar, así que caminó más lentamente. Cuando llegó a la casa ledolían enormemente las pantorrillas por el gran esfuerzo realizado al andar yestaba calada hasta los huesos. Hipia le hacía gestos impacientes, indicándoleque se diera prisa. Ana no entendía a qué venía tanto aspaviento, no se habíaretrasado demasiado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Estoy empapada y helada de frío!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hipia la tomó de un brazo y le susurró unrápido «date prisa, entra». &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Antes de entrar por la puerta lo oyó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El llanto de un bebé llenaba todo elespacio de la cocina. Ana se detuvo de golpe y agarró a Hipia de un brazo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Date prisa, Ana, está muy enfermo –dijoHipia y entró.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana la siguió, dejando el manto empapadoen un banco. En la cocina una joven mujer sostenía un menudo paquete de telaque se removía furioso, al tiempo que berreaba con todas sus fuerzas. Ana miróa Hipia asombrada; su gesto debía ser bastante elocuente, porque sin tener queformular la pregunta, la joven le respondió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Se ha corrido la voz por la ciudad.Muchos saben que puedes curar lo que otros no pueden –señaló a la mujer con elniño—. Es una esclava de la familia Escribonia, que viven aquí cerca. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Mi hijo está enfermo desde hace unasemana –terció la joven madre con lágrimas en los ojos—. No para de llorar y nocome. Yo no puedo trabajar y mi ama me castiga. ¡No sé qué hacer! –Contuvo unsollozo, pero las lágrimas corrían como ríos por sus mejillas—. Ayúdale, porfavor, o morirá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Le tendió el niño con ambos brazos. Anadudó; miró a Hipia que le hizo un escueto gesto suplicante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Y qué pasa con Urso?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;—Deél me ocupo yo. Ayúdale —insistió Hipia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sin apartar los ojos de los de Hipia tomóal pequeño que en ningún momento había dejado de llorar y lo posó sobre la mesade la cocina. Abrió la manta y se encontró a un niñito que aún no tenía dientesy que agitaba manos y pies con intensidad. Su llanto era ya ronco y opresivo.Ana observó su garganta que aparecía intensamente roja, aunque sin otraalteración digna de destacar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Cuánto hace que nació?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Tres lunas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La piel del pequeño ardía y estaba seca.Le dio un pellizquito en la piel de un bracito y el pliegue de la pielpermaneció durante unos instantes antes de volver a su lugar. Hizo un gesto ala madre que sujetó al niño para que no se cayera de la mesa mientras ella searremangaba la mojada túnica y se lavaba las manos con jabón y con vinagre. Sesecó con cuidado utilizando un paño limpio y volvió junto al pequeño. Le metióun dedo en la boca y no hizo nada, sólo siguió llorando. Se mojó el dedo enmiel y lo volvió a meter en la boquita del niño: al instante el niño cerró laboca y succionó, dejando al instante de llorar. El chasquido de su boquitasobre tan inesperado consuelo llenó el tenso ambiente de la cocina. Con el dedosiempre dentro de la minúscula boquita Ana siguió su exploración; le miró losojos, que aparecían rojos, palpó los huesos del cráneo que aparecían separadosy blandos donde debía ser, sin que la piel de la cabeza estuviera abombada enesos puntos, más bien al contrario: un poco deprimida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; «Está falto de líquidos»&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Posó los dedos de su mano libre cerca dela oreja e inmediatamente el niño retomó su llanto con tanta o más intensidadque antes. Sacó el dedo de su boca y con ambas manos exploró el cuello delpequeño, la posible presencia de bultos y la movilidad. El llanto menguó untanto. Apoyó los dedos a ambos lados de las orejas y el llanto alcanzó talintensidad que Ana sintió cómo vibraban sus propios oídos. Giró al niño y lemiró los oídos. Efectivamente, una supuración verdosa salía de uno de losconductos y se apreciaba al fondo del otro. Mojó nuevamente su dedo en miel yvolvió a repetir la operación de antes con idéntico resultado. El bebé dejó dellorar. El silencio en la cocina se volvió agradablemente intenso. La lluviaseguía cayendo con fuerza, repiqueteando en el tejado y en el suelo del patio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Tiene los oídos enfermos –sentencióAna—. Como le duelen mucho no mama, porque para chupar tiene que hacer muchafuerza con la boca y eso aumenta el dolor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hipia y la joven madre la miraban como siAna fuera una aparición. Ella lo interpretó mal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Bueno, da igual que no lo entendáis. Elcaso es que, mientras que no se le pase el dolor, no comerá y también lloraporque tiene hambre. Por eso prueba a ver si te puedes sacar la leche y se ladas con una cuchara procurando darle poca cantidad para que no se atragante. Sino lo consigues, hierves leche de cabra y una vez tibia se la das. Dale decomer muchas veces al día, pero poca cantidad y ofrécele aunque no te lo pida.No le arropes tanto. Cúbrelo con algo más ligero o la fiebre no bajará y dalebaños con agua tibia, ¡tibia, no caliente ni fría! Espero que lo entiendas…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La joven asintió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Mientras hablaba, Ana seguía palpandodiferentes partes del pequeño cuerpo, su tripa, las ingles, los genitales, laspiernas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Corta una cebolla y escurre el jugo enambos oídos. Eso lo repites varias veces al día. Verás como le calma un poco.Prepararé un… brebaje con enebro o ajo o tomillo o lo que encuentre. Te lo darémás tarde y te diré cómo se lo das. Cuando los oídos le duelan menos volverá amamar. Ahora –cogió al niño con mucho cuidado manteniéndolo destapado— vamos adarle algo de beber que está falto de agua. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se lo pasó a la madre que lo tomó entresus brazos como si se tratara de un objeto sagrado, mientras que ella tomóleche de cabra, le añadió agua hervida y una cucharada de miel. Durante lasiguiente media hora las tres se esforzaron para que el pequeño ingiriera partede la mezcla; el pequeño al principio se resistió, quizá extrañado por lacuchara, pero al final la relamía y se tomó una buena cantidad, tras lo que sequedó dormido, posiblemente agotado. Ana explicó a la madre cómo limpiarle lasupuración de los oídos y aprovechó para administrarle la primera tanda de jugode cebollas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando madre e hijo se fueron, Ana sesintió embargada de una placentera sensación por haber podido ayudar. Sonreíapara sí misma mientras recogía los cuatro cacharros que se habían quedado fuerade su sitio en la cocina. Entonces se topó con la mirada de Hipia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Cuando los esclavos enferman casi nadieles ayuda. Ese niño lleva enfermo varios días y sus amos ni se han enterado.Ella debe hacer su trabajo, no puede cuidar de su hijo. Si no cumple con susobligaciones la castigan.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No sé por qué me dices eso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Varios me han preguntado si tú podrías…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana estaba limpiando la mesa con unospaños. Las palabras inconclusas de Hipia le aceleraron el corazón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Si yo podría, qué.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Si tú podrías, tal como has hecho haceun momento, verlos y decirles cómo pueden curar sus males.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana suspiró simulando un fastidio que nosentía. Se dirigió a la leñera e Hipia la siguió; tomó una túnica limpia ycomenzó a cambiarse mientras hablaba:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No me apetecería que Urso…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —A Urso ya te he dicho que me lo dejes amí –cortó nerviosa Hipia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Y el amo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana fijó sus ojos en los de Hipia quedudaba su respuesta. La pausa le resultó muy larga.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Esa gente necesita ayuda –dijo Hipia porfin sin responder a su pregunta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Estoy de acuerdo, Hipia, pero yo no mevoy a arriesgar…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —El amo no tiene porqué enterarse. Casisiempre está fuera, como ahora. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Y cuando él esté en la casa no ayudo anadie ¿es ese el plan?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hipia negó con la cabeza sin añadir más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Unos pasos resonaron en el patio. Ambasvolvieron la cabeza al mismo tiempo en dirección a la puerta. Unos tímidosgolpecitos en la madera anunciaron la trémula voz de un hombre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Hipia? ¿La mujer sanadora me escucharáahora?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La esclava miró nerviosa a Ana antes deacercarse a la puerta. Ésta se encontraba en un ángulo de la cocina en quepodía observar el escorzo del hombre sin ser vista. Por supuesto, él no habíareparado en su presencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; — Nicio, lo siento, pero… —empezó aexcusarse Hipia con voz trémula.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Dile a ese hombre que pase. Lo veré –aAna le pareció que su propia voz sonaba demasiado estridente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hipia contuvo a duras penas la sonrisaque pugnaba por dibujarse en su rostro, una sonrisa que reflejaba gratitud,alegría y satisfacción a partes iguales.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Por su parte, Ana suspiró. Aunque sealegraba de poder cumplir con su propósito de ayudar a los demás, no podíaevitar cierto desasosiego. Se habría quedado más tranquila si Hipia le hubieraasegurado, como lo había hecho respecto a Urso, que del amo se ocupaba ella.Sabía, con una certeza absoluta, que terminaría enterándose y que llegado esefunesto momento le responsabilizaría a ella y no a Hipia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A partir de ese día, Ana, tras cumplircon sus obligaciones domésticas que no se habían reducido en nada, veía unosseis o siete esclavos por jornada, a veces más, pero nunca menos. Todos y cadauno de ellos, hombres, mujeres y niños, entraban convencidos de que la sanadorales solucionaría su problema y casi todos veían cumplidas sus expectativas. Alos que no podía curar les ayudaba con diversos paliativos o medidas que lesacomodara o que disminuyera su padecer. A todos los trataba con cuidado y lesproporcionaba palabras de consuelo. En una semana todos los esclavos deHispalis sabían de ella, de la sanadora, y hablaban de su persona con laveneración que se le dedicaría a una diosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hipia cumplió su palabra y Urso no pusoninguna objeción a su nueva actividad, entre otras razones porque el amo estabafuera y, sobre todo, porque Hipia se lo suplicó. Incluso, pasados unos días,tuvo que ocuparse de buscar para Ana diversas hierbas, hojas y especias en losmercados y en los campos cercanos para que ella pudiera elaborar sus mejunjes ybrebajes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En la ciudad todos comentaban loexcepcional de esta extraña sanadora de saber casi infinito que podríadesbancar a cualquier médico conocido. Crito se hizo eco de los rumores aunqueno se sintió en absoluto sorprendido; supuso que eso terminaría sucediendo,porque él había visto con sus propios ojos cómo la nueva esclava de MarcoGalerio arrancaba a Cayo Galerio de las zarpas de la Parca con sólo dossacudidas en su tripa. Esta mujer tenía un conocimiento en materia médica quenadie más poseía y sólo era cuestión de semanas que su fama corriera por todala provincia Ulterior o incluso, más lejos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Esta situación ya no tenía posibilidad devolver sobre sus pasos; ninguno de los tres esclavos del noble Marco GalerioCeler dejaba de preguntarse cada noche, acostado en su jergón y antes deconciliar el sueño, qué pasaría cuando el amo volviera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&amp;nbsp;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 21px;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6505506571514897527-1028108797976439052?l=lolamontalvoescritora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/feeds/1028108797976439052/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2011/12/sanatio-capitulo-ix.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/1028108797976439052'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/1028108797976439052'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2011/12/sanatio-capitulo-ix.html' title='SANATIO: Capítulo IX'/><author><name>Lola Montalvo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18173352217445459305</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='19' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-fDC8uSVGMLE/TWFUqjI45zI/AAAAAAAAAMY/of_ZOAH01g8/s220/img020.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6505506571514897527.post-5701327597071746089</id><published>2011-11-27T19:01:00.000+01:00</published><updated>2011-11-27T19:01:55.700+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sanatio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Legiones romanas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela histórica'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispalis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio César'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispania romana'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Domicio Calvino'/><title type='text'>SANATIO: Capítulo VIII</title><content type='html'>&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: xx-small;"&gt;Relación de Capítulos publicados hasta ahora con sus enlaces en la barra lateral del blog&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;h3&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Lithos Pro Regular'; font-weight: normal;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Tierrasde lusitanos y vetones&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;E&lt;/span&gt;lfrío era muy intenso. La lluvia había dado paso a la nieve un par de horasatrás; un manto blanco se dispuso a cubrir los montes y el bosque que quedaba asus espaldas empezó a encanecer sus copas. Los caballos piafaban inquietos ypor sus ollares salía su respiración convertida en columnas de nubesblanquecinas. Aún faltaban algunas horas para que anocheciera, pero la nieveimpedía una marcha ligera como era su intención. Le habría gustado avanzar unasmillas más, aunque consideró más oportuno acampar donde estaban, fundamentalmentepor la proximidad del río y la situación elevada de un pequeño cerro bastanteamplio, idóneo para sus necesidades defensivas. Marco Galerio hizo una seña asu centurión, Aulo Emilio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Vamos a acampar aquí, dispón todo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Como ordenes, tribuno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El centurión levantó el brazo derecho amodo de saludo y giró su montura en dirección al resto de jinetes, al tiempoque gritaba sus propias órdenes a sus hombres. Inmediatamente se escuchó unreguero de voces según se iban transmitiendo a lo largo de la columna dejinetes. Había partido de Hispalis siete días atrás con dos turmas, es decir,unos sesenta hombres de la caballería de su legión. Estaba conformada estaunidad por legionarios, los pocos que restaban en los ejércitos de Roma que nofueran infantería, dado que ya se estaba optando por configurar las unidades decaballería en lo que se denominaba &lt;i&gt;auxilia&lt;/i&gt;, es decir, con indígenas. Sinembargo, su &lt;i&gt;ala&lt;/i&gt; estaba integrada por ciudadanos romanos, aunqueoriginarios de las provincias, fundamentalmente galos e hispanos, cuyas tierrasestaban ampliamente romanizadas. En las legiones, el papel de la caballería erasiempre secundario y sus funciones básicas consistían en servir de apoyo a lasunidades de legionarios de a pie o de exploración de terrenos o enemigos. Yéstas eran las que les habían hecho llegar a tierras lusitanas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El portaestandarte clavó la insignia desu ala en el suelo, en el punto central de lo que iba a ser su campamentoeventual. Inmediatamente, los algo más de sesenta hombres cavaron un fosodelimitando el perímetro cuadrangular del mismo; acumularon la tierra extraídaa lo largo del propio foso dándole forma de repecho elevado, formando así unparapeto defensivo en el cual se clavó una empalizada realizada con reciasramas obtenidas del cercano bosque junto con las gruesas varas que los hombresportaban a diario en su equipo, configurando lo que se conocía como &lt;i&gt;vallum,&lt;/i&gt;un vallado netamente disuasorio, con los picos de las varas apuntando a unposible enemigo. En la zona central del recinto se levantaron las tiendas, deplanta redonda, confeccionadas en piel de cabra, distribuidas de formacuadrangular reservando un pequeño espacio vallado para las monturas. Una vezterminado el trabajo de montar el campamento, en lo que se llevaron algo más dedos horas, se repartieron las guardias y se nombraron los centinelas. Seencendieron los fuegos y se prepararon los alimentos tanto para los hombrescomo para las monturas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco Galerio, en su tienda, se reuniócon su centurión y los decuriones para establecer el plan que llevarían a cabopara cumplir con su misión. Ésta era doble: por un lado posibilitar el acceso ala ruta hasta Salmantica&lt;/span&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn1" name="_ftnref1" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; para poder, en primavera, facilitar la construcción de una calzadadesde &lt;i&gt;Vicus&lt;/i&gt; &lt;i&gt;Caecilius&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn2" name="_ftnref2" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;, calzada que permitiría el acceso de las tropas romanas desde el surhasta las regiones del norte: Astúrica y Gallaecia. Para ello debía establecercomunicación con diversas poblaciones indígenas: vacceos, vetones y lusitanos,cuyos &lt;i&gt;vici&lt;/i&gt; u &lt;i&gt;oppida&lt;/i&gt; se encontraban ubicados en esos territorios;no eran beligerantes, pero tampoco cercanos y era necesario negociar paraevitar futuros problemas. Por otro lado, y quizá la misión más importante,Galerio buscaba reunirse con el jefe de una tribu lusitana que controlaba losmontes interiores, &lt;i&gt;Mons Herminius&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn3" name="_ftnref3" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;, al noreste de Olisipo. Se trataba de gente aliada a Roma pero cuyaspoblaciones apenas tenían reflejo de la nueva cultura ni de su modelo de ciudadni de administración. Algunos hablaban latín e, incluso, hacían circular lamoneda oficial en Roma por sus poblaciones, pero no se mezclaban aún con susciudadanos. Entre otras virtudes destacaban como magníficos comerciantes, papelque combinaban a la perfección con la formación de guerreros de gran valía,jinetes que sembraban el terror ante cualquier enemigo con su sola presencia,fieros, ágiles, mortíferos. Estos lusitanos se decían y se consideraban a símismos como descendientes directos del mítico Viriato, nacido en esos montes,el pastor de ovejas que puso en jaque a la antigua República de Roma durantedemasiado tiempo, según el punto de vista romano, y que sólo pudo ser reducidopor la traición de sus propios hombres&lt;/span&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn4" name="_ftnref4" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;. César también se enfrentó muchos años después con estos guerreroslusitanos que copaban los montes. Tras reducirlos, les obligó a establecerse enlas llanuras y abandonar las montañas. Hasta ese momento habían respetado estaimposición, pero ello no impedía que camparan a sus anchas por los territoriosque siempre habían controlado. Al fin y al cabo consideraban que eran sustierras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco Galerio despachó con sussuboficiales y dispuso que dos mensajeros se dirigieran al &lt;i&gt;oppidum&lt;/i&gt; deAeminium&lt;/span&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn5" name="_ftnref5" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Era consciente que, con este temporal,tardarían más de una jornada, tiempo más que suficiente para que él pudierallegar con su caballería al punto donde debía reunirse con Cayo Ulpio y sushombres. Galerio se encontraba con sus dos turmas cerca de &lt;i&gt;CivitasIgaeditanorum&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn6" name="_ftnref6" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; y aún debía llegar hasta el punto de reunión, cerca del río Zêzere,donde Ausa, jefe lusitano, solía enviar a sus hombres al mando de suprimogénito, Césaro, para entrenar jinetes y caballos y, por qué no, rapiñarentre las nacientes ciudades romanas y sus florecientes campos. A cambio de queles dejaran correr a sus anchas por estas tierras, ellos prestaban apoyomilitar a los romanos siempre que se lo solicitaban, lo que les permitíaparticipar en los repartos de botín que cada final de campaña se llevaba acabo. También era frecuente que los jinetes lusitanos se decantaran poralistarse en las tropas auxiliares de las legiones de Roma, ya que al final desu servicio obligatorio, a veces no menor de veinte años, siempre obtenían deRoma su reconocimiento como ciudadanos romanos y quizá algún lote de tierradonde asentarse y trabajar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cayo Ulpio, a su vez, había salido elmismo día que Marco desde Hispalis hacia Complutum&lt;/span&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn7" name="_ftnref7" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;, &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;para solventar una pequeña revuelta civilque se había ocasionado con motivo de la recaudación de ciertos impuestosextraordinarios con vistas a la más que probable campaña en la Ulteriorprevista para el inicio del año siguiente. Ulpio se reuniría después con él enel punto convenido, en tierras lusitanas. Ambos tribunos buscaban que Césaroaceptara, por orden de su padre, reunirse con ellos y pactar su participación endicha campaña. La necesidad de reunirse los dos tribunos en esas tierrasradicaba en que estas gentes no dominaban el latín y, sin embargo, Ulpiocontrolaba a la perfección su extraña jerga. Ausa y su hijo siempre habían sidoamistosos frente a los intereses romanos, pero su resistencia y empecinamientoa rechazar todo lo que procedía del que no consideran otra cosa que un invasor,dejaba en dudas que sus reuniones no pudieran terminar en un intentodesesperado de acabar con los soldados de Roma. Las dos turmas de Marco Galeriomás las cohortes de Ulpio serían suficientemente convincentes y expeditivas porsí mismas para frenar los posibles impulsos beligerantes del impredecibleCésaro. Por otro lado, si aceptaban a participar con los romanos, los jinetesde Césaro y éste mismo estarían a las órdenes de Marco Galerio y no aceptaríannegociar con otro que no fuera él. Se conocían de otra vez, cinco años atrás,cuando el jefe lusitano aún era un joven casi imberbe e inexperto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco Galerio se puso su manto y salió arespirar fuera de su tienda cuando el sol hacía ya varias horas que se habíapuesto. Las nubes se habían despejado en parte y el cielo aparecía extrañamentehermoso, tapizado con un blanquecino manto de ovejunas nubes que abrigaba elnegro tapiz del cielo tachonado por infinidad de estrellas de diverso brillo eintensidad. En algún punto del campamento se llevaba a cabo el cambio deguardia &lt;i&gt;vigilae&lt;/i&gt; en ese momento y los hombres de la ronda caminaban conpasos amortiguados por la capa de nieve, al tiempo que voces quedas setransmitían el turno y las consignas. Galerio había intentado sin éxitoconciliar el sueño. Necesitaba una copa de vino, la necesitaba tanto comorespirar, pero cuando se encontraba en alguna misión propia de su cargo, no bebíajamás, dado que no se podía permitir que nada nublara su juicio o alterara surazón; para poder sobrevivir era necesario estar siempre alerta y fresco. Enlas últimas semanas, desde que la esclava había entrado en su casa y Ulpiohabía vuelto a su vida, el sueño le rehuía como un carnero al matadero. Esamujer había sacado de su interior lo más oscuro que llevaba dentro y no lopodía controlar; cuando pensaba en ella una extraña inquietud, un enervantedesasosiego se hacía dueño de su escasa paz. A veces tenía la sensación de quehabía cometido un enorme error al meterla en su casa. Y Ulpio. Ulpio le habíadevuelto a unos años que creía haber conseguido enterrar para siempre jamás.Había abierto la puerta de secretos que no podía, que no debía volver a abrir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cerró los ojos y una vez más la vio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Aquella bella mujer de noble nombre ycuna.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El aire frío de la madrugada le acaricióel rostro y le susurró su nombre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Miró el cielo, fijó los ojos en lashermosas estrellas con desesperación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Su nombre le martirizaba, sus ojosvolvían una y otra vez para aguijonearle las entrañas; sus labios, que nuncabesó, le requerían con ansiedad; su boca, en la que nunca bebió, se abría paraél, le regalaba su risa. La noche le traía su perfume. Marcia. La hermosa,malévola, Marcia. La pérfida loba de sus más espantosas y dulces pesadillas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco cerró los ojos con fuerza ordenandoa esos ojos que dejaran de mirarlo, de atormentarlo. Que sus labios nopronunciaran su nombre. Conminó a su recuerdo que volviera a su tumba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Unos gritos animales cortaron el silenciode la noche. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Levantó la vista y escudriñó la oscuridadmás allá del parapeto de vallas. Los gritos se repitieron un poco más lejos.Marco se abrigó y caminó hacia los fuegos que determinaban la presencia de laguardia. Tres hombres bebían caldo caliente hecho con verduras; otros diezrealizaban la ronda alrededor de todo el perímetro interior del campamento. Lossoldados de guardia se turnaban para hacer la ronda y los que paraban frente alfuego aprovechaban para calentarse por dentro y por fuera. No se sorprendieronal ver acercarse a su tribuno. Se pusieron en pie y levantaron el brazo altiempo que lo saludaban con respeto. Galerio tenía por costumbre acercarse asus hombres cuando se hallaban de campaña, procuraba conocerlos por su nombre einteresarse por sus problemas cotidianos. Era importante que los legionarios sesintieran cercanos a su jefe lo que permitía siempre que su obediencia no fuerasólo consecuencia de su rango, debía ser producto de una fidelidad y de unaconfianza ciega en su superior. Esto lo había aprendido del mejor general quehabía existido en todos los tiempos, de Julio César. Aún podía recordarlo,cuando no era más que un novato, en las muchas campañas que conformaron laguerra de conquista de las Galias, cómo se paseaba por el campamento saludandohasta al último legionario, a muchos llamándolos por su nombre y recordándolessu origen, animándolos ante su incierta suerte en la batalla y solicitando sufuerza y su arrojo ante el enemigo. Quizá eso fue una de las cosas que lo hizotan grande, tan poderoso en el campo de batalla: que sus legiones eran capacesde morir por él, los llevara a dónde los llevara. Por supuesto, Marco Galerio eraconsciente de que jamás podría llegar a ser como el ya mítico conquistador delas Galias y dictador –tras ser el único vencedor de la guerra frente a lospompeyanos—, pero en su pequeño círculo, en su ala, él procuraba conocer atodos sus hombres y compartir con ellos las comidas y algunas guardias, comoesa noche hacía. A cambio, tenía su respeto que el valoraba como el mejortesoro que poseía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco se sentó y sus hombres, loimitaron. Charlaron desenfadadamente en tono bajo. Inmediatamente entre susmanos alguien colocó una escudilla con caldo humeante y aromático que bebióagradecido. El grito, un gruñido más bien, se repitió. Al poco, otro loreplicó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No es un animal –dijo en un susurro ellegionario Minicio Justo, de origen galo, leyendo el pensamiento de todos—,creo que nos están vigilando. Se comunican entre ellos, por eso se oyen tancercanos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No se aproximan, sólo vigilan –susurróSeptimo Crito—. Quizá se trate de los lusitanos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Quizá, pero no lo creo –respondió no muyconvencido Marco Galerio, reservándose por ahora sus sospechas—. Mantened losojos bien abiertos. Pero sobre todo que no se den cuenta de que sabemos queestán ahí fuera. En cuanto los gritos se escuchen más cercanos, sin dudar,despertad a los demás. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los hombres asintieron en silencio. Marcoapuró el caldo de su escudilla y se levantó. Los otros le imitaron.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Gracias por la invitación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco volvió a su tienda. Era mejorintentar descansar un poco. Algo en su interior le decía que no iba a ser unamisión sencilla. Se detuvo en la tienda del centurión, que aún estabadespierto, y le ordenó que reforzara la guardia y que hiciera rondas externas.Era conveniente en esas circunstancias ser precavido y, si les estabanvigilando, mejor hacerles ver que estaban listos para responder en cualquiermomento. Aulo Emilio no se demoró en obedecer, ni pidió explicaciones: éltambién había escuchado los extraños gritos animales. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Pero –añadió con una sonrisa cansadaEmilio—, creo que lo que pretenden los que están ahí fuera es precisamente eso,hacernos entender que no estamos solos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco no contestó y se fue a su tienda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Antes del amanecer se pusieron en marchano sin antes desmantelar el campamento. Avanzaron a buen ritmo gracias al hechode que no les llovió ni nevó en todo el camino. Marco Galerio ordenó enviar unapequeña patrulla de exploración, formada por tres de sus mejores hombres,originarios de Castulo, que se fueron turnando para informar de sus hallazgos.Corroboraron que, efectivamente, un grupo de hombres les seguían. Intentabanesconder bien sus pasos, pero los expertos ojos de sus jinetes pudieronlocalizarlos sin ninguna duda. Su actitud indicaba que, por ahora, sólovigilaban su camino y que el número de hombres iba aumentando según avanzaban.En uno de los avances de sus hombres, éstos no retornaron solos. Veníanacompañados de otros dos jinetes: uno indígena, mensajero de Césaro y el otroromano, hombre de Ulpio&lt;i&gt;.&lt;/i&gt; El campamento del caudillo lusitano seencontraba cinco millas más al norte y le informaba que le esperaba junto conel tribuno Ulpio que había llegado la jornada pasada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco Galerio aumentó el ritmo de lamarcha de sus jinetes. Estaban demasiado cerca de las tierras de los asturespara estar tranquilo con tan pocos hombres y suponía que alguna tribu de esastierras debía de ser la que había seguido sus pasos.&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 16pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;br clear="all" /&gt;&lt;hr align="left" size="1" width="33%" /&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;div id="ftn1"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftnref1" name="_ftn1" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; La actual Salamanca&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn2"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftnref2" name="_ftn2" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Se trata de un enclave que se ubicaría en el actual Puerto deBéjar, provincia de Salamanca; en este punto Quinto Cecilio Metelo Pío, entrelos años 79-78 a.C., construyó un campamento romano tras alargar la calzadaromana, conocida hoy como &lt;i&gt;Vía de la Plata&lt;/i&gt; desde &lt;i&gt;Castra Cecilia&lt;/i&gt;,la actual ciudad de Cáceres.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn3"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftnref3" name="_ftn3" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Sierra de la Estrella, Portugal.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn4"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftnref4" name="_ftn4" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Los tres traidores que dieron muerte a Viriato tras ponerse deacuerdo con los romanos eran oriundos de &lt;i&gt;Urso&lt;/i&gt;,la actual Osuna, en la provincia de Sevilla&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn5"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftnref5" name="_ftn5" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; La actual Coimbra, Portugal.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn6"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftnref6" name="_ftn6" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Idanha a Velha, Portugal.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn7"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftnref7" name="_ftn7" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Alcalá de Henares, en la provincia de Madrid.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6505506571514897527-5701327597071746089?l=lolamontalvoescritora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/feeds/5701327597071746089/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2011/11/sanatio-capitulo-viii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/5701327597071746089'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/5701327597071746089'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2011/11/sanatio-capitulo-viii.html' title='SANATIO: Capítulo VIII'/><author><name>Lola Montalvo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18173352217445459305</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='19' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-fDC8uSVGMLE/TWFUqjI45zI/AAAAAAAAAMY/of_ZOAH01g8/s220/img020.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6505506571514897527.post-5172191663845972860</id><published>2011-11-19T19:00:00.001+01:00</published><updated>2011-11-19T19:04:31.699+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Taberna Libraria'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Esperanza redondo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='A Través del Pasado'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='reseña'/><title type='text'>RESEÑA DE «A TRAVÉS DEL PASADO» EN EL BLOG "TABERNA LIBRARIA"</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta tarde he de cortar un&amp;nbsp;momento&amp;nbsp;el hilo de la historia de &lt;i&gt;Sanatio &lt;/i&gt;para contaros algo relativo a mi otra gran joya de la literatura -porque para mí todos mis libros lo son-, de &lt;i&gt;A TRAVÉS DEL PASADO&lt;/i&gt;, novela policíaca, novela negra o thriller, como mejor os parezca, porque en todos los géneros se puede clasificar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La autora del Blog de Literatura, TABERNA LIBRARIA, Esperanza Redondo, se ha leído mi novela en el ordenador en &lt;a href="http://www.librovirtual.org/book/N1272298264/A-traves-del-pasado-"&gt;la versión on-line&amp;nbsp;gratuita&amp;nbsp;que tengo en LibroVirtual.org&lt;/a&gt;&amp;nbsp;y ha escrito una reseña. Por supuesto, no me lo esperaba y os podéis imaginar la sorpresa que me he llevado cuando ella misma me lo ha dado a conocer. Paso a dejaros el enlace de la reseña que&amp;nbsp;&lt;a href="http://tabernalibraria.blogspot.com/2011/11/traves-del-pasado-lola-montalvo.html?showComment=1321723464467#c66885615629571984"&gt;podéis leer en su blog&lt;/a&gt;, no me atrevo a transcribirla aquí porque es su blog y no me ha dado permiso para ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Os recuerdo que mi novela está disponible en Bubok y en Lulú y que podéis ver en el apartado &lt;i&gt;&lt;a href="http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/p/mis-novelas.html"&gt;MIS NOVELAS&lt;/a&gt;, &lt;/i&gt;de este blog, pero recordad que yo lo vendo un pelín más barato vía correo certificado, con gastos de envío&amp;nbsp;incluidos a contra reembolso o por pago en Paypal. Mirad el menú lateral de este blog.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y, por ahora, nada más&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6505506571514897527-5172191663845972860?l=lolamontalvoescritora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/feeds/5172191663845972860/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2011/11/resena-de-traves-del-pasado-en-el-blog.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/5172191663845972860'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/5172191663845972860'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2011/11/resena-de-traves-del-pasado-en-el-blog.html' title='RESEÑA DE «A TRAVÉS DEL PASADO» EN EL BLOG &quot;TABERNA LIBRARIA&quot;'/><author><name>Lola Montalvo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18173352217445459305</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='19' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-fDC8uSVGMLE/TWFUqjI45zI/AAAAAAAAAMY/of_ZOAH01g8/s220/img020.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6505506571514897527.post-3686768969572023286</id><published>2011-11-17T19:19:00.000+01:00</published><updated>2011-11-17T19:19:01.702+01:00</updated><title type='text'>SANATIO: Capítulo VII</title><content type='html'>&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: xx-small;"&gt;Relación de Capítulos publicados hasta ahora con sus enlaces en la barra lateral del blog&lt;/span&gt;&amp;nbsp;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;h2 style="text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Lithos Pro Regular&amp;quot;; font-weight: normal; mso-bidi-font-style: normal; mso-bidi-font-weight: bold;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Capítulo VII&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h2&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&amp;nbsp;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;E&lt;/span&gt;samañana amaneció fría pero muy soleada. Hipia la llamó más temprano de lohabitual para empezar a preparar las viandas que conformarían la cena quecelebraría el amo al día siguiente con dos invitados de la familia, según leexplicó. La esclava estaba agotada. Su paseo por la noche se había alargado másde lo previsto y el tiempo que había conseguido conciliar el sueño había estadoplagado de pesadillas de las que apenas recordaba algunos retazos sueltos.Rostros cubiertos, luces cegadoras, agujas clavadas en su carne. Sacudió lacabeza intentando despejarse y olvidar la angustia de sus terribles sueños.Recordó la incómoda situación en la que se vio envuelta, sin querer, con elamo. Le angustiaba la idea de volver a verlo, de enfrentarse a su mirada. No sepodía imaginar cómo reaccionaría él, pero ella prefería hacerse a la idea quehabía sido un sueño o que, mejor aún, nunca había pasado. Iba a ser un largodía de duro trabajo. Se lavó y se aseó con el agua que Urso había puesto acalentar cuando se levantó, aunque ella prefirió añadirle más agua fría a versi así se libraba del manto pesado que la agobiaba. Se mojó el cabello que yaiba creciendo y cubriendo el enorme costurón de su cabeza. Desayunó un poco deleche tibia y una pera y tomó el cesto de ropa sucia que Hipia le tendió.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Baja al arroyo y la lavas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Cómo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Mujer, ¿no sabes lavar ropa?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La esclava no supo qué decir. Sabía lavarropa, pero no sabía lavar ropa en un arroyo y suponía que debía ponerle algopara quitarle la suciedad. Hipia suspiró y contuvo como pudo el torrente de comentariosairados que se agolpaban tras sus labios. Se acercó a la cocina y llenó uncuenco de madera viejo con cenizas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Moja cada prenda en el agua del arroyo,le echas un poco de ceniza en donde haya manchas y frotas. Debes tener cuidadode no remover demasiado el fondo del arroyo, porque si no, se levantará tierraque se quedará prendida en la ropa. Escurres bien todo y lo extiendes sobre losarbustos. El sol hará el resto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La mujer tomó el cesto y el cuenco concenizas y procurando que no se le cayera nada al suelo salió al patio. Encuanto salió al aire libre se le cortó la respiración, el frío era muy intenso.Dejó todo en el suelo y entró de nuevo para buscar su chal. Cuando llegó a lapuerta de la leñera se detuvo en seco. Sintió un intenso rubor en su rostro. Selo había dejado en el triclinio la noche pasada. Hipia se acercó por detrás:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No se te olvide abrigarte, esta mañanahace mucho frío. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La esclava se volvió y vio su chaldoblado sobre un taburete de madera en la cocina; no tenía ni idea de cómohabía llegado hasta allí. Abrió la boca dispuesta a preguntarle a Hipia, peroinmedia- tamente la cerró, cambiando de idea. «Mejor no decir nada y dejar todocomo está», pensó. Lo cogió, se lo echó sobre los hombros y salió corriendo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pasó dos largas horas luchando con elagua, la arena del lecho del arroyo y las cenizas. El resultado fue lastimoso.Las manchas se difuminaron un tanto aunque no desaparecieron. Con el agua fríalas manos se le congelaron, se le enrojecieron y se le llenaron de heridas yraspaduras de tanto frotar, por lo que llegó un momento en que la ropa teníamás manchas de sangre que de suciedad. Los ojos se le llenaron de lágrimas porel dolor, la desesperación, la impotencia. Escurrió como pudo la ropa y la pusoa secar en los arbustos tal como Hipia le había indicado. Se lavó las manos enel arroyo y se las tapó con el chal de lana. Le dolían espantosamente. Seencaminó a la casa. Cuando llegó no vio a nadie. Quizá Hipia había salido aalgún recado. Desde el accidente había notado que confiaban más en ella y que,cada vez con más frecuencia la dejaban sola. Se cubrió las heridas con aceite yse sentó en un banco. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Una idea se abrió camino en su mente.Sonrió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hipia había reservado las cenizas delhogar en una cesta de esparto mientras en la cocina se quemaba leña nueva.Cogió la cesta y salió al patio. Encontró junto al horno un recipiente de barroparecido a una artesa. Parecía abandonado por viejo. Lo tomó. Buscó paja yllenó el fondo del recipiente. Se fue corriendo a la cocina; llenó una olla deagua y la puso al fuego. Cuando estuvo más que templada, humeante pero sinllegar a hervir, la retiró del fuego y salió con ella al patio. Se arrodillójunto a la artesa y le echó la mitad del agua; removió con un palo y empezó aechar las cenizas, removió más y echó el resto del agua, mezcló otra vez y echóel resto de cenizas. Se formó una pasta oscura y el agua adquirió unaconsistencia espesa. Lo cubrió con un lienzo y lo puso bajo un repecho, cercadel horno. Si la idea que de repente se había abierto camino en su cabeza no leengañaba, al día siguiente, cuando revisara la mezcla y la colara desechando laparte sólida, tendría una especie de lejía que podría utilizar no sólo paraaclarar la ropa y quitarle las manchas más difíciles, sino que sería la basenecesaria para poder fabricar jabón, una vez que lo mezclara con aceite ograsa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando terminó con su experimento aúnHipia no había regresado, así que corrió nuevamente al arroyo. Revisó la ropaque aún no se había secado, dado el frío que hacía y que el sol iluminaba hastacegar pero no calentaba. Miró a su alrededor. Encontró varias piedras, ocho onueve, de tamaño considerable y un poco aplas- tadas; corrió arroyo abajo hastala zona en que comían las cabras y ovejas dentro del cercado. Cogió una brazadade paja y volvió a donde tenía las piedras. Eligió una zona del arroyo en laque la inclinación del terreno fuera menor y colocó las piedras en línea, ensentido transversal al torrente del agua, sin llegar a la otra orilla, de talforma que el agua se viera parcialmente retenida, pero no estancada. Pusopuñados de paja entre las piedras y en la parte interior del pequeño dique,apretándola con barro y encima otra pequeña fila de piedras, más paja y másbarro. Buscó en el lecho del río y escogió todos los cantos rodados queencontró, hasta que formaron una pequeña montaña. Se acercó a su pequeñolavadero y cubrió el fondo arenoso con los cantos, de tal forma que cuandoacabó había empedrado el mismo y apenas sobresalía tierra. Cuando acabó teníaun pequeño remanso de agua que le permitiría meter las prendas de ropa sin quese llenaran de arena. Observó con satisfacción su obra, consciente de que enprimavera cuando llegara el deshielo, la fuerza del agua se lo derribaría, perohasta ese momento tendría un pequeño lavadero que facilitaría la que sabía quedesde ese mismo día era su nueva labor en las tareas domésticas de la casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando regresó a la casa, Hipia estabapreparando la mesa con un montón de viandas para empezar a guisar y la esperabacon una sonrisa, para que le ayudara.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;CayoGalerio y su esposa Domitila eran muy conocidos en la ciudad de Itálica. CayoGalerio era hermano de Marco Galerio, padre. Como él, había comenzado sucarrera en el ejército, pero sufrió graves lesiones tras una de las campañas deCésar en la Galia y hubo de retirarse después de casi diecinueve años deservicio. Tras licenciarse, la idea de volver a Roma no le atraía dado que sufamilia había visto reducidas considerablemente sus posesiones, por lo quedecidió quedarse en la provincia que más prometía en aquellos días: laUlterior. Vivió en varias ciudades, sobre todo en Corduba, en Gades y enItálica. En esta última fue donde conoció a Domitila. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;Hija de un destacado senador de Roma,Domitila se había casado muy joven con uno de los legados de Pompeyo; vivía enItálica cuando los ciudadanos se levantaron contra Casio Longino y ella ayudóeconómicamente aparte de los hombres que se rebelaron contra el nefasto legadode Julio César. Cuando las últimas campañas de la guerra civil tomaron forma enHispania, ella se decantó definitivamente por el bando cesariano, el bando quesu instinto le aseguraba iba a resultar ganador y al que apoyó con su fortunasin dudarlo un instante. Se quedó viuda tras el asedio de Ulia&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn1" name="_ftnref1" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.No habían tenido hijos y estaba sola. Se disponía a volver a Roma cuandoconoció a Cayo Galerio. En un mes estaban casados; ella aportó una importantefortuna y las tierras con las que su difunto esposo se había hecho a lo largode su servicio en Hispania, así que él se pudo dedicar a lo que siempre lehabía gustado: escribir. Sus poemas eran bastante conocidos y sus obrasdramáticas se representaban en los teatros de las ciudades más importantes. Seles consideraba, en Itálica y en todas las ciudades cercanas, una pareja deexcéntricos, dado que no acudían a cenas sociales ni a fiestas, ni vivían conostentación aunque el dinero lo tenían a espuertas. Todos rumoreaban que élestaba loco y que ella lo drogaba para evitar que se le escapara por lasnoches. Sin embargo, lo único verdad era que se querían, les gustaba muchoestar juntos y no les atraía la estricta vida social de los ciudadanos romanos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Espero que en esta velada no hablemos depolítica –dijo el anciano Galerio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cayo Galerio sostenía su copa de vinomientras observaba con mirada golosa las viandas que Hipia había ido colocandoen las mesas, eligiendo con la mirada y haciendo un esfuerzo en decidir porcual comenzaría. Como la tarde era magnífica y el sol aún lucía con ciertafuerza, Marco había decidido que comenzaran la cena en el peristilo hasta queel frío invadiera la noche; entonces se trasladarían al triclinio. Tumbadosalrededor de las mesas se encontraban Crito, el médico, Cayo Ulpio y MarcoGalerio, aparte de Domitila y Cayo Galerio. El anciano matrimonio se habíahecho acompañar de dos de sus esclavos, tan viejos como ellos, que les atendíanen silencio. Urso e Hipia atendían a los otros dos invitados y a su amo. Loscuatro se movían como cuatro sombras, diligentes, anticipándose a cualquierdeseo de los comensales. Llenaban copas, servían platos, traían viandas de lacocina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No te preocupes, Cayo –dijo Ulpio—,estamos menos interesados que tú en ese tema. Nuestra vida incluso depende deello y esta velada preferimos disfrutar de vuestra compañía y no recordar quenuestro futuro es incierto. A parte, le debemos un respeto a nuestra únicadama.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Domitila inclinó su cabeza con extremagracia en dirección a Ulpio, como muestra de reconocimiento por sus palabras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Crito se encontraba sentado en su &lt;i&gt;lectus&lt;/i&gt;y sostenía un plato lleno de pescado marinado con &lt;i&gt;garum&lt;/i&gt;. Masticaba a doscarrillos y cada poco daba pequeños sorbos a su vino. Con la boca llena sonrióy dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Sabéis que Marco ha comprado unaesclava nueva?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Todas las miradas se dirigieron a MarcoGalerio que observaba con detenimiento su vino y que apenas probaba la comida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —La compró moribunda en Gades –continuóCrito tras tragar un bocado— y los dioses han hecho un milagro con ella dadoque se ha recuperado tras muchos días enferma. Pero no recuerda quién es ni dedónde; por no recordar, no recuerda ni su nombre. Habla una extraña lengua,aunque conoce bastante bien nuestro idioma. Es una misteriosa criatura sinduda, más aún porque parece que domina el saber de los sanadores.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Domitila y Cayo Galerio se sentaron ensus triclinios sonriendo hacia Marco. Ulpio permanecía tumbado boca arribasosteniendo su copa en el pecho y un brazo tras la cabeza, postura que decíamucho de lo informal de la reunión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Cómo es eso? –dijo Domitila.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Crito dejó su plato en la mesa y tomó lacopa de vino, le dio un pequeño sorbo y continuó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Hace unos días, Hipia, tuvo un accidenteen el pequeño huerto del patio. Se clavó una hoz en un muslo –murmulloscontenidos de consternación volaron a su alrededor procedentes del matrimonio—.Fue una herida grave, letal si no la hubiera ayudado de forma muy diligentenuestra misteriosa esclava. No sólo evitó que muriera desangrada, sino que lecosió la herida y ha sabido evitar que nocivos humores la posean. Hipia serecupera perfectamente y sin complicaciones –Cayo y Domitila dirigieron susmiradas hacia la interpelada que simuló no estar atenta a las palabras delmédico mientras servía vino a Marco—. La nueva esclava es una mujer muyinteresante. Me ha contado Urso que con cenizas y agua ha fabricado un líquidoque limpia la suciedad de la ropa y que también ha utilizado esta mañana parafabricar jabón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cayo Galerio se sirvió más vino con gestograve.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No será una de esas mujeres que convocana los poderes del Hades.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco Galerio sonrió con ironía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No lo creo, estuvo a punto de moriratada a una jaula. Si tuviera ese poder habría sido liberada por misteriososelementos y no por mi escaso dinero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Domitila se apoyó en un brazo sobre sutriclinio en dirección a su anfitrión. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Por qué la compraste, Marco?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Porque me lo pidió Urso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Sólo por eso te gastas el dinero enalgo que puede ser un cadáver mañana?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —El desembolso fue pequeño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No sólo es lo que pagues en un inicio,sino lo que te puede costar después. Porque los esclavos comen, visten y calzany eso cuesta más dinero aún. Y si ha estado postrada hasta que se harecuperado, no te ha sido de ninguna utilidad en la casa, más aún, ha sido unaenorme carga para los otros esclavos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Ahora sí es muy útil. Ayuda a Hipia yUrso y es muy ingeniosa, como te ha contado Crito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Por qué no la vendes? –Preguntó Ulpiocon la boca llena; se había sentado y comía uvas con queso— ¿Por qué no me lavendes a mí?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco sonrió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Qué interés puedes tener tú en esamujer?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Bueno, es una mujer y tendrá lo quetodas la mujeres –sonrió—. Seguro que le encuentro importantes quehaceres en mihumilde morada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Todos rieron, excepto Marco que sonreíacon sarcasmo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; De repente, Cayo Galerio se llevó la manoa la garganta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Laesclava permanecía en la cocina trabajando sin cesar; colocando comida en lasbandejas, lavando frutas, llenando jarras con aromático vino. Hipia le habíadicho que aún su aspecto no era demasiado saludable para presentarse ante elamo y ante invitados importantes, aparte de que no sabía moverse entre los comensalessin molestar. Sí, sin lugar a dudas el mejor lugar para ella, por ahora, estabaen la cocina. La esclava era consciente de que debía obedecer pero lo hacía aregañadientes. Sentía curiosidad por ver qué aspecto tenían los invitados delamo de los que sólo conocía al médico, Crito. Le caía muy bien ese hombre deexquisitos ademanes y cuidadas manos. Sus bonitos ojos color miel la observabancon aprecio, sobre todo cuando esa misma mañana vio la cura que había llevado acabo con la enorme herida de Hipia. Le hizo innumerables preguntas sobre cómohabía actuado, qué había hecho, en qué orden, por qué había hervido losutensilios y la aguja de coser, por qué había dejado una tira de linosobresaliendo de una de las comisuras de la herida, tira que cada día extraíaun poquito y que al cuarto retiró del todo. Por qué había cosido la piel de esaforma, con puntos independientes y no mediante un hilo corrido. Las preguntaslas hacía con suavidad y la esclava apreció que, según iba satisfaciendo sucuriosidad con sus respuestas, la miraba con algo parecido al respeto. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Sabes muchas cosas. Un día que yo tengamás tiempo debemos hablar con detenimiento –le dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La esclava se ruborizó de satisfacciónsonriendo de oreja a oreja, mostrando unos dientes perfectos, blancos. Unhoyuelo apareció en su mejilla haciéndole parecer más joven. Crito le devolvióla sonrisa y se perdió dentro de la casa. Ella regresó a sus quehaceresdomésticos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Debía darse prisa. Hipia le había reñidoporque se había entretenido demasiado tiempo en el patio fabricando jabón y nohabía metido el pan en el horno cuando ella se lo había ordenado. No quería quevolviera a suceder dado que la relación entre ambas era bastante buena. Colocóla carne con verduras y huevos en la bandeja y la regó con la salsa especiadaque había preparado Hipia. Colocó la fruta junto al queso como le habíaexplicado Urso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Entonces escuchó un estridente grito demujer procedente del peristilo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Impulsada por una fuerza desconocida quele impedía pensar con prudencia y obedecer al mandato de Urso e Hipia de noaparecer por la zona principal de la casa mientras hubiera invitados, echó acorrer hacia el origen del grito, que se repetía según ella se acercaba. Todosrodeaban a uno de los comensales, el hombre mayor, que se agarraba con ambasmanos la garganta, los ojos desencajados, la piel azul intenso, la lengua fuerade su boca, en un intento desesperado pero vano por meter aire en los pulmones.Una mujer mayor gritaba a su lado. Crito le empezó a golpear en la espalda confuerza y entonces algo saltó en el interior de la esclava, un resortedesconocido se soltó en su memoria. Se lanzó hacia el grupo hasta colocarse enel centro del corro y, sin pensárselo dos veces, se colocó tras el anciano,pasó sus brazos alrededor de su cintura con las manos unidas en un solo puñoque colocó justo en el punto en que sus costillas confluían. Con un impulsointenso y seco apretó las manos en ese punto una, dos, cinco veces. Todos lospresentes estaban mudos por la impresión; no sólo por la grave situación en laque se encontraba Cayo, si no por la osadía de la esclava que de esa formaestaba golpeándolo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;CayoGalerio se veía morir asfixiado por un dátil que se le había quedado trabado enla garganta y que era incapaz de echar fuera o de tragar. Alguien le golpeó enla espalda y notó cómo el fruto se encajaba más aún. De repente, sintió cómounos brazos le rodeaban por detrás, se colocaban unas manos en forma de puño ensu barriga y apretaban con firmeza mediante golpes secos y consecutivos, unoseguido de otro, en el mismo punto. Entonces notó cómo, con cada una de esassacudidas, el dátil se despegaba de su garganta y cómo, por fin, se desprendíay salía despedido fuera de su boca, tras lo que tomó una vivificante y eternabocanada de aire que llenó su interior de vida y de paz. Tosió y sintióarcadas, llenándosele los ojos de lágrimas, pero el aire entraba y salía, porfin, sin obstáculo alguno. Cayo sintió con alivio que la vida volvía a suscansados huesos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando la esclava apareció de repente yagarró a Cayo Galerio por detrás, Marco no pudo reaccionar. El vino hacía yarato que corría por sus venas y se quedó parado por la sorpresa. Vio cómo&amp;nbsp; la mujer zarandeaba al hermano de su padrecon sacudidas violentas de sus brazos que no entendía a qué venían, por qué esaloca pegaba a un anciano al que ni siquiera conocía. Cuando por fin pudo darórdenes coherentes a sus brazos y piernas, se lanzó hacia ella como un león yla agarró por detrás, abrazándola por la cintura, elevándola y tirándola alsuelo por fin. La tomó de un brazo y le gritó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Qué haces, desgraciada!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tiró de ella violentamente poniéndola depie y entonces, sin soltarla, comenzó a golpearle en la cara, sendos bofetonesque resonaron en el peristilo y que retumbaron en el ya casi anochecido patio.Ella intentó cubrirse la cara con el brazo libre, sin embargo él era más hábilgolpeando. La mujer gritaba y hablaba, pero las palabras debían ser en supropia lengua porque no comprendía lo que decía. Los presentes lo increpaban,gritando a su vez, aunque Marco estaba loco de furia y no se paraba a atendersus palabras. Por fin, alguien le sostuvo los brazos por detrás mientrasDomitila le tomaba el rostro con las manos al tiempo que le hablaba nerviosa:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡No la golpees más, déjala!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco intentó bajar el brazo para asestarun nuevo golpe pero las manos que lo agarraban se lo impidieron; entonces lavoz de Ulpio, muy cerca de su oído, le dijo con mucha suavidad:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Déjala, amigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco aflojó la mano que sostenía elbrazo de la esclava que, a su vez, lo retiró con furia retrocediendobruscamente. Los ojos de ella fulminaban los suyos. Un odio inigualableiluminaba unos ojos en los que él hasta ahora no había reparado: enormes,verdes aceituna o quizá no, no podía asegurarlo, fieros. Ella se frotó el brazoherido, que aparecía enrojecido donde sus dedos se habían clavado; respirabacon dificultad más por la rabia que la dominaba que por el esfuerzo en su luchadesigual con él. A Marco Galerio no le cabía duda alguna de que, si hubierapodido, la mujer se habría lanzado a su cara y le habría arrancado los ojos.Tanta violencia contenida en ese menudo cuerpo que temblaba como una hoja amerced del viento, esa forma de mirar al amo al que debía ante todo respeto yobediencia ciega, no le pasó desapercibida a ninguno de los presentes. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El tenso silencio oprimía el aire contrael suelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La voz ronca y lastimosa de Cayo Galeriologró suavizar la tensión que dominaba el frío ambiente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No castigues a esa mujer, Marco –tosió yse llevó la mano a la garganta mientras hacía una mueca de dolor—. No sé cómo,pero me ha salvado la vida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Urso se acercó a la esclava, la tomó porun brazo y tiró de ella que se resistió un instante, aunque enseguida se volviódispuesta a regresar a la cocina. Justo antes de perderse en el oscuro pasillo,se volvió y lanzó una nueva mirada cargada de odio en dirección a Marco. Élsostuvo el fuego de esos ojos sin pestañear y se juró a sí mismo que tantasoberbia debía ser castigada. La mujer retomó el camino y se perdió en elinterior de la casa. Los demás esclavos acudieron a realizar diversas tareas,procurando quitarse de en medio ante tanta tensión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Crito se arrodilló al lado de Cayo que sehabía recostado sobre el regazo de su esposa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Qué te ha hecho esa mujer? –preguntó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No lo sé. Pero cada vez que me apretabaen la tripa sentía cómo el dátil se despegada de mi garganta y cómo, al fina,salía despedido de mi boca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sus palabras eran apenas un susurroronco. Domitila le acercó un poco de vino y él bebió un sorbo. Ella dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Marco, hijo, no castigues a esa extrañamujer. He visto morir a varias personas atragantadas con algún trozo de comiday nadie supo cómo evitarlo. Incluso Crito que es un médico sabio yexperimentado no ha sabido hacer nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Crito se sintió molesto por el comentariode Domitila, pero debía reconocer, aunque le pesara, que era absolutamenteverdad por lo que se abstuvo de replicar nada. Ulpio se encontraba sentado allado de Marco. Cayo Galerio se puso en pie. Todos lo imitaron.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Marco, discúlpanos; yo voy a dar lavelada por concluida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Domitila asintió en silencio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Os vais?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No me encuentro muy bien. Me he llevadoun susto enorme, me duele la cabeza y estoy algo mareado. A mi edad estossustos… —hizo un gesto vago con la mano y la apoyó en el hombro de Marco—. Loentiendes ¿verdad?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco tomó entre las suyas la mano deCayo y la apretó con calidez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Por supuesto, Cayo, por supuesto. Osalojáis en casa de Marcelo, ¿verdad?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Se ha hecho con la casa de un decurión ynos ha cedido por unos días la mitad de las habitaciones. Pero mañanaregresamos a nuestra &lt;i&gt;domus&lt;/i&gt; de Itálica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sonrió cansado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Justo antes de salir de la casa, una horamás tarde, acompañados por sus dos esclavos, Domitila se acercó una vez más aMarco, lo besó en la mejilla y le dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Hijo, recuerda que esa extraña mujer hasalvado la vida al hermano de tu padre. Tenlo en cuenta y no lo olvides. No tedejes arrastrar por la ira.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco asintió en silencio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Laesclava se recluyó en la cocina. Hipia no tardó en aparecer. Su gesto serio legritaba en silencio que estaba enfadada con ella. Días atrás ella y Urso lehabían explicado con detenimiento cuales eran las cosas que teníaterminantemente prohibidas y una de ellas era acercarse o tocar al amo o a losinvitados en su casa sin que se le indicara expresamente. A la primera ocasiónhabía desobedecido y estaba furiosa. Tras el incidente, Urso le había dicho quese dirigiera a la cocina mientras él recogía en el peristilo. Los invitados seiban y la velada se daba por finalizada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Las dos mujeres trabajaron en silenciodurante una hora. Fregaron platos y copas, guardaron viandas y vino. La esclavase sumió en su labor sin dar explicación alguna, ni ofrecer excusas; ante tanobstinado silencio, Hipia estuvo a punto de increparla más de una vez, perosiempre cerraba la boca antes de que una palabra saliera de sus labios.Prefería no enfrentarse a ella a solas. Urso sabría mejor qué hacer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Al poco entró Urso en la cocina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Mujer, acompáñame.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Las dos levantaron la cabeza al mismotiempo y lo miraron. La esclava no se movió ni dijo nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;—Mujer, el amo quiere que me acompañes anteél. Quiere hablarte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La esclava lo miraba aún sin intención deobedecer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Te aseguro que si no me acompañas porlas buenas lo haré a mi manera y te juro que estarás en el &lt;i&gt;tablinum&lt;/i&gt; anteel amo, tal y como él me lo ha ordenado. Por las buenas o por las malas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Su tono de voz era tranquilo, en absolutoamenazador. Su rostro inexpresivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La mujer se limpió las manos en un lienzoseco y, sin mediar palabra, salió delante de Urso camino de las estanciasprincipales de la casa. El esclavo salió tras ella no sin antes lanzar unasignificativa mirada a Hipia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En el &lt;i&gt;tablinum&lt;/i&gt;, sala que hacía lasveces de recibidor o despacho y que apenas se utilizaba, se encontraban MarcoGalerio y Ulpio. Crito había abandonado la casa tras el anciano matrimonio; yano existía razón alguna para permanecer más tiempo allí dado que la cena sehabía suspendido, aunque era evidente que estaba muy afectado por lo sucedido ypor su incapacidad de asistir adecuadamente a Cayo Galerio. Era muy consciente,y sufría por ello, de que si la esclava no hubiera estado en la casa ahoraestarían llorando la muerte del anciano. Crito prefería estar solo para rumiarsu humillante inacción. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ambos amigos estaban de pie con una copade vino en la mano. Cuando vieron entrar a la mujer y a Urso, se sentaron enlas sillas de brazos que se encontraban frente a la mesa que presidía laestancia, dejándoles a ellos en inferioridad, haciendo patente su papel deamos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El esclavo se asombró de la actitud de suamo. Nunca le había visto mostrar ese comportamiento con un esclavo ni tantaafectación frente a nadie, fuera cual fuera su condición social. Ulpio mostrabaun gesto grave, pero sus ojos brillaban con regocijo. Indiscutiblemente seestaba divirtiendo con tan inesperado episodio. Urso se esforzó por no mostrarsu desagrado ante la situación que estaba presenciando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La esclava se plantó ante ambos mostrandoun aplomo que estaba muy lejos de sentir de verdad. Estaba muerta de miedo. Aúnle escocían las mejillas por los bofetones que Marco le había propinado, sinembargo, sentía tal indignación en su interior, que antes prefería caer muertaque mostrar temor ante ese mequetrefe presuntuoso e injusto. Le miró fijamentea los ojos, pecado que sabía perfectamente era imperdonable en un esclavo. Sinpoderlo evitar posó su mirada sobre el amigo del amo. Se quedó sorprendida anteesos ojos claros, entre azules y verdes y el color castaño rojizo de sucabello. «Seguro que cuando era pequeño tenía pecas», pensó la mujer. No se leescapó el brillo burlón de la mirada de él, detalle que no supo cómo encajar.Su aplomo se rindió un tanto, pero enderezó los hombros y afrontó nuevamente lamirada oscura y grave de Marco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Urso, incómodo, cambió varias veces elpeso de su cuerpo de un pie a otro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Mujer ¿qué le has hecho al hermano de mipadre, el noble Cayo Galerio? –preguntó Marco con tono severo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Si no me equivoco le he salvado la vida–respondió ella en igual tono.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;Elsilencio de esa sala sólo podría ser comparado con el de una cripta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La mujer se empecinaba en sostener lamirada de Marco, que debió reconocer en su fuero interno que la extraña esclavatenía agallas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La esclava vio un resquicio de duda en lamirada de Marco Galerio y tomó el valor de hablar sin esperar a que lepreguntaran.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Ese hombre se estaba ahogando. Si nohubiera actuado con rapidez habría muerto. Además, el hombre joven, el médico,le estaba dando golpes en la espalda, lo que hacía que el dátil se clavara másaún en su garganta. Mi intención ha sido únicamente ayudar y, si no meequivoco, lo he conseguido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los tres hombres se miraron entre sí. Elgesto divertido de Ulpio era ya más que evidente. Se echó hacia delante en susilla y preguntó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Quién eres?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La mujer se encogió de hombrosconfundida. Tomó aire y se envalentonó por el gesto afable de Ulpio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; — Soy una mujer libre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los tres hombres elevaron sus cejas enevidente muestra de asombro por su inagotable desfachatez. Marco le habló concondescendencia:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Esclava, me parece que estás muyconfundida. En Gades pagué unos cuantos denarios de plata por ti. Tengo unosdocumentos que así lo respaldan y, si no me equivoco, en tu brazo derecho tienesla marca del hierro del comerciante que te compró en Olisipo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La esclava contuvo a duras penas elimpulso de pasar los dedos por la marca que tal quemadura le había dejadodefinitivamente en su piel y mantuvo la mirada en los ojos de Marco. La furiabullía en su interior y temblaba por el esfuerzo de controlarse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Soy una mujer libre, sé que no mecreéis, pero lo he sido. No recuerdo cómo llegué a Gades, ni lo que me pasópara terminar en esa jaula de la que me han hablado. Me recuerdo libre –hizouna pausa—. Urso me ha dicho que si consigo demostrar que lo era me devolverásla libertad –el tono de su voz ya no era altanero, suplicaba—. Ahora norecuerdo mucho, aunque sé que lo haré y te demostraré que no puedo seguirsiendo una esclava.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco lanzó una rápida mirada de reprochea Urso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No te digo que no. Pero mientras tantodebes recordar lo que eres hoy. Me acoge la ley si te azoto por tudesobediencia y tus atrevimientos. Tanta desfachatez sólo te va a proporcionarcastigos. Cumple con tu trabajo y no me ocasiones problemas. Urso te explicarácómo debes comportarte; debes de estar en tu sitio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La esclava luchaba con todas sus fuerzaspor no derrumbarse, por no llorar. Los ojos se le llenaron de lágrimas ypestañeó con fuerza intentando que no rodaran por sus arrebatadas mejillas.Ulpio borró su sonrisa irónica y la sustituyó por un gesto grave. Sentía penapor esta mujer que no paraba de luchar en silencio; se defendía con valor y esono hacía más que acrecentar el respeto que empezaba a sentir por ella. Ulpio sepuso en pie y se acercó a la mujer un par de pasos. Su tono de voz fue afable,conciliador.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Recuerdas de dónde eres?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No. Sé que no soy de aquí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿El nombre de tu pueblo, de tu ciudad?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;—Sin embargo conoces nuestra lengua.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No sé cómo, pero es evidente que laaprendí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Sabes tu edad?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No, sin embargo, creo que ya he pasadola treintena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Estás casada, tienes hijos o familia?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Recuerdo algunos rostros que, siento enmi corazón, pertenecen a personas que aprecio pero no sé quienes son ni surelación conmigo. Tengo la sensación de haber tenido hijos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco no apartaba los ojos de los de laesclava y su anterior aplomo se transformó en ansiedad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;—¿Cómo sabes curar a las personas? –Increpócon brusquedad Galerio—. Crito me ha dicho que lo que has hecho con Cayo no losabe hacer nadie en Roma, que la forma que tuviste de curar las heridas deHipia era nueva para él. Él es un médico joven, aunque muy experimentado, haestudiado con los médicos más sabios de Roma antes de venir aquí. Y tú, unaextraña esclava, conoces cosas que nadie más conoce…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La esclava apartó los ojos de Galerio ylos posó en Ulpio. Su gesto era más amable y el tono de voz que usaba con ella,menos brusco. Quizá tenía un aliado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Sé que eso es lo que soy. Sé curarheridas, huesos rotos, sé tratar enfermedades. Lo que le he hecho al ancianotiene un nombre en mi cabeza, un nombre extraño, y lo he realizado decenas deveces, lo sé. Sin embargo, ese nombre me parece incongruente aquí. Tengopalabras que me rondan constantemente pero sé, por alguna razón, que no… queson… ¡No sé explicarlo!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Movió la cabeza de un lado a otro,confundida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco se puso repentinamente en pie y seacercó tanto a ella que, sin hacer ningún esfuerzo podía sentir el calor quepartía de su cuerpo, su olor. Instintivamente, la esclava retrocedió un paso.El tono de voz de Galerio era desagradable, hiriente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Pues mientras te aclaras, esclava, tenpresente tus obligaciones y el lugar que ocupas en esta casa. No te esfuercesen recordar cosas pasadas y presta más atención a tu presente, que no es otroque obedecer y trabajar. Urso e Hipia te dirán a diario cuales son tusobligaciones y obedecerás sin replicar –acercó su cara a la de ella, enevidente gesto amenazador—. No quiero más viajes nocturnos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Nadie más que ellos dos sabían a qué serefería Marco. A ella le sorprendió que hubiera hecho referencia a lo pasadodos noches atrás y que se lo recordara con tanto veneno, cuando en aquelmomento él mostró más agradecimiento que otra cosa y que, por lo borracho queestaba, supo sin dudar un instante que era sincero. Ulpio y Urso no prestaronatención a esas palabras ni al cruce significativo de miradas entre la mujer yMarco. Éste se giró y se volvió a su silla, sentándose con las piernasestiradas y los tobillos cruzados sin mirarla más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La mujer vio por el rabillo del ojo queUrso le hacía un gesto con la cabeza indicándole que la conversación habíafinalizado. No esperó a que nadie la echara y se encaminó hasta la puerta. Elesclavo la precedía. De repente una idea se abrió camino en su memoria, como elsol lo hace entre las nubes un día de lluvia. Se volvió rápidamente. Ulpio yMarco volvían a llenarse las copas de vino y conversaban en tono quedo. Lamujer llenó el pecho de aire y escupió:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Esta tarde no he cometido ningún delitopor el que se me deba reprender; he salvado la vida de un hombre al que supongoaprecias y nadie me ha dado las gracias o me ha dicho alguna palabra de afecto.¡No, se me ha reprendido por ello! Os creéis tan nobles y tan altaneros… perono sois superiores a mí o a él –señaló con la barbilla a Urso— y jamás loseréis. Si algún día sois alguno de vosotros los que necesitéis de mí, ese díaobedeceré respetuosamente vuestras órdenes de hoy, aunque eso suponga dejarosmorir –hizo una rápida pausa para tomar aire, pero continuó al momento—. Porsupuesto debo acatar lo que todos me mandéis porque no me queda otra opción,sin embargo, no pienso responder, ni atender, ni obedecer, al que no me llamepor mi nombre, que no es ni esclava,ni mujer, ni «oye tú» —pausa para tomar nuevamenteaire—. Mi nombre es Ana y es por el único que responderé.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Acto seguido se volvió y salió deprisadelante de Urso. Marco aparentó que las palabras de la mujer le daban igual yno apartó los ojos de su copa, pero por dentro se sentía mal por ella; se habíaequivocado y no estaba dispuesto a reconocerlo. Necesitaba imponerse a esamujer tan soberbia, humillarla, impedir que volviera a mirarlo con esos ojosnunca más. Jamás había sentido algo igual. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio no apartó la vista de la puertaaunque Urso y la esclava «se llama Ana» hacía rato que se habían ido.Indiscutiblemente esa mujer era extraña y debió reconocer que su comportamientono era habitual. Se levantó y se despidió de su amigo que no se movió nicorrespondió a sus palabras, tras lo que abandonó el &lt;i&gt;tablinum&lt;/i&gt; camino dela calle. En su lugar Marco volvió a beber de su copa, indiferente. CuandoUlpio salió, apuró su vino de un rápido trago, se levantó y estrelló la copa devidrio contra la pared temblando de furia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ana llegó a la cocina, donde Hipia noestaba y se metió en su leñera. Nadie vino en pos de ella para añadir nada más.Supuso que Urso se habría ido a su cubículo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se tumbó en su jergón y se tapó la caracon los brazos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Habían cambiado tantas cosas en tan pocotiempo. Tenía que recordar. Retazos sueltos iban y venían por su cabeza pero nolos podía sujetar o controlar. Por fin recordaba su nombre y lo que era. Sunombre era Ana. Ana. Por ahora Ana y nada más. Era su nombre al igual que laimagen que le devolvió aquella tarde un bruñido espejo de metal era su rostro.Estaba recordándose, recuperando trozos de ella misma, reconstruyéndose.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sí, su nombre era Ana y sabía curar a losdemás. Y eso era lo que iba a hacer siempre que tuviera ocasión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;hr align="left" size="1" width="33%" /&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;div id="ftn1"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftnref1" name="_ftn1" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Esta ciudad se ubicaba en lo que es hoy Montemayor, en laprovincia de Córdoba.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6505506571514897527-3686768969572023286?l=lolamontalvoescritora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/feeds/3686768969572023286/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2011/11/sanatio-capitulo-vii.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/3686768969572023286'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/3686768969572023286'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2011/11/sanatio-capitulo-vii.html' title='SANATIO: Capítulo VII'/><author><name>Lola Montalvo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18173352217445459305</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='19' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-fDC8uSVGMLE/TWFUqjI45zI/AAAAAAAAAMY/of_ZOAH01g8/s220/img020.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6505506571514897527.post-4181234167125978981</id><published>2011-11-06T19:11:00.000+01:00</published><updated>2011-11-06T19:11:46.300+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sanatio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispania'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela histórica'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispalis'/><title type='text'>SANATIO: Capítulo VI</title><content type='html'>&lt;br /&gt;&lt;h2 style="text-align: right;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Lithos Pro Regular&amp;quot;; font-weight: normal; mso-bidi-font-style: normal; mso-bidi-font-weight: bold;"&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="background-color: white; color: #4d4d4d; font-family: Georgia, Utopia, 'Palatino Linotype', Palatino, serif; font-size: 15px; line-height: 20px;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-size: xx-small;"&gt;Relación de Capítulos publicados hasta ahora con sus enlaces en la barra lateral del blog&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-size: xx-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h2&gt;&lt;h2 style="text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Lithos Pro Regular&amp;quot;; font-weight: normal; mso-bidi-font-style: normal; mso-bidi-font-weight: bold;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Capítulo VI&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h2&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;A&lt;/span&gt;rtemidorohabía conseguido una casa impresionante en el centro de Hispalis, muy cerca delforo, tras la basílica. De dos pisos, amplias habitaciones, enorme patiointerior con plantas de todo tipo y cuatro fuentes, una en cada esquina querefrescaban de forma muy eficaz en los calurosos días de verano, un jardín quecircundaba todo el perímetro de la &lt;i&gt;domus&lt;/i&gt; lleno de árboles frutales,paredes bellamente decoradas por pintores locales y mosaicos que nada tendríanque envidiar a los que pudieran poseer los más nobles senadores de Roma. Eldecurión&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn1" name="_ftnref1" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;que amablemente se lA había «cedido»,poseía otra casa cerca del río de dimensiones algo más reducidas, pero no menosesplendorosa en su factura y, según afirmaba mientras ordenaba recoger suspertenencias a toda prisa a sus veinte esclavos, se sentía más que honradoporque el noble cuestor Marcelo se alojara en su humilde morada, la queesperaba pudiera llegar a considerar su propio hogar. La sonrisa del decuriónse encogió un tanto cuando Artemidoro le indicó entre dientes que dejara lamitad de los esclavos y toda la vajilla de plata. El noble Marcelo no podíabuscarse su propio servicio ni comer en vulgares platos de cobre.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El cuestor llegó a Hispalis un día mástarde y se sintió plenamente complacido por las gestiones de su hombre deconfianza. La casa era de su gusto, muy hermosa, bien ubicada dentro de laciudad y no faltaba detalle para cubrir a plena satisfacción sus exquisitasnecesidades. A las pocas horas se sentía como si fuera suya. El decurión acudiópor la tarde a su propia casa y solicitó visitar a Marcelo para darle labienvenida personalmente, pero se le despidió, por medio de uno de sus propiosesclavos, tras explicarle que el cuestor estaba descansando de su largo viaje yque hasta el siguiente día no recibiría nadie. Dos días más tarde no fueconvocado a la reunión de bienvenida que celebró el cuestor y que se negó a quetuviera lugar en la curia de la ciudad. Marcelo, personalmente, convocó a laspersonas que serían recibidas en su casa pretendiendo que el primer contactocon Hispalis, tras una larga temporada ausente, fuera del todo informal parahacerse una idea de la situación antes de presentarse ante los representantesmunicipales del pueblo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Aquella mañana la lluvia había concedidouna tregua tras algo más de cuatro días de caer agua sin descanso. Seencontraban reunidos en una hermosa sala dedicada a Ceres, bellamente decoradacon frescos y mosaicos haciendo referencia a la diosa en los que dominaban lostonos amarillos del trigo. En el suelo, los largos y hermosos cabellos de lanodriza del género humano, acariciaban los pequeños cuerpos de dos niños que asus senos se alimentaban. Tocada con un velo que le llegaba hasta los pies, sugesto serio pretendía proporcionar una serenidad que estaba muy lejos de flotaren un ambiente como el de aquella noche. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Presidía la informal cena el cuestorMarcelo, con una toga de seda que competía en brillos con las llamas de lasdecenas de estilizadas lucernas que colgaban de las paredes. El legado TitoFabio Buteo se encontraba a su derecha más los dos duunviros de Hispalis, LucioHoratio Victor y Servio Gallo Bato. A su izquierda se encontraban dos tribunos angusticlaviosde la legión XXX, Mario Atilio Varo y Sexto Poncio Silano y el tribunolaticlavio Cayo Albio Severo; frente al &lt;i&gt;lectus&lt;/i&gt; de Marcelo seencontraban, por último, Marco Galerio Celer y los dos ediles de la ciudad deHispalis, Apio Livio Avito y Cneo Manlio Galeo. Varios esclavos de la casapululaban entre los comensales; sólo los duunviros y los ediles se habíantraído consigo sus propios sirvientes para que les asistieran durante la cena.La mesa central rebosaba de viandas de todo tipo que los esclavos ibansirviendo y reponiendo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco Galerio comía y bebía en silencio,el gesto grave mientras el resto de invitados conversaba alegremente entre sí,relatándose chismes y cotorreos de actualidad. Las risas y el tono de laconversación subían al mismo ritmo que el vino iba desapareciendo de las jarrasy las bellas copas de vidrio que acercaban cada poco a sus ávidos labios. Unahermosa esclava se acercó a Marco y le sirvió vino. Era muy joven, quizá notendría más de dieciséis o diecisiete años. Cuando sirvió a su vecino de &lt;i&gt;lectus&lt;/i&gt;,Livio Avito, éste cogió a la mujer por la cintura y la atrajo hacia sí. Lamuchacha cerró los ojos y se dejó hacer procurando que no se le cayera el vinode la jarra mientras Livio la besaba en el cuello y le bajaba la túnica por loshombros dejando sus blancos senos al descubierto, que acercó a su boca y besócon gula. La joven bajó la cara, avergonzada, pero no hizo ningún gesto derechazo que le habría supuesto un severo castigo, sin duda. Marco bebió de sucopa evitando dejar entrever lo incómodo que se sentía ante tal muestra delascivia y abuso, dado que la muchacha no le correspondía. Los demás reíanjaleando al edil que ya había hecho recostarse a la esclava y le había subidola túnica sobre las ingles mientras que con una de sus manos hurgaba entre laspiernas de la joven. Marcelo observó el gesto de desagrado en el rostro deMarco Galerio, que no se molestaba en disimular ante sus invitados lo mucho quele asqueaba el voluptuoso apetito de su compañero. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcelo se incorporó en su &lt;i&gt;lectus&lt;/i&gt;con sorprendente agilidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Estimado Livio Avito, será mejor quedejes para más tarde lo que tienes entre manos –dijo y las risas de todosenmudecieron momentáneamente su voz—. Hemos de tratar una cuestión que debe de sersolucionada sin dilación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Livio levantó la cara del cuello de laesclava, aunque no se incorporó ni la soltó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Noble Marcelo, el esclavo que me asisteno tiene entre las piernas frutos tan sabrosos –dijo mostrando a las claras queel vino hacía ya rato que corría en abundancia por sus venas—. Deja que terminelo que tengo iniciado y te atenderé.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Livio, más tarde podrás finalizar conéxito lo que deseas –Marcelo, sonrió con malicia—; dudo mucho que el vino querebosa por las costuras de tu toga y por tus orejas permita mantener recio eltimón de tu barca para llegar a buen puerto entre las humedades de esta tiernaesclava.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Las risas de los invitados impidieronescuchar el sollozo de asco que se le escapó a la esclava, cuando por fin logróescabullirse del cuerpo sudoroso del edil; la muchacha se marchó tras recuperarsu jarra lo más rápido que pudo sin poder echar a correr y sin parar arecogerse la túnica sobre su casi desnudo cuerpo. Marcelo dirigió unasignificativa mirada a su hijo adoptivo Marco Galerio, una más que evidentereprimenda en su expresivo rostro que podría resumirse como: «tu cara de ascoes demasiado evidente, ¡disimula y ayúdame a atender a mis invitados!». Marcobebió una vez más de su copa, cerró los ojos intentando tragarse la bilis quele atenazaba la garganta y adoptó un gesto que pretendió fuera de indiferencia,aunque el resultado fue pobre. De todos modos, como invitado de poca categoría,aunque protegido del anfitrión dado que era su hijo, los demás comensales loignoraban y asumían su presencia como parte del decorado. Todos, excepto AtilioVaro, que había presenciado con aparente satisfacción el intercambio de miradasentre Marcelo y Galerio y una significativa sonrisa curvaban las comisuras desus labios en algo parecido a una sonrisa. Marco sostuvo sus ojos en los deltribuno, que los apartó al poco, aún sonriente. No dejaba de preguntarse paraqué se le había hecho venir a esta reunión. En su legión era sólo un oficialmenor, sin poder ninguno. Prefería una visita personal e íntima al reciénllegado, no una reunión con los altos jerarcas de la ciudad y de la legión.Marcelo conocía su desagrado, pero aún así le obligaba a asistir. Insistía enque si quería progresar en su &lt;i&gt;cursus&lt;/i&gt; debía aprender a relacionarse anivel político. Por supuesto, Marcelo se esforzaba constantemente en ignorarque a Marco la política le traía sin cuidado y que sus expectativas se reducíanal ejército. Era un soldado y eso es lo único que deseaba seguir siendo. Nadamás.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcelo hizo un gesto a los esclavos quese escabulleron tan silenciosamente como habían permanecido en la sala. Sesentó en su &lt;i&gt;lectus&lt;/i&gt; lo que supuso una indicación a sus invitados de quese iban a tratar temas importantes. Marco Galerio se incorporó y se levantó consu copa de vino en una mano, situándose a un lado de los gruesos cortinajes quecubrían una de las amplias portadas de la sala, agradecido por poder alejarsedel sudoroso cuerpo de Livio Avito. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Como sabéis, nuestro querido gobernador,el noble Cneo Domicio Calvino, acaba de llegar a la Ulterior –un arroyo demurmullos subrayaron las palabras de Marcelo—. Ha decidido quedarse en lacolonia Patricia Corduba a pasar el invierno. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se puso en pie con la copa en la mano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Todos los aquí presentes sabéis que yoanhelaba el puesto de gobernador… –pausa y pétreo silencio— y que me llevé unagran decepción cuando ese puesto lo recibió nuestro querido Domicio Calvino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El tono de voz de Marcelo era grave,emotivo, contenido. El silencio ante unas palabras tan inesperadas eraatronador. A todos se les pasó la borrachera de golpe, incluso Livio Avitomostraba un gesto de inteligencia que un momento antes jamás se le podría haberpresupuesto. Marco Galerio, desde su lejanía, observaba la escena con asombro,olvidando por un instante dónde se encontraba y el desagrado que le invadíahasta ese momento por estar donde no deseaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Como soy muy consciente de que se hadudado de mi fidelidad hacia la persona del noble Octaviano y de su legado enHispania, nuestro flamante gobernador Cneo Domicio Calvino, quiero dejarpatente ante los aquí presentes mi más absoluta fidelidad a Roma y a los que elpueblo, por mediación de su Senado, designa para dirigir nuestros destinos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marcelo se llevó una mano al pecho e hizoun sublime y elegante gesto de humildad con la cabeza, que los presentesrecibieron con breves salvas y golpes con sus manos. El cuestor levantó lacabeza con un forzado gesto de arrobo, pero a Marco no se le escapó el brillo desatisfacción que brotó de sus azulados y fríos ojos. Había conseguido su primerobjetivo, sin duda. Debía seguir su guión para dar por satisfecha la velada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Supongo que a los oídos de todos losaquí presentes ha llegado el rumor, más que fundado, de que traidoras manosestán planteándose acabar con la vida de Domicio Calvino –murmullos yasentimientos por parte de todas las cabezas—. Aquí, en mi casa y bajo mi techoos hago saber que he puesto todos los medios a mi alcance para descubrir a losque puedan estar implicados y os pido formalmente vuestra colaboración. Es poresta razón que he asentado mi casa en Hispalis y no en Corduba con elgobernador, para abarcar más terreno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Todas las cabezas asintieron y murmuraronfrases de apoyo, pero Marco observó ciertas miradas de reojo que se lanzaronvarios de los presentes entre sí, sobre todo las de Atilio Varo con el legado,Fabio Buteo y con el duunviro Horatio Victor. La modesta sonrisa deagradecimiento que se dibujó en el rostro de Marcelo no pudo cubrir, según lepareció a Galerio, un cierto brillo de triunfo. Había cortado todos los rumoresque sobre su persona circulaban afrontándolos como si fueran una mala afrenta asu buen nombre y reputación, haciendo partícipes a los que sabía que de él dudabande su determinación de localizar y destruir a los traidores, entre otras cosas,porque él mismo era el principal sospechoso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A Galerio no le cupo ninguna duda aquellanoche, según se dirigía a su casa acompañado por Urso, que Marcelo había dirigidolos hilos esa velada en su propio provecho, pero por supuesto no habíacomprendido en qué le beneficiaba nada de lo acontecido. Menos aún entendía supropia presencia en la cena. Apenas había abierto la boca y Marcelo lereprendió por ello una vez que todos los invitados se hubieron ido. Marco y élpermanecieron en la sala donde se había celebrado la cena, recostados en sus &lt;i&gt;lectus&lt;/i&gt;,uno frente al otro, degustando uno de los mejores vinos de la bodega deldecurión dueño de la casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Eres demasiado mojigato para ser unveterano soldado, un oficial de una de las legiones reclutadas por elinigualable César.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Marcelo, yo no comparto esa forma depasatiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿A cual te refieres, a las cenas enbuena compañía o a la política?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Si tú ves la política como unpasatiempo…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Por supuesto que la política es unpasatiempo! ¡Y una forma de vida y una forma de poder!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —A mí no me interesa el poder.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Pues debería interesarte, Marco. Tienescuarenta años y no has logrado nada… ¡como tu padre!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco se levantó del &lt;i&gt;lectus&lt;/i&gt; ydepositó con un brusco golpe su copa en la mesa. Marcelo se levantó rápidamentey le sujetó por el brazo con la fuerza de una garra de oso. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Eres mi hijo, Marco, no de mi sangre,cierto, pero porque te elegí eso hace que te tenga más aprecio aún!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Galerio cedió y la garra se transformó enuna paternal y afectuosa mano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Deseo que llegues lo más lejos posible,hijo. No quiero que termines como tu padre, anclado en una jerarquía militarinútil, que no valora los éxitos ni la obediencia y que obliga a bajar lacabeza ante ineptos que no saben nada de la guerra y que se mean encima encuanto hay sangre, sólo por eso que llaman honor y fidelidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —A mi padre le arrebataron la vida en unaemboscada, si hubiera tenido la oportunidad…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Tu padre jamás habría pasado de lo queera. No supo relacionarse, como te pasará a ti si no cambias, Marco –Marcelosuspiró y apoyó una cálida mano en su hombro—. Llevas en el ejército cerca deveinte largos y sangrientos años. Has estado a punto de perder la vidainnumerables veces, has participado en guerras y batallas decisivas y, en lugarde considerar que has cumplido con tu papel y que has demostrado ya tu valía,te empeñas en seguir la vía normal y no dejas que te ayude a promocionar.Tantos años de dedicación y no eres más que tribuno de caballería –Marco sesoltó de su mano; Marcelo suspiró irritado—. Se acerca otra guerra aquí, enHispania, quizá en la siguiente batalla no tengas tanta suerte y un indígena terebane el cuello… ¡Deja que te ayude, Marco!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco le puso ambas manos en los hombrosy lo zarandeó suave, cariñosamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Marcelo, acepté ser tu hijo porque tetengo un amor sincero, aprecio el apoyo que proporcionaste a mi padre en vida ya mi familia cuando le mataron, pero no porque desee seguir tus pasos. En misvenas no corren tus ambiciones, ni tu ilusión. Soy soldado y, mientras puedasostener mi espada, seguiré en la legión. Cuando ya no valga para eso, meretiraré, si no me vuela antes la cabeza una jabalina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ambos sonrieron, rendidos. Marco Galerioapuró su vino, se ajustó la toga y se despidió de Marcelo con gesto cansado.Quizá estaba más borracho de lo que en realidad se creía. Sin embargo, supadre, aparecía sereno y dueño de sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Mientras Marcelo lo veía partiracompañado de su inseparable Urso, que había aguardado pacientemente durantehoras en la cocina mientras duraba la cena, no pudo evitar un suspiro deexasperación. «¡Cuánto daño puede hacer una mujer, cuánto!», pensó confastidio. Marco no se dejaba hacer, no respondía a sus expectativas. Hacía yavarios días que había puesto en marcha una solución para intentar paliar tantadesidia. Las alianzas debían seguir su curso para poder conseguir sus objetivos.Su hijo no podría negarse a obedecer a lo que le tenía preparado, menos aún sicon ello obtenía a cambio una buena entrepierna en la que descargar tanta ansiacontenida. Los muertos no debían seguir controlando la vida de los vivos portoda la eternidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Chascó los dedos y un esclavo apareció deentre las sombras, silencioso y solícito. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Haz venir a la joven esclava que nos haservido en la cena y llévala a mi lecho, ¡rápido!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Mientras el esclavo salía a todavelocidad a cumplir la orden, Marcelo se dirigió con una sonrisa y una copa devino hacia su cubículo. Una noche como aquella debía tener un adecuado puntofinal y qué mejor que una inexperta esclava de blancas y tiernas carnes, queobedezca sin chistar. Esa noche Marcelo se sentía caprichoso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se perdió con lento caminar entre lososcuros pasillos con un brillo lascivo en sus ojos verde azulados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Lanoche estaba ya muy avanzada cuando Urso y Marco Galerio regresaron a la casa.La esclava escuchó sus voces. Se encontraba sentada en uno de los lechos deltriclinio, a oscuras. La luna entraba a raudales por el atrio e iluminaba laestancia tenuemente, dado que una de sus puertas daba a esta zona. Un haz dabade pleno sobre la hornacina en la que se encontraba el busto de una bellamujer. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Había aprovechado que Hipia se había idoa dormir para pasearse otra vez por la casa. Desde que la había ayudado en elpatio aquella mañana, hacía de eso ya tres días, Hipia la trataba mejor, sinrecelo y con un evidente respeto. La herida evolucionaba muy bien, los puntosestaba limpios, no había indicios de complicaciones y la joven recuperaba pocoa poco el ritmo de sus obligaciones cotidianas sin problemas. El cambio en suactitud hacia ella dejaba de manifiesto su agradecimiento; a cambio, la ayudabaa aprender latín, que ya hablaba, con apenas tres días de intensoadiestramiento, con bastante soltura. Esto les convenció de que efectivamente,en algún momento del ignoto pasado de la esclava, ésta había hablado estalengua con cierta habilidad. Por supuesto, al recuperar la capacidad paracomunicarse, empezaron las preguntas sobre su origen e identidad, pero nadapudo aclarar. Tanto Urso como Hipia estaban ávidos de saber quién era, de dóndevenía, dónde había adquirido conocimientos tales para curar que le habíanpermitido actuar con tanta diligencia en el accidente que había sufrido Hipia,pero no recordaba nada, ni siquiera su nombre. Imágenes borrosas se agolpabanen su mente; cuanto más intentaba ver más se alejaban y se oscurecían, por ellocomprendió que debía dar tiempo a su cabeza a que sanara por completo. Si losdioses así lo disponían, quizá algún día tendría todas las respuestas.&amp;nbsp; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Urso e Hipia le explicaron cómo la habíanencontrado en el puerto de Gades, cómo la había comprado el amo Marco. Lehicieron saber que tenía mucha suerte de haber topado en su camino con él y nocon otro; el amo era conocido, y también criticado, por estar en contra de laexplotación de los esclavos o de castigarlos sin motivo alguno o de abusar deellos; esta forma de pensar era muy poco corriente entre ciudadanos romanos.Urso se había criado con él y presumía de conocerlo muy bien. Había llegado aGades, al igual que ella, procedente de tierras egipcias tras ser robado a sufamilia. Marco Galerio Celer, padre, lo vio encadenado y débil y decidiócomprarlo, llevándoselo a Roma cuando regresó meses después. En su casa se criócon su propio hijo de corta edad, Marco, y desde entonces no se había separadojamás de él. La esclava se sintió algo mejor con todas estas explicaciones y uncierto alivio le aligeró el corazón. No le entraba en la cabeza el tener queasumir su nueva situación como esclava, tenía la absoluta certeza de que antesera una mujer libre, aunque como no tenía ningún recuerdo de en quécircunstancias había llegado a este nuevo estado, consideró muy esperanzadorcuando Urso le aseguró:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Si llega el día que recuperas la memoriay puedes demostrar que eras una mujer libre y que el mercader o cualquier otrote robó, el amo Marco Galerio te devolverá la libertad, porque así lo marca laley. Mientras tanto puedes estar tranquila porque Marco es un buen amo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Mientras escuchaba estas palabras susdedos acariciaban la cicatriz de la quemadura de su brazo, que aparecía con unapiel nueva, brillante, rosada y definitiva. «Sí –se dijo—, ante tanta desgraciaen mi vida parece ser que he tenido suerte con el amo»&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Esa noche, una vez que Hipia se hubodormido, la esclava salió del cuarto de la leña, que se había convertido en sucubículo definitivo y empezó a vagar por la casa. No podía dormir. Sentía elcuerpo como un saco lleno de hormigas y, aunque estaba agotada por el intensotrabajo que ya realizaba a diario, no podía conciliar el sueño. Así que selevantó, se cubrió con un chal de lana y salió a curiosear por la casa. El amono estaba y Urso tampoco. Si no hacía ruido lo más seguro es que Hipia no sedespertara y no diera cuenta de su atrevimiento. Ya en su paseo de días atrás,había constatado que se trataba de una construcción enorme, con un patiobastante grande con una fuente en su centro. El peristilo delimitaba un pasillocuadrangular de varios pies de ancho que, según le había explicado Hipia el díaanterior, la antigua señora, Marcia, segunda esposa del padre de Marco Galerio,aprovechaba en las noches de estío para celebrar divertidas cenas con amigos yfamiliares. En esa fría noche de noviembre aparecía oscura e inerte, nadarecordaba la alegría y calor de cenas pasadas. Curioseó por algunosdormitorios, por las diversas estancias, muchas sin mueble alguno. Al entrar enel triclinio se quedó sorprendida por la belleza de la escultura que presidíala sala. Una pequeña inscripción tallada en el mármol, cerca de la base,rezaba: &lt;i&gt;«A mi muy amada Marcia»&lt;/i&gt;. La esclava acarició con la yema de losdedos su frío rostro, sus cabellos, el óvalo de su cara y se imaginó que debióser una noble dama a la que todos respetaban y querían. Supo que no estabaerrada al recordar cómo le hablaba Hipia de ella, con veneración, con afecto.Se apartó unos pasos y se sentó a observarla. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Entonces, escuchó las voces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se puso en pie, asustada. Si volvían asorprenderla recorriendo la casa sin permiso esta vez seguro que sí lacastigaban. Ya, la vez anterior, Urso le había avisado que no debía hacerciertas cosas. Se acercó a la puerta y se pegó a los cortinajes. Con un poco desuerte el amo se dirigiría directamente a su cubículo y se acostaría. Sólodebía esperar. Entonces el corazón le dio un salto en el pecho. ¡Y si Urso seasomaba a la leñera buscándola para atender alguna necesidad de Hipia! Losnervios le oprimieron el pecho impidiéndole respirar. Escuchaba los latidoslocos de su corazón en los oídos. Las voces se acercaron. Contuvo larespiración.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Urso y Marco Galerio se perdieron en lahabitación de este último. Esta era su oportunidad. Se quitó las sandalias ysalió al oscuro pasillo. Esperaba poder recordar el camino de vuelta a lacocina y no perderse. Había dado tres pasos cuando escuchó a Urso abandonar eldormitorio del amo y despedirse de él, deseándole que pasara una buena noche.Desanduvo rápidamente el camino iniciado, entrando nuevamente en el triclinio.Volvió a colocarse cerca de los cortinajes. Respiraba entrecortadamente yestaba convencida de que los latidos de su corazón se oirían varias millas a laredonda. Intentó escuchar y asomó un poco la cabeza por el pasillo. Nada. Tomóaire. Iba a salir nuevamente camino de la cocina, cuando escuchó un murmullo depasos, a los que precedía un tenue resplandor. Marco salía de su dormitorio. Seescondió una vez más y contuvo nuevamente el aliento. Las cortinas de la salase movieron y el amo entró en el triclinio. A la esclava le temblaba todo elcuerpo y se quedó paralizada. Pensó que si no hacía ruido podría salir al pasillosin que le viera aprovechando que estaba de espaldas a ella, pero no se podíamover. Estaba aterrorizada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco caminaba con paso torpe. Llevabauna amplia camisa, que no le cubría más allá de las rodillas, abierta pordelante hasta la cintura. Portaba una lucerna en la mano izquierda que oscilabapeligrosamente por sus movimientos erráticos, amenazando con derramar elaceite. La luz se movía casi con vida propia, dando a la sala un efectoespectral y a su rostro un aspecto duro, brutal. La esclava arrugó la nariz.Marco apestaba a vino. «¡Está borracho!», se sorprendió. Con paso lento yvacilante Galerio avanzó hacia la hornacina. No calculó bien la distancia y setropezó con uno de los &lt;i&gt;lecti&lt;/i&gt;. Por los pelos consiguió que el aceite nose derramara y saliera todo ardiendo. Se enderezó y se situó, por fin, frente ala escultura de la mujer. Posó su mano en una de sus frías y lisas mejillas,recorrió con la yema de sus dedos sus labios, el hoyuelo de su barbilla. Laesclava escuchó cómo murmuraba algo ininteligible y sorbía por la nariz. Dejóla lucerna en un gancho que había en la pared, lo que consiguió tras cuatrointentos. Apoyó ambas manos en las mejillas de la imagen y besó los marmóreoslabios, tras lo que rompió a sollozar sin control.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La esclava no podía salir de su asombro.Estaba presenciando un momento tan íntimo, tan doloroso. Se sentía incómoda,violenta. Un hombre de apariencia grande, fuerte, derrotado de esa manera yllorando como un niño. El vino le había hecho bajar la guardia y se encontrabaabatido por un intenso dolor. Marco se dejó caer de rodillas, de espaldas aella, con el rostro entre las manos. Ese era el momento más adecuado para salirde la sala sin que se apercibiera de su presencia. Dio un paso hacia elpasillo, pero volvió la vista a Marco y se detuvo. Él se había puesto a cuatropatas para intentar ponerse en pie, pero se tambaleó y cayó de lado. La esclavasintió una pena enorme que superó todo temor que pudiera dominarla. Retrocedió,se colocó las sandalias y se acercó al hombre que, nuevamente, intentaba sinéxito ponerse en pie. Se situó frente a él y le tendió las manos. Si Marco sesorprendió de encontrarla allí a esas horas no estaba en condiciones dedemostrarlo. La miró como si su presencia allí fuera lo más normal y le regalóuna media sonrisa, llena de sarcasmo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Vamos –susurró la mujer, mientras movíasuavemente las manos, invitándole a agarrarse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Vaaamos… —coreó él, burlón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se cogió con fuerza a sus antebrazos yella hizo lo mismo con los de él. Tiró hacia atrás, pero pesaba mucho y apenaslevantó un palmo del suelo. Por fin, un último esfuerzo consiguió elevar suenorme físico a la vertical. Marco suspiró y ella no pudo evitar echar lacabeza atrás asqueada por su aliento. Su aspecto era grotesco, sudoroso, conlos ojos hinchados, enrojecidos y semicerrados, los labios entreabiertos. Pasóel brazo de él por sus hombros y pasó el suyo por su cintura, agarrándole confuerza. Marco le sacaba más de una cabeza en altura por lo que al apoyarsesobre ella iba encorvado. Caminaron despacio, salieron al pasillo y, por fin,llegaron a su cubículo. Le ayudó a tumbarse en el lecho y a retirarse los &lt;i&gt;calcei &lt;/i&gt;que aún llevaba puestos. La camisa estaba mojada y se pegaba asu pecho. Decidió quitársela; hacía frío y podría enfermar. Él se dejó hacercon los ojos cerrados; seguidamente le tapó con la sábana, dado que no llevabamás ropa. Cuando terminó, mojó un lienzo en el agua que encontró en una vasijaque había sobre el mueble que había pegado a una de las paredes, en el que aúndescansaba el bruñido espejo que le devolvió su desconocido rostro días atrás.Con el paño mojado le limpió el sudor de la cara, se lo pasó por el cabello ypor el pecho. Mientras le limpiaba no pudo evitar pasear la mirada por variascicatrices que&amp;nbsp; le surcaban la piel en eltórax y en el abdomen; tres de ellas debieron ser, en su día, enormes heridas,brutales, violentas, que probablemente pusieron en riesgo su vida. Lo acomodóen la cama. Él permanecía aún con los ojos cerrados y su respiración erasuperficial y regular. La mujer supuso que se había dormido. Lo arropó bien conla sábana y con un grueso cobertor que había a los pies del lecho y le ajustóalgo parecido a un almohadón bajo la cabeza, tras lo que se giró dispuesta a irse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Gracias –susurró Marco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La mujer se volvió una vez más. Marco lamiraba a través de las dos rendijas inflamadas de sus párpados. Ella no supoqué era lo más adecuado decir, no encontró las palabras en latín, así que selimitó a asentir y murmuró en su propia lengua:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —&lt;i&gt;Nohay de qué.&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco ya no la escuchaba, se habíadormido al instante. La esclava, ya sí, se volvió y salió al pasillo camino desu leñera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Laesclava se durmió casi en el mismo momento en que su cabeza reposó, por fin, enel lecho. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Un torrente de imágenes se agolpó en sumente. Tuvo la sensación de caminar por el borde de un acantilado, unasuperficie de piedras sueltas y arenisca; muy, muy lejos, abajo, el mar rompíacon fuerza contra las rocas. Una de las piedras cedió bajo su pie desnudo ycayó al abismo. Agitó brazos y piernas en el aire, pero siguió acercándose alas rocas y al mar a toda velocidad, sin remedio. Antes de chocar contra ellas,abrió los ojos y se encontró tumbada en una especie de camastro alto, un lechoduro, forrado con un material similar a la piel. Una luz cegadora en el techole impedía abrir los ojos que se le llenaron dolorosamente de lágrimas.Entreabrió por fin los párpados y encontró varias cabezas que se arremolinabana su alrededor. No podía ver sus rostros ni sus cabellos, dado que se cubríancon una especie de gorros y sendos pañuelos tapaban sus facciones. A través dela tela pudo ver cómo movían sus labios, sin embargo, no escuchaba lo quedecían. Algo en su interior le gritaba que estaban recitando su nombre como enuna secreta oración. Intentó prestar atención pero no oía nada, sólo veía latela moverse sobre sus labios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cerró los ojos, chilló con todas susfuerzas, mas de su garganta no brotó ningún sonido. Intentó incorporarse sinconseguirlo ya que unas correas de cuero sujetaban sus brazos y piernas alestrecho lecho forrado de piel. Los labios de esas personas seguían recitandosu monótono salmo, pero ella ya no intentaba entenderlos, solo quería salir deallí. Un pincho muy fino se acercó a su rostro y más tarde se clavó en subrazo, a la altura del codo. Una corriente de intenso calor la recorrió enteray, entonces, un negro túnel se acercó para engullirla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero antes de abandonar la conciencia viocómo uno de esos rostros se retiraba el paño de la boca y entonces, sí, pudoleer en sus labios el nombre que recitaba como una oración prohibida…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;div id="ftn1"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftnref1" name="_ftn1" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; Miembro de la curia o senado municipal&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: xx-small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6505506571514897527-4181234167125978981?l=lolamontalvoescritora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/feeds/4181234167125978981/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2011/11/sanatio-capitulo-vi.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/4181234167125978981'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6505506571514897527/posts/default/4181234167125978981'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lolamontalvoescritora.blogspot.com/2011/11/sanatio-capitulo-vi.html' title='SANATIO: Capítulo VI'/><author><name>Lola Montalvo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18173352217445459305</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='19' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-fDC8uSVGMLE/TWFUqjI45zI/AAAAAAAAAMY/of_ZOAH01g8/s220/img020.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6505506571514897527.post-2732991904741646688</id><published>2011-11-01T19:08:00.000+01:00</published><updated>2011-11-01T19:08:29.806+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sanatio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Legiones romanas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispania'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela histórica'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hispalis'/><title type='text'>SANATIO: Capítulo V (cont.)</title><content type='html'>&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-size: xx-small;"&gt;Relación de Capítulos publicados hasta ahora con sus enlaces en la barra lateral del blog&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sequedó sola en la casa. Hipia había salido un momento. No tenía muy claro paraqué dado que la palabra que había utilizado no era una de las que conocía: &lt;i&gt;mulgeo&lt;/i&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn1" name="_ftnref1" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;i&gt;.&lt;/i&gt;De repente, había comprendido que el idioma que utilizaban estas gentes no eraotro que latín. A los tres o cuatros días de recuperar la conciencia esapalabra había llegado a su cabeza como cuando se disipa una niebla y aparece derepente el sol. Latín. Pero no era el suyo. Ella utilizaba otras palabras en suinterior; algunas se parecían, pero la mayoría no. Entendía ya muchos conceptosque se repetía a sí misma y pronunciaba después con un susurro ronco, que cadadía iba siendo más claro y menos doloroso en su garganta. No se atrevía ahablar. Ellos la creían aún muda y por ello no le hacían preguntas. Sidescubrían que poco a poco iba recuperando la voz le harían preguntas que nopodría contestar y no sólo porque no entendiera bien su lengua, sino porquetampoco tendría respuestas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando Hipia salió, la esclava esperó unratito hasta estar segura que no volvía a por algo que se le pudiera haberolvidado. Contó mentalmente hasta cien mientras seguía limpiando la mesa de losrestos de haber preparado la cena. Esperaban un invitado para cenar con eldueño y ya estaba casi todo listo. Cuando estuvo convencida de que la joven sehabía ido, dejó el trapo doblado en la mesa y salió a explorar la casa. Desdeque estaba allí no la había visto. Sólo conocía la cocina, la leñera y el patiotrasero en el que Hipia cultivaba algunos vegetales y legumbres. El resto de la&lt;i&gt;domus&lt;/i&gt; le estaba vedado. Jamás lahabían dejado sola y por ello esta era la mejor ocasión para inspeccionarla;quién sabe, quizá encontraba alguna cosa que le hiciera recordar o algunarespuesta a tantas y tantas preguntas que se arremolinaban en su interior. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Salió de la cocina y tras un cortopasillo se encontró en una sala rodeada de columnas abierta al cielo de lanoche con un hermoso arriate de flores y plantas en el centro. Era una especiede patio columnado, muy bonito. Hacía frío e iba descalza, por lo que aceleróel paso. El suelo era de baldosas y ladrillos que formaban una bonitacombinación en espiga. Por un pequeño acceso llegó a otra especie de patiointerior, el atrio, con una abertura cuadrangular en el techo y una pequeñafuente de agua en el centro. Salvo por algunas lucernas colocadas en lasparedes cada pocos pasos no había iluminación alguna. Le llamó la atención que nohubiera ventanas. Las paredes estaban pintadas en colores alegres: ocres,terracotas… con cenefas muy bonitas recorriéndolas y conformando cuadrículas.Por lo demás la decoración era muy austera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Rodeó el atrio llegando, por fin, a unpar de habitáculos que tenían los cortinajes abiertos; dedujo que debían serlos dormitorios dado que tenían adosada una cama en una de sus paredeslaterales. Casi era noche cerrada ya y la oscuridad prácticamente absoluta. Deuno de los cuartos emanaba un débil resplandor dorado, posiblemente de unalucerna. Decidió entrar. En el pecho sentía un latido loco, casi doloroso, perono se echó atrás. Necesitaba ver y entender por qué se sentía tan fuera delugar, tan ajena a ese ambiente en el que vivía desde que despertó. La estanciaera espaciosa y contenía muy pocos muebles; aparte de la cama, un gran arcón demadera y un sillón de brazos bajos, había una especie de cómoda de maderapegada a la pared del fondo sobre la que descansaba la lucerna y reposabanalgunos enseres de marfil y metal que, a esa luz tan pobre, no supo determinar.Pasó la mano por todos y cada uno de ellos y de repente reparó en uno. Erametálico, quizá de bronce, redondo y con un pequeño puño delicadamentetrabajado. Lo tomó, lo giró y el disco metálico lanzó un pequeño brillo. Unespejo. Con temblorosa mano lo acercó a su cara y observó su reflejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El estrepitoso latido de su pecho seextendió a su garganta amenazando con asfixiarla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El bruñido metal le devolvió su imagen.Unos ojos, una nariz, una boca grande de gruesos labios, una barbilla con unpequeño hoyo… su rostro. Se pasó la mano por el cabello y la posó después enlas costras que aún permanecían en su ceja, su mejilla y su barbilla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; «Aquel hombre dijo que soy fea y viejay…»&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Esclava, dónde demonios te has metido!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La voz del hombre enorme, al que llamabanUrso, la asustó y se volvió. Se le paró la respiración cuando, al girarse porel temor de que la pillaran donde no debía estar, se encontró a un hombre conun puñal en una mano dirigiéndose hacia ella; Urso entró hecho una fiera.Entonces se le cayó el espejo al suelo y sin poderlo evitar, muerta de miedo,se tapó la cara con los brazos esperando así poder frenar en parte los golpesque no tardarían en llegar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero no llegaron.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ambos hombres intercambiaron palabras queentendió a medias dado que estaba demasiado aterrorizada para concentrarse ensu significado. Lo que no se le escapó fue el tono conciliador del que sosteníael puñal. Bajó lentamente los brazos, levantó la cabeza y miró frente a sí.Efectivamente, el desconocido guardó el puñal en la funda que llevaba a sucintura y, sin apartar la mirada ni un momento de ella, sujetó a Urso por unbrazo. Hablaban de ella, la miraban. Se agachó a recoger el espejo que, para susorpresa no se había roto ni abollado, y lo limpió con la manga; sin embargo,antes de dejarlo en el mismo sitio y posición que lo había encontrado, se echóun último vistazo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; «Esta soy yo», pensó, satisfecha.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Entonces sí, Urso la tomó por un brazocon firmeza pero sin violencia y tiró de ella, que no opuso ningún tipo deresistencia caminando dócilmente a su lado. Estaba donde no debía, lacastigarían casi seguro, así que mejor no empeorar la situación. El extraño debíaser el dueño al que tantas veces nombraban y que llamaban Marco. La mujer leobservó con curiosidad mientras seguía conversando con Urso. Era un hombre muyalto y corpulento. Llevaba una vestimenta que no había visto hasta ese momento:una especie de pantalones que le llegaban hasta la mitad de las pantorrillas,algo parecido a una falda cuyo borde terminaba a la altura de las rodillas yuna camisa de anillas muy pequeñitas entrelazadas entre sí, metálicas. Sinpararse a pensar en lo poco oportuno de su gesto lo miró de pies a cabeza y sedetuvo en su rostro: de rasgos marcados, barbilla cuadrada, nariz recta, ojosde color indeterminado, dada la poca luz del dormitorio, pero oscuros,enmarcados por unas cejas negras, como su cabello, que llevaba muy corto. Lepareció un rostro muy atractivo. Presentaba varias cicatrices pequeñas en lamejilla y la frente, aunque sobre todas destacaba una que le cruzaba el labiosuperior de arriba a abajo, fina, antigua, que le daba un aire fiero que no secorrespondía en absoluto con la afabilidad que emanaba de su gesto. Y de susojos. Antes de desaparecer por la puerta siguiendo los pasos de Urso pudo vercómo el hombre contenía una sonrisa sin dejar de mirarla. Cuando él ya no podíaverla, ella también sonrió. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La sonrisa se borró repentinamente de suslabios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Mientras avanzaba por el pasillo se diocuenta de que se referían a ella con una palabra y no podía ser, debía ser unerror. Pero estaba claro que Urso le había llamado &lt;i&gt;serva.&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; «¿Esclava?»&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Ulpiose recostó en el &lt;i&gt;lectus&lt;/i&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn2" name="_ftnref2" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;con un vaso de vino en una mano y un pastelito de miel en la otra. Dio ungeneroso mordisco al dulce y cerró los ojos mientras masticaba con delectación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Desde luego –hablaba con la boca llena—,Hipia cocina como nadie –se rió—. Me la podrías regalar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco estaba tumbado boca arriba, con unbrazo tras la cabeza; la otra mano, que sujetaba su vaso, reposaba con perezasobre su abdomen y se movían arriba y abajo al ritmo de su respiración. Ulpioestaba un poco borracho. Acabó el dulce y se chupó los dedos; entonces seincorporó bruscamente derramando parte de su bebida en la tela del &lt;i&gt;lectus&lt;/i&gt;y en su toga. Frotó con torpeza con la mano y se limpió los dedos sucios en latapicería. Marco abrió un ojo y le observó con los párpados apenasentreabiertos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Claro que si me la regalas –continuóUlpio— dejaré a Urso que la visite con frecuencia –explotó en carcajadasderramando más vino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Ulpio, eres asqueroso –Galerio hablabaaún con los ojos cerrados—. Urso te va a arrancar la cabeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Y tú se lo permitirías.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Por supuesto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio volvió a reír. Se sirvió más vino ytomó otro dulce de la bandeja. Marco abrió los ojos y se incorporó. Tambiénestaba algo borracho, pero se le notaba mucho menos que a su amigo. Mientras leobservaba masticar se puso serio y tomó aire, aunque inmedia- tamente lo dejóescapar con un suspiro estridente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Me vas a decir de una vez lo quequieres decirme desde hace rato?— Ulpio sonreía aún, pero su gesto eracontenido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Marco Galerio apuró su vaso y lo dejó sobre lamesa que había entre los dos &lt;i&gt;lectus&lt;/i&gt;. Se cruzó de brazos y miró a suamigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Marcelo me ha mandado un mensaje.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio dejó de masticar y su semblante sepuso serio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —El gobernador va con parte de la XXVIIIa pasar el invierno a Corduba, pero él vuelve con la cohorte que le acompañó ala Citerior para quedarse aquí, en Hispalis.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio no dijo nada. Su gesto eraextremadamente grave y se podría decir que se le había pasado de un plumazo laborrachera. Miraba su vaso como si buscara algo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —El mensaje me lo envió desde lascercanías de Castulo y me llegó esta mañana –Marco no apartaba los ojos delrostro del otro-, por lo que con este tiempo llegará en cuatro, cinco jornadasa más tardar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio dejó el vaso en la mesa, se levantóy se pasó una mano por la mancha de vino que presentaba su toga a la altura desu regazo. Con esa luz parecía sangre. Dio unos cuantos pasos y se detuvo, deespaldas a su amigo y anfitrión, frente a un busto que descansaba dentro unahornacina excavada en una pared lateral de la sala. Representaba a una mujerjoven de bellos rasgos, el rizado cabello recogido en un alto tocado del quepartía un fino velo que cubría parte del incipiente busto. Era una esculturahermosa, sin lugar a dudas, y la modestia de su factura no impedía quepresidiera la estancia con la majestuosidad propia de una reina. Ulpio tocó consu dedo índice el contorno de la nariz de la imagen y se detuvo en sus labiosque dibujó con trazo lento y delicado. Acto seguido posó sus dedos en suspropios labios y los besó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco, incómodo, ignoró lo que hacíaUlpio y siguió hablando en la misma postura que estaba desde hacía rato.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Marcelo quiere que se le reciba con lastropas formadas y…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Sabes que Fabio Buteo está enterado delos rumores que señalan a Marcelo como el más que posible candidato a poner finde forma violenta a la vida del gobernador?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Su tono era neutro aunque sus palabrasexpresaban una tensa ironía. Seguía de espaldas a Marco, observando el busto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Lucio Naevio, conocedor de tu extremadoe inexplicable amor filial por un ser tan inefable como es nuestro queridocuestor –Galerio se puso bruscamente en pie tropezando con la mesa; Ulpio leignoró y siguió hablando—, ha tenido la feliz ocurrencia de enviar un mensajeal legado en el que informa con prolija prosa los datos que le hanproporcionado sus inmejorables espías…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio se giró y miró a Marco, cuyo rostroaparecía desencajado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —…pero como buen y fiel amigo tuyo quees, en ningún momento ha dejado entender que esta información te la proporcionóél en tu viaje a Gades –miró a Marco y dibujó una irónica sonrisa—, informaciónque, en caso de que efectivamente hubieras recibido en Gades de sus labios, túno diste en su día a tus superiores y sólo los dioses saben por qué.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco Galerio se dejó caer, sentado, ensu &lt;i&gt;lectus&lt;/i&gt; sin apartar los ojos de los de su amigo. Le dominaba la ira,no tanto hacia Ulpio como hacia sí mismo, consciente de que las palabras que leacaba de decir eran simple y llanamente verdad. Las manos le temblaban conviolencia, por lo que cruzó los brazos y las escondió en sus costados. Ulpio seacercó a su amigo y se sentó junto a él. Le palmeó un hombro con afecto y le pasóel brazo acercándolo a sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Mientras que estabas fuera en misión deexploración, llegó el mensajero. Yo estaba reunido con Fabio, con Atilio… yasabes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco asintió y con un brusco gesto sesoltó del brazo de su amigo. Ulpio siguió sentado a su lado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Marco, te ha costado mucho llegar adonde estás para que te la juegues por nadie y mucho menos por alguien comoMarcelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Marcelo me ha ayudado mucho y yo letengo un aprecio sincero –su tono era cortante, contenido—. No voy a ayudar aesos politicastros a que jueguen lanzándose sospechas a la cara y me utilicen amí como mensajero. No es esa mi misión. Yo sólo soy un soldado y no aspiro aotra cosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco sirvió vino en las dos copas y ledio la suya a Ulpio, que la tomó, aunque no bebió. Él se bebió en dos cortostragos el conte- nido de la suya y se puso en pie. Dio un par de pasos y sedetuvo junto a la hornacina, de frente a su amigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Si las sospechas de Naevio resultanciertas, seré el primero que haga lo posible por desenmascarar al traidor, perono tiene un nombre concreto y sólo se basa en rumores de viejas. Y eso queridoUlpio, no es serio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio se rió sin apartar la vista de suvino. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Desde luego tienes suerte de que LucioNaevio te tenga tanto aprecio. Por otro, lado me sorprende tu particularconcepto de lo que supone cumplir una misión y transmitir una información a tussuperiores.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Ni más ni menos que la que tienes tú.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ambos se miraron a los ojos y sonrieron.Por supuesto recor- daron al mismo tiempo la ocasión en que, diez años atrás, aUlpio se le encomendó la misión de localizar al primipilo de su legión, quehabía salido con una cohorte y no había llegado a su destino; por lo visto sehabía desviado junto con varios hombres para ver si localizaban &lt;i&gt;vicus&lt;/i&gt; yaldeas en las que hacerse con alimentos y grano para poder almacenar ante elincipiente invierno; la cohorte había vuelto al campamento sin ellos. Al díasiguiente regresaron los hombres, pero no el oficial; le habían perdido la pistaen zona de indígenas no amigos y se temía que le hubieran dado muerte. Ulpiosalió, entonces, con varios &lt;i&gt;auxilia&lt;/i&gt; a caballo. A los tres días localizóal primipilo en una aldea lejana, dentro de una cabaña, retozando con un jovenindígena de carnosos labios, sudoroso y feliz, ajeno a toda preocupación. Laversión oficial fue que le habían secuestrado para pedir rescate y que Ulpiodebió ingeniárselas para rescatarlo de las sangrientas manos enemigas. Porsupuesto, el primipilo le estuvo eternamente agradecido por su discreción,aunque fue una eternidad corta, dado que murió atravesado por un venablopompeyano a las puertas de Ategua&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn3" name="_ftnref3" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;,sólo tres años después.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Sí, Marco, supongo que cada uno sabecuándo debe guardar silencio. Sin embargo, respecto a Marcelo…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Guárdate tus opiniones en un buen lugar–su tono era seco, frío—. Sé perfectamente cual es tu opinión respecto aMarcelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En ese instante entró Hipia para recogerla bandeja de dulces medio vacía y sustituirla por otra llena. El ambiente eratenso y la joven lo notó al momento. Retiró la jarra de vino y puso otra en lamesa. Sólo tardó un instante y se fue tan silenciosa como llegó. Ulpio sesirvió vino nuevamente. Bebió un pequeño sorbo y miró a Marco que se habíagirado y observaba en silencio el busto de la joven en la hornacina. Decidiócambiar diametralmente de tema. Ambos habían cenado en un agradable ambiente deamistad y cercanía casi fraternal. Años atrás eso era algo habitual; se habíancriado juntos y desde siempre habían sido mucho más que amigos, mucho más ytodo se estropeó tan rápido… No, esos días ya lejanos nunca volverían, pero esanoche Ulpio tenía la sensación de que las heridas podrían estar definitivamentecicatrizadas y que, si uno no se fijaba mucho en ellas, apenas se verían. Lecostaba asumir el aprecio que Marco sentía por el cuestor Marcelo, sin embargodebía respe- tarlo, se dijo, aunque le costara la vida. Le era mucho másvaliosa la amistad que un día estuvo a punto de perder para siempre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Mejor cambiar de tema. Sonrió. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Vas a liberar a la mujer que trajistede Gades?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco se volvió lentamente y se acercó ala mesa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Por qué iba a hacer algo semejante? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Urso me contó que sospechabas que setrataba de una mujer libre que había sido robada por ese comerciante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Las sospechas no fueron mías, sólo losospechaba él. Pero tal como se comportaba aquél individuo, me di cuenta deque, efecti- vamente, había algo sucio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio hizo un gesto interrogante con loshombros y las manos que Marco interpretó como «¿y por qué la compraste,entonces?»&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —La compré porque me daba pena, porqueese hombre la tenía en una jaula como un perro sarnoso y porque moriría enbreve si la dejaba en ese estado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Pero la mujer se ha recuperado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Sí, esta misma tarde la he encontradocurioseando en mi habitación y me he quedado sorprendido de tan enorme mejoríaen tan poco espacio de tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Galerio se acercó al &lt;i&gt;lectus&lt;/i&gt; vacíoy con un enorme suspiro se dejó caer, tumbándose boca arriba con un brazo trasla cabeza y el otro en su pecho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Habla ya?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —No &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Qué vas a hacer con ella?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¿Es que debo hacer algo? –Se giró y sepuso de lado, de cara a Ulpio-. Esperaré que se recupere y hable, si llega ahacerlo algún día, y si me demuestra que es una mujer libre pues la liberaré.Mientras tanto, que ayude a Hipia que últimamente está muy seria y agobiada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ulpio rió a carcajadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Hipia está agobiada estos días porqueestá celosa de la nueva.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marco levantó las cejas en un espontáneogesto de sorpresa. Ulpio continuó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Sí, está celosa porque no entiende elmotivo por el cual Urso te pidió que la compraras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —¡Por Júpiter, esa mujer es la últimacosa en este mundo que debería preocupar a Hipia! La esclava era un despojocuando la sacamos de Gades. Se ha recuperado mucho en estos días, pero no creoque por mucho más que se reponga llegue a ser capaz de atraer a nadie y, menosaún, de hacer sombra a Hipia. Es poco más que un bicho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ambos rieron. Entre carcajadas sesirvieron más vino y bebieron. Ninguno de los dos se dio cuenta de queescondida tras las cortinas, la nueva esclava escuchaba y lloraba en silencio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Transcurrierondos días. La esclava había comenzado a ayudar a Hipia en tareas sencillas y suayuda le permitía a esta última estar menos atareada con sus obligacionesdomésticas, disponiendo de más tiempo para poder dedicarse al trabajo que másle gustaba: laborear en su huerto. En el patio trasero, al lado del horno paracocer el pan, disponía de un pequeño terreno de unos cuarenta y cinco codos delargo por unos veintiocho codos de ancho&lt;a href="file:///C:/Users/Lola/Desktop/textos/SANATIO-definitivo.doc#_ftn4" name="_ftnref4" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Garamond, serif;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;donde cultivaba zanahorias, cebollas, acelgas, lechugas, pepinos, calaba-cines, lentejas y garbanzos, según la temporada. Más allá, se extendía unpequeño trozo de tierra sin laboreo en el que había varios árboles frutales:manzanos, higueras y perales y, unos pies más allá, la muralla que delimitabael patio trasero dentro de una propiedad más amplia. Al haber sido un terrenodeducido inicialmente en las afueras de la ciudad se incluía un generosoterreno muy cercano a un arroyo que les abastecía de agua corriente y lesproporcionaba un estupendo rincón donde poder realizar la colada. Varias ovejasy cabras, propiedad de la casa, ramoneaban en los pastos pegados al muro y unacasita de pastor se ubicaba al límite de la linde de la propiedad. Era unterreno magnífico, casi como una villa pequeña.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hipia había comprobado que la nuevaesclava se apañaba muy bien con las tareas manuales y le confiaba todas las quepodía, ocupándose ella de organizar y de supervisar, aunque la comida de lajornada seguía siendo su única responsabilidad. Con el paso de los días,entendió con satisfacción, que Urso no sentía ningún tipo de atracción por lanueva, que cuando la vio se había sentido dominado por una enorme pena,recordándole a él mismo cuando llegó de tierras egipcias, encadenado congruesas cadenas en manos, pies y cuello, enfermo y asustado. «Te podría decirque esta mujer me gritó pidiéndome ayuda, que la escuché dentro de mi cabeza–le explicó Urso—, pero sé que eso es una estupidez». La habían robado de algúnlugar, tal como hicieron con él mismo, y recurrió al amo para que pusiera en sulugar al comerciante. Sí, Hipia había comprendido que su amado sólo habíaintentado ayudar a alguien menos afortunado que él y que su pasión por ella nose había resentido lo más mínimo. Hipia sonrió al recordar la noche pasadaentre sus poderosos y cálidos brazos, cómo los labios de Urso la habíanrecorrido y la habían besado en esos sitios que a ella tanto le gustaban. Seestremeció de placer y sintió cómo su loco corazón le cortaba la respiración yle latía entre las piernas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Suspiró intentando centrarse en su labor;le quedaban aún muchas cosas por hacer, debía dejar preparada la tierra,liberarla de las malas hierbas, retirar las viejas raíces y mezclarla con bostade vaca antes de plantar. Miró al cielo; el sol estaba alto y radiante, aunqueal oeste aparecían gruesas nubes que amenazaban lluvia, por lo que debía darseprisa si no quería que el agua impidiera su labor. Arrodillada en el suelo,cogió una pequeña hoz y comenzó a cortar los viejos hierbajos. Una raíz enormese enganchó en el extremo del instrumento. Hipia tiró, pero la afilada punta noconseguía cortarla. Debía ser muy gruesa. Era necesario cortarla y tirar deella para arrancarla y dejar la tierra limpia. Apoyó la mano libre en el suelo,dejó caer todo su peso sobre el brazo que sostenía la hoz hundiéndola más en latierra y después tiró con ambas manos del mango del instrumento, utilizandonuevamente el peso de su cuerpo como contrapeso. La hoz consiguió, por fin,cortar la raíz pero salió disparada, su filo cortó la lana de su túnica y seclavó en su muslo izquierdo, en su parte lateral externa. Hipia vio lo quehabía pasado antes de sentir ningún dolor. Reaccionó soltando el instrumentocuyo curvado filo quedó enterrado en su carne. Se llevó las manos a la cara ygritó. Gritó con todas sus fuerzas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Laesclava estaba amasando varias piezas de pan en la cocina. Había dejado seispiezas de masa redondeada reposando bajo un paño de lino húmedo. El hornoestaba tomando temperatura y en poco tiempo empezaría a introducirlas paracocer la masa. Le encantaba realizar este tipo de tareas simples mientras ensusurros repetía las palabras que conocía en latín, construyendo frasessencillas; en la casa aún no la habían escuchado, pero su voz cada día eramenos ronca. Sí, poco a poco fue comprendiendo que no le era una lengua deltodo ajena que, de alguna manera, la conocía y tenía la sensación de que quizáhabía llegado a hablarla con anterioridad. A su mente afloraban cosassuperficiales, imágenes fugaces, rostros, sin embar- go, por mucho que seesforzaba no llegaba a recordar su nombre y sin nombre no era nadie. La nocheque había entendido que «esclava» era el término con el que se referían a ellay lo que eso suponía en su situación, recordó la quemadura que tenía en elbrazo; ahora ya sabía lo que esos signos grabados en su piel suponían: lahabían marcado; esa noche se durmió arrancándose las costrillas de laquemadura, que ya le picaban en la piel. Por la razón que fuera, había llegadoa esta lamentable situación, aunque ella estaba convencida de que era unapersona libre, que aunque su pasado aún era un borrón oscuro en su cabeza, ellaera una mujer libre. Mientras llegaba el día en que pudiera recuperar su vida,asumía que no tenía nombre y se resignaba a responder, a obedecer, cuandoalguno de los de la casa la llamaba &lt;i&gt;serva.&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justi
